Anatomía de una leyenda criminal: el ascenso, auge y decadencia médica de Al Capone en la era de la Prohibición
Alphonse Capone construyó un imperio criminal multimillonario en Chicago basado en el contrabando de alcohol durante la Prohibición tras iniciar su trayectoria en las pandillas de Nueva York

El 25 de enero de 1947, el fallecimiento de Alphonse Gabriel Capone en su residencia de Palm Island, Florida, a los 48 años de edad, puso fin a la vida del hombre que personificó el crimen organizado en Estados Unidos durante la turbulenta década de 1920.
Nacido en Brooklyn, Nueva York, el 17 de enero de 1899 en el seno de una familia de inmigrantes italianos respetuosos de la ley, Capone transformó las estructuras del hampa en Chicago mediante un conglomerado multimillonario impulsado por el contrabando de alcohol, las apuestas clandestinas y la extorsión.
Sin embargo, detrás de la figura mediática que cautivó a la opinión pública estadounidense, la trayectoria del célebre gánster estuvo marcada por contradicciones institucionales, una elaborada estrategia de imagen pública y una severa degradación neurológica provocada por complicaciones médicas no tratadas.
La incursión de Capone en el ámbito delictivo se gestó tras su expulsión a los 14 años de una escuela católica neoyorquina debido a un altercado físico con una profesora.
Tras laborar brevemente en empleos formales, se integró a pandillas juveniles del bajo Manhattan como la Five Points Gang, donde captó la atención del mafioso Johnny Torrio.
Torrio se convirtió en su mentor fundamental, instruyéndolo no solo en el uso de la violencia táctica, sino también en el manejo de relaciones públicas y diplomacia entre facciones rivales.
En este periodo inicial en Nueva York, Capone trabajó como portero y matón en el club Harvard Inn de Coney Island, donde tras insultar a una mujer fue atacado por el hermano de esta, Frank Galluccio, quien le provocó tres cortes profundos en la mejilla izquierda.
Estas cicatrices le valieron el apodo mediático de Scarface (Caracortada), un sobrenombre que el propio Capone aborrecía profundamente, prefiriendo entre sus allegados el apodo de Snorky, un término de la época que hacía referencia a su vestimenta elegante y refinada.

En 1919, Torrio trasladó a Capone a Chicago para consolidar operaciones bajo la protección de James “Big Jim” Colosimo.
Tras el asesinato de Colosimo y el retiro de Torrio en 1925 tras sobrevivir a un atentado, Capone asumió el mando absoluto de la organización conocida como el Chicago Outfit a la edad de 26 años.
Bajo su liderazgo, el grupo criminal alcanzó ingresos anuales estimados en más de cien millones de dólares de la época, equivalentes a más de mil trescientos millones de dólares en valores contemporáneos.
Para sostener esta infraestructura, Capone destinó sumas cuantiosas a sobornar a cientos de efectivos policiales, jueces, fiscales y funcionarios políticos locales, asegurando impunidad operativa y el control casi absoluto de la red de distribución ilícita de alcohol durante la vigencia de la Decimonovena Enmienda.
A la par de su despliegue delictivo, Capone gestionó de manera calculadora su percepción pública.
Durante el inicio de la Gran Depresión en noviembre de 1930, financió la apertura de uno de los primeros comedores benéficos en Chicago, ubicado en el número 935 de South State Street.
El establecimiento ofreció diariamente tres comidas gratuitas —consistentes principalmente en sopa, pan y café— a más de dos mil doscientos desempleados y necesitados, sin requerir identificaciones ni trámites administrativos.
Esta estrategia filantrópica proyectó la imagen de un Robin Hood moderno entre amplios sectores de la clase trabajadora de Illinois, desviando momentáneamente la atención pública de las sangrientas disputas territoriales que libraba en el ámbito suburbano.
No obstante, el violento conflicto por el monopolio del tráfico de alcohol erosionó definitivamente la tolerancia de las autoridades federales.
El punto de inflexión ocurrió la mañana del 14 de febrero de 1929 con la denominada Matanza de San Valentín, donde hombres armados disfrazados de policías ametrallaron a siete integrantes de la banda rival North Side Gang, liderada por George “Bugs” Moran, en un garaje de Lincoln Park.
Aunque Capone se encontraba en su residencia de Florida durante el ataque y nunca se hallaron pruebas judiciales directas que lo vincularan como autor intelectual, el hecho desató una ola de indignación nacional que llevó al periódico Chicago Daily News y a las autoridades federales a catalogarlo oficialmente como el “Enemigo Público Número Uno”.
Ante la imposibilidad de procesarlo por homicidio u otros delitos violentos debido al amedrentamiento de testigos y la red de corrupción, el gobierno federal encabezado por el presidente Herbert Hoover desplegó una doble estrategia legal.
Por un lado, el agente del Departamento del Tesoro Eliot Ness lideró un equipo de investigación enfocado en desmantelar las destilerías clandestinas; por otro lado, una unidad especial de la División de Investigación Criminal del Servicio de Impuestos Internos (IRS), encabezada por Frank J.Wilson, analizó exhaustivamente la contabilidad del imperio de Capone.
La obtención de registros financieros clave y el testimonio del abogado e informante encubierto Edward J.O’Hare permitieron sustentar acusaciones por delitos fiscales.
En octubre de 1931, Capone fue juzgado y hallado culpable de evasión de impuestos sobre la renta, siendo sentenciado a once años de prisión federal, la pena más severa dictada por este delito hasta ese momento.

Ingresado inicialmente en la penitenciaría de Atlanta en 1932, Capone continuó ejerciendo cierta influencia sobre sus negocios mediante privilegios carcelarios.
Para erradicar este control, las autoridades lo trasladaron en agosto de 1934 a la recién inaugurada prisión de máxima seguridad de Alcatraz, en la bahía de San Francisco.
En Alcatraz, privado de sus contactos e influencias, su salud física y mental sufrió un deterioro acelerado.
Un contagio de sífilis no tratado, contraído en su juventud durante su etapa en los burdeles de Nueva York, avanzó hacia la fase de neurosífilis.
El diagnóstico médico reveló una progresiva atrofia cerebral que afectó severamente sus facultades cognitivas.
Durante su reclusión en la isla, Capone sufrió ataques de paranoia, desorientación espacial y fue víctima de un atentado en 1936 por parte de otro recluso, James Lucas, quien lo hirió de forma superficial en la espalda con unas tijeras.
Debido al severo deterioro de su sistema nervioso, Capone fue trasladado a una institución penal de cuidados médicos en California antes de ser puesto en libertad condicional en noviembre de 1939, tras cumplir siete años y medio de condena.
Los exámenes médicos realizados por especialistas del Hospital Johns Hopkins determinaron que la capacidad mental del otrora líder criminal se había reducido a la de un niño de catorce años.
Pasó sus últimos años recluido en su mansión de Palm Island, bajo los cuidados continuos de su esposa Mae Coughlin y de su único hijo, Albert Francis “Sonny” Capone.
Su fallecimiento a principios de 1947, como consecuencia de un paro cardíaco derivado de un cuadro de neumonía y apoplejía, cerró el capítulo decisivo del hampa estadounidense de la época del Prohibicionismo.