Las manifestaciones del 8 de marzo en Madrid volvieron a celebrarse divididas en dos marchas separadas que reflejan discrepancias dentro del movimiento feminista

El movimiento feminista volvió a tomar las calles de Madrid este 8 de marzo con motivo del Día Internacional de la Mujer, aunque la jornada estuvo marcada por la división interna y por una participación menor a la registrada en algunos años anteriores.
Por quinto año consecutivo, la capital española acogió dos manifestaciones separadas convocadas por distintos sectores del feminismo, una situación que refleja las discrepancias existentes dentro del propio movimiento.
La marcha más numerosa fue la convocada por la Comisión 8M, que recorrió el centro de la ciudad con miles de participantes portando pancartas y coreando consignas en favor de la igualdad entre mujeres y hombres.
La organización estimó la asistencia en alrededor de 160.000 personas, mientras que la Delegación del Gobierno en Madrid rebajó la cifra a unas 24.000.
La diferencia entre ambas estimaciones volvió a poner sobre la mesa el debate habitual sobre la medición de la participación en este tipo de movilizaciones.
“Hoy volvemos a llenar las calles para recordar que la lucha por la igualdad sigue siendo necesaria”, afirmaron portavoces de la organización durante el recorrido de la manifestación, que reunió a colectivos feministas, asociaciones sociales y ciudadanos que acudieron de manera individual.

A varios kilómetros de distancia se celebró la segunda marcha del día, organizada por el Movimiento Feminista de Madrid.
Según la Delegación del Gobierno, esta movilización reunió a unas 11.000 personas.
En esta convocatoria participaron colectivos que mantienen posiciones críticas con algunas de las leyes impulsadas en los últimos años en materia de igualdad y derechos de las personas trans.
La existencia de dos manifestaciones paralelas se ha convertido ya en una constante desde hace cinco años y refleja las diferencias de criterio entre distintos sectores del feminismo español.
Entre los temas que han generado mayor controversia destacan el debate sobre la regulación de la prostitución y las posiciones enfrentadas respecto a la legislación relacionada con la identidad de género.
Durante la jornada no faltaron momentos de confusión entre algunos asistentes, especialmente entre quienes se acercaban por primera vez a participar en las movilizaciones.
En algunos puntos del centro de Madrid, varias personas preguntaban a los organizadores cuál era la convocatoria a la que debían unirse.
“Queríamos venir a apoyar el 8 de marzo, pero no sabíamos que había dos marchas distintas”, comentó una participante mientras buscaba el recorrido de una de las manifestaciones.
Además de las reivindicaciones feministas, la jornada estuvo marcada por una notable presencia de símbolos y consignas de carácter político.
Entre las pancartas y banderas podían verse emblemas republicanos, así como enseñas vinculadas a distintas causas internacionales.
También estuvieron presentes representantes de partidos políticos, sindicatos y miembros del Gobierno.
Ministros y dirigentes de formaciones de izquierda participaron en la manifestación de la Comisión 8M, donde se escucharon discursos con referencias tanto a políticas de igualdad como a debates políticos más amplios.
Algunos dirigentes aprovecharon la ocasión para criticar a la oposición conservadora.
“Frente a quienes quieren retroceder en derechos, hoy demostramos que la igualdad sigue siendo una causa que moviliza a miles de personas”, expresó uno de los participantes desde la cabecera de la marcha.
La presencia de cargos públicos generó también reacciones diversas entre los asistentes.
Para algunos colectivos, la participación institucional refuerza la visibilidad de las reivindicaciones; para otros, contribuye a politizar en exceso una jornada que tradicionalmente busca representar a un movimiento social amplio.

En los últimos años, el 8 de marzo se ha consolidado como una de las fechas más significativas del calendario reivindicativo en España.
Las grandes movilizaciones celebradas antes de la pandemia llegaron a congregar a cientos de miles de personas en distintas ciudades del país, con imágenes de calles completamente llenas en lugares como Madrid, Barcelona o Sevilla.
La jornada de este año dejó, en cualquier caso, una fotografía compleja del movimiento feminista en la capital española: dos marchas distintas, discursos con matices diferentes y una participación que, según las cifras oficiales, se situó por debajo de algunas convocatorias anteriores.
A pesar de las discrepancias, las consignas en favor de la igualdad, contra la violencia de género y por los derechos de las mujeres siguieron siendo el eje central de ambas movilizaciones.
Durante horas, las calles del centro de Madrid se llenaron de pancartas, cánticos y reivindicaciones que recordaron el significado histórico del 8 de marzo.
“Seguiremos saliendo a la calle mientras haya desigualdad”, se escuchó corear a un grupo de manifestantes al final de uno de los recorridos, mientras la multitud comenzaba a dispersarse tras una jornada intensa de movilización social.
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