"La tristeza durará para siempre": la agonía de Vincent van Gogh y el legado inmortal que nunca llegó a ver - News

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“La tristeza durará para siempre”: la agonía de Vincent van Gogh y el legado inmortal que nunca llegó a ver

El pintor neerlandés falleció a los 37 años tras dos días de agonía por una herida de bala en el pecho. Murió en la penuria, sosteniendo la mano de su hermano Theo, sin sospechar que su obra se convertiría en una de las más valiosas de la historia del arte mundial

 

Autorretrato de 1887 pintado por Vincent van Gogh (REUTERS)

 

El 27 de julio de 1890, entre la dorada inmensidad de los campos de trigo de Auvers-sur-Oise, un pequeño pueblo a unos treinta kilómetros al norte de París, resonó un disparo de escaso calibre.

Un revólver Lefaucheux de 7 milímetros, accionado por la mano febril de Vincent van Gogh, descargó un proyectil hacia su propio pecho.

Sin embargo, la bala no atravesó el corazón ni le provocó una muerte inmediata: quedó alojada en el abdomen, tras rebotar en una costilla.

Malherido y tambaleante, el artista neerlandés recogió su lienzo y sus pinceles para emprender el regreso a pie hacia la posada Ravoux, donde alquilaba la modesta habitación número cinco por tres francos al día.

Al anochecer, el dueño del establecimiento, Arthur Gustave Ravoux, descubrió al pintor sangrando sobre su jergón.

Ante la gravedad del cuadro, el joven artista Anton Hirschig, también huésped de la posada, fue a buscar auxilio médico.

Acudieron el doctor Mazery y el doctor Paul Gachet, médico personal, amigo de Van Gogh y apasionado del arte.

Tras examinar la herida, concluyeron que extraer el proyectil en aquellas condiciones rurales era inviable y sumamente peligroso.

Limitaron sus cuidados a limpiar la lesión y colocar vendajes, mientras la infección avanzaba de manera inexorable.

 

La tristeza durará para siempre”: el disparo en el trigo y los dos días de  agonía de Vincent van Gogh junto a su hermano - Infobae

 

A la mañana siguiente, el doctor Gachet envió un telegrama urgente a París para avisar a Theo van Gogh, hermano menor de Vincent, su marchante de arte y sostén financiero y emocional insustituible.

Theo tomó el primer tren hacia Auvers y encontró a Vincent consciente, recostado y fumando tranquilamente en su pipa.

Durante casi treinta horas, los hermanos compartieron un denso silencio e intimistas conversaciones sobre el sufrimiento psíquico que desgastaba al pintor.

En las primeras horas del 29 de julio de 1890, a los 37 años de edad, Vincent pronunció en francés sus últimas palabras —”La tristeza durará para siempre”— y expiró en brazos de su hermano.

Nacido el 30 de marzo de 1853 en Zundert, Países Bajos, Van Gogh había arrastrado una vida de reveses.

Tras fracasar sucesivamente como comerciante de arte, maestro de escuela y predicador laico entre los mineros del Borinage belga, abrazó la pintura a los 27 años.

Su periplo artístico duró apenas una década, pero alcanzó una intensidad febril: produjo cerca de 900 pinturas y más de 1.

600 dibujos.

Sus inicios en los Países Bajos, caracterizados por tonos oscuros y sombríos centrados en el duro trabajo campesino —cuya máxima expresión fue Los comedores de patatas (1885)—, dieron paso a una eclosión de color tras su llegada a París en 1886, donde entró en contacto con el impresionismo y las estampas japonesas.

Posteriormente, su traslado al sur de Francia, a la luz cegadora de Arlés, desató la etapa más prolífica y célebre de su carrera.

Allí nacieron las pinceladas empastadas, los colores puros e hiperexpresivos que sentaron las bases del expresionismo y el fauvismo.

Sin embargo, la inestabilidad mental amenazaba constantemente su equilibrio.

En diciembre de 1888, tras una violenta disputa con Paul Gauguin, Vincent se cortó parte del lóbulo de la oreja izquierda, episodio que derivó en su ingreso voluntario en el asilo de Saint-Paul-de-Mausole en Saint-Rémy-de-Provence.

Entre crisis nerviosas y periodos de lucidez creativa, pintó allí obras maestras como La noche estrellada (1889).

 

La tristeza durará para siempre”: el disparo en el trigo y los dos días de  agonía de Vincent van Gogh junto a su hermano - Infobae

 

A pesar de su genio, el mercado del arte de la época le dio la espalda de forma categórica.

Considerado por las galerías como un creador tosco e incapaz de adecuarse a la académica técnica tradicional, Van Gogh dependió siempre de la asignación mensual que le enviaba Theo.

En toda su vida solo vendió una pintura de manera oficial: La viña roja, adquirida por 400 francos belgas en una exposición en Bruselas en 1890 por la artista impresionista Anna Boch.

El impacto emocional por el fallecimiento de Vincent destruyó la maltrecha salud de Theo, quien afectado por una severa sífilis y una profunda depresión, murió apenas seis meses después, en enero de 1891, en Utrecht.

La labor de preservar y difundir el legado del pintor recayó en Jo van Gogh-Bonger, viuda de Theo, quien organizó las cartas familiares, gestionó exposiciones y promovió la venta estratégica de cuadros a coleccionistas y museos a comienzos del siglo XX.

Su empeño posibilitó las grandes retrospectivas de París, Ámsterdam y Berlín que consagraron a Van Gogh como uno de los pilares fundamentales del arte moderno.

En la actualidad, las obras que no lograron costear la subsistencia del artista alcanzan cotizaciones astronómicas en las casas de subastas más prestigiosas del mundo, superando decenas de millones de euros.

Sus restos mortales descansan junto a los de su hermano Theo bajo una tupida alfombra de hiedra en el cementerio de Auvers-sur-Oise, mientras la pequeña habitación número cinco de la posada Ravoux permanece preservada como espacio histórico, atrayendo a miles de visitantes que rinden homenaje al genio que convirtió su tormento en luz inmortal.

 

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