¡Retire esto de su cocina inmediatamente! – Causa Cáncer

¿Sabías que en este preciso momento en tu propia cocina hay cinco sustancias tóxicas que la Organización Mundial de la Salud ya clasifica como cancerígenas o probables cancerígenas y que la mayoría de nosotros usamos todos los días sin tener idea? Y lo que más me duele y frustra como médico es que la industria lleva décadas vendiéndonos como seguras de usar. Esto no es una teoría loca.
Yo mismo me sorprendí cuando lo investigué en profundidad, porque mientras creemos que el cáncer es solo genética, mala suerte o algo que simplemente te toca, no nos damos cuenta que una parte importante del peligro está en nuestra propia casa, en productos cotidianos de uso diario, el sartén donde freímos el desayuno, esa cuchara o espátula de plástico reciclado negro que usamos para revolver la comida, el recipiente donde calentamos y guardamos las obras o incluso en el agua que tomamos.
La buena noticia es que no es inevitable.
Soy el Dr.Veller y hoy te mostraré exactamente cuáles son esas cinco bombas cancerígenas que tenés en tu cocina y lo que dice la ciencia actual sobre ellas.
Pero también te daré consejos prácticos para evitar exponerte a estos tóxicos y bajar el riesgo de cáncer.
Y al final, lo mejor de todo, te mostraré el protocolo práctico de 7 días para eliminar esos tóxicos de tu casa de forma simple, accesible y realista. Empecemos.
Y la pregunta que todos nos hacemos es, ¿por qué se siguen vendiendo estos productos y por qué casi nadie nos advierte del riesgo? La respuesta es sencilla.
Son legales y están aprobados por las autoridades sanitarias, pero eso no significa que sean inocuos.
En el uso cotidiano y acumulándose con el tiempo.
Además, hay otra gran verdad incómoda.
Estos utensilios forman parte de industrias gigantes que mueven miles de millones.
Es mucho más fácil y rentable que nos vendan un sartén antiadherente para toda la vida o esos utensilios negros de cocina que parecen modernos e inofensivos a que nos hablen de los graves riesgos para la salud a largo plazo.
Por eso te pido que escuches esto con atención.
En los próximos minutos vas a descubrir riesgos que quizás solo sean tomados en serio dentro de muchos años.
Empecemos con la bomba cancerígena número uno.
Los plásticos que están en contacto directo con los alimentos.
Me refiero a los envases reutilizables, las botellas plásticas para tomar agua, el papel film para envolver o congelar alimentos, los recipientes donde guardamos las obras.
Y ojo acá también ciertos utensilios de cocina hecho con plástico negro reciclado como cucharas, espátulas o cucharones.
Fíjate, en los plásticos comunes, las sustancias más problemáticas suelen ser el BPA, los ftalatos y el PVC, pero atención, los utensilios negros pueden esconder otro peligro aún mayor.
¿Qué dice la ciencia? Estos compuestos actúan en nuestro cuerpo como disruptores endócrinos potentes, es decir, alteran las hormonas y varios de ellos son probables carcinógenos.
La OMS y diversas agencias reguladoras han bajado drásticamente los límites permitidos de estas sustancias en los últimos años, porque se ha demostrado que migran a la comida y al agua, especialmente cuando el plástico se calienta, se raya o con el propio desgaste cuando se usa muchas veces.
El problema es que cuando las agencias reguladoras finalmente bajan los límites o toman medidas, muchas veces el daño ya se ha producido en millones de personas durante años.
Es similar a lo que ocurrió históricamente con el cigarrillo, el plomo en las pinturas o el asbesto en el talco que se usaron durante años como seguros hasta que la evidencia acumulada fue irrefutable y el daño ya estaba hecho.
Ahora, ¿será que es tan riesgoso realmente usar estos plásticos en la vida diaria? Claro que sí.
Cada vez que guardás comida caliente, ponés una tapa de plástico sobre un plato que va al microondas o usas una botella que ya tiene rayones, esas sustancias se desprenden y pasan a tu comida.
Imagínate esto ocurriendo todos los días, acumulándose en tus tejidos.
Con el tiempo no solo te inflaman, sino que alteran el equilibrio hormonal, el metabolismo y según múltiples estudios actuales aumentan el riesgo de cánceres que son sensibles a cambios hormonales como mama, próstata y tiroides.
Y atención, como médico no puedo dejar de hacer una alerta especial sobre algo que casi nadie sospecha aún.
El plástico negro reciclado utilizado para hacer espátulas, cucharas, cucharones y otros materiales.
Durante años se creyó que eran iguales a cualquier otro utensilio de cocina, pero estudios recientes encontraron que muchos de estos productos tenían altos niveles de bromo y el 85% contenía retardantes de llama altamente tóxicos, algunos en concentraciones hasta 100 veces por encima del límite permitido en Europa.
Estos químicos vienen muchas veces del reciclaje de carcasas de televisores, computadores y aparatos electrónicos viejos.
El más conocido es el DKBDE, un retardante de llama que ya está prohibido o muy restringido en varios países porque se relaciona con alteraciones hormonales, problemas de tiroides, fertilidad y mayor riesgo de ciertos cánceres.
Entonces, cuando usas estas espátulas sobre el fuego o con comida caliente, parte de estos compuestos pueden migrar a los alimentos y como son químicos persistentes, se van acumulando en el cuerpo con el paso de los años con efectos potencialmente catastróficos en tu salud.
La buena noticia es que reemplazarlos es muy sencillo.
Las mejores alternativas para almacenar o calentar alimentos son vidrio, por ejemplo, frascos y botellas, acero inoxidable para tomar o guardar líquidos, silicona alimentaria de alta calidad si querés congelar un alimento, o envoltorios de cera de abeja llamados paños de cera para reemplazar el film plástico.
Y si tenés cucharas o espátulas de plástico negro, el momento de cambiarlas es ahora.
Reemplázalas por acero inoxidable, madera, bambú o silicona alimentaria de buena calidad certificada.
Muy bien, veamos ahora la bomba cancerígena número dos: sartenes y ollas antiadherentes, los famosos de teflón, por ejemplo.
La sustancia problemática en estos productos se llama PFAS o más específicamente PFOA.
Es así como pueden aparecer en las etiquetas.
Estas sustancias también son conocidas como químicos eternos porque no se degradan ni en el medio ambiente ni en tu cuerpo.
¿Qué dice la ciencia? La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS clasifica el PFOA como carcinógeno para humanos grupo uno.
Es decir, hay evidencia suficiente de que puede causar cáncer en personas.
Y acá me quiero detener para hacer una alerta.
Esto no es exageración, es la clasificación oficial más alta que otorga la OMS con respecto al riesgo de cáncer.
Hoy sabemos que la exposición a esas partículas que liberan muchas de las sartenes antiadherentes más comunes pueden generar lo que llamamos alteraciones epigenéticas e inmunosupresión.
Es decir, causan daño a nivel genético, bajan nuestras defensas contra el cáncer.
De hecho, estos productos se relacionan con tumores malignos de testículo y riñón.
Ahora, ¿cuál es el mayor peligro en la vida diaria? Cada vez que calentas el sartén por encima de los 260º, algo que ocurre muy fácilmente cuando freís un huevo o sellás una carne, estas sustancias se liberan al aire y se impregnan en los alimentos, en especial si el sartén ya está rallado o desgastado.
Y como son químicos eternos, se van acumulando en tu sangre y en tus órganos con el paso de los años.
La buena noticia es que podés reemplazar estos productos hoy mismo sin gastar una fortuna.
Busca sartenes que digan libre de PFAS o PFAS free o lo que en mi opinión es mejor aún.
Evita directamente las sartenes antiadherentes y cociná en ollas de hierro fundido o acero inoxidable de buena calidad o cerámica sin recubrimiento antiadherente.
Muy bien, ahora pasemos a un material que muchos usan todos los días para cocinar, envolver o guardar comida caliente sin imaginar el grave daño que puede provocar las ollas y el papel de aluminio.
Cada vez hay menos dudas sobre esto.
Usar aluminio es riesgoso, con el tiempo se acumula en el cuerpo y hay estudios que lo relacionan con más riesgo de enfermedades neurológicas como el Alzheimer y también con inflamación crónica que a largo plazo favorece el crecimiento del cáncer.
Fíjate, el problema con este material ocurre justamente con el uso diario, porque el aluminio se desprende y pasa a los alimentos.
Sobre todo cuando cocinás o guardás cosas ácidas como tomate, limón, vinagre o muy calientes.
Como médico, no te recomiendo que tengas productos con aluminio para cocinar o almacenar alimentos.
Las mejores opciones para reemplazarlos son papel siliconado para horno hecho con silicona alimenticia de alta calidad, bandejas o recipientes de acero inoxidable o de vidrio, ollas de hierro, que son mis preferidas, o simplemente cocinar sin cubrir con aluminio.
Muchas veces no hace falta.
Estos cambios no eliminan todo, pero sí bajan bastante la cantidad de tóxicos que entran a tu cuerpo día tras día.
Muy bien, pasemos a la bomba cancerígena número cuatro, los detergentes que usamos para lavar los platos y los productos para lavavajillas automático.
Estos productos parecen inofensivos, pero muchos tienen una sustancia problemática llamada 1,4-dioxano y también liberadores de formaldehído, que son contaminantes que quedan de la fabricación del detergente.
¿Qué dice la ciencia? La Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer de la OMS lo clasifica como probable carcinógeno, ya que con el uso repetido puede aumentar el riesgo.
Mira, te voy a contar un truco práctico para que sepas si tu detergente tiene estos contaminantes, porque no vas a haber escrito en letras grandes la palabra dioxano en las etiquetas.
La industria no lo agrega de esta forma.
Lo que tenés que hacer es buscar en la lista de ingredientes cualquier cosa que termine en la uret, por ejemplo, la uret 6, lauret 7, lauret sulfato de sodio o también buscan la palabra PEG o polietilenglicol, a veces escrito PEC 20, PEC 40.
Si ves alguno de estos nombres raros en tu detergente de platos o lavavajillas, es muy probable que tenga 1,4-dioxano.
Ahora, ¿por qué es tan riesgoso en la vida diaria? Porque aunque enjuagues bien los platos, vasos y cubiertos después de lavarlos, casi siempre queda un residuo muy fino.
Y después, cuando usas esos mismos utensilios para comer o tomar agua, parte de esos residuos pueden terminar entrando en tu cuerpo.
Además, cuando lavas a mano, también podés inhalar vapores o pequeñas partículas del producto.
Con el tiempo, esa exposición diaria suma a la carga tóxica que tu organismo tiene que procesar.
La buena noticia es que podés reemplazarlos de forma bastante sencilla.
¿Cómo? Prefiriendo productos que digan biodegradable, de origen vegetal o sin fragancias fuertes.
También podés usar el jabón de Castilla puro, que es el clásico, se lo conoce hace 1000 años.
Está hecho a base de aceite de oliva y agua y al ser 100% vegetal no tiene sulfatos, parabenos ni químicos tóxicos.
Además mantiene la glicerina natural que ayuda a hidratar.
Otra opción casera para lavar tus platos y quitarle la grasa es tener siempre un spray con una mezcla de agua con vinagre blanco o con bicarbonato para pasar en los platos antes de enjuagar.
Y si usas lavavajillas automático, podés cambiar las pastillas o el polvo por opciones sin estos tóxicos o simplemente agregar un chorrito de vinagre en el enjuague.
Ahora sí, pasamos a la bomba cancerígena número cinco y después les contaré sobre el protocolo de 7 días para eliminar estos tóxicos de tu casa.
Y acá te pregunto, ¿confías en que el agua que tomas es realmente segura? La bomba cancerígena número cinco es probablemente la más importante de todas porque la consumimos todos los días, el agua sin filtrar.
Fíjate, aunque en la mayoría de las ciudades nos dicen que el agua es potable, la realidad es que aún puede contener varias sustancias, por ejemplo, microplásticos.
Estudios recientes muestran que la persona promedio ingiere el equivalente a una tarjeta de crédito por semana en microplásticos y gran parte viene de beber y cocinar con agua de grifo sin filtrar.
También puede haber hormonas y residuos de medicamentos, restos de anticonceptivos y antibióticos y otros fármacos que pasan por el cuerpo y terminan en el agua.
También sustancias cancerígenas como subproductos del cloro y PFAS, los mismos químicos eternos de las sartenes antiadherentes.
Además, muchas aguas contienen metales pesados como plomo, arsénico y mercurio en cantidades bajas, pero que se acumulan con el paso de los años.
Ahora, ¿qué dice la ciencia sobre esto? La OMS y las autoridades locales sostienen que el agua de grifo es segura porque las sustancias que podrían hacernos daño están dentro de los límites permitidos.
El problema es que esos límites se miden por sustancia aislada, no por la suma de todo lo que tomamos todos los días durante 20, 30 años.
Eso es lo que está generando cada vez más preocupación.
La mayoría de nosotros tomamos al menos 2 L de agua por día, cocinamos con ella, hacemos mate, café, sopas.
Es la sustancia que más entra en nuestro cuerpo.
Con el tiempo, esa caída de microplásticos, hormonas y tóxicos puede contribuir a la inflamación crónica, problemas hormonales y mayor riesgo de enfermedades como el cáncer.
Pero la buena noticia es que podemos protegernos y como médico, el mejor consejo que puedo darte hoy es que uses un filtro de agua.
Puede ser de carbón activado o mejor aún si tienes el recurso para hacerlo, invertir en un filtro de ósmosis inversa.
Y en este punto hay un mito muy común que quiero aclarar.
Mucha gente cree que hirviendo el agua ya está todo solucionado, pero no.
Hervir el agua no elimina los microplásticos, ni los tóxicos, ni los metales pesados.
Al contrario, al evaporarse el agua, algunas sustancias dañinas se concentran aún más.
Por eso no es una solución recomendada.
Lo que sí te digo es que cambiar a agua filtrada es uno de los ajustes que más impacto tiene en tu salud a largo plazo.
Bueno, ya vimos las cinco bombas cancerígenas que teníamos escondidos en la cocina.
Ahora viene la parte más importante de este video, cómo pasar de la teoría a la acción real.
Te propongo algo muy sencillo y poderoso.
Un desafío de 7 días para limpiar tu cocina de tóxicos y sustancias cancerígenas.
No es nada extremo ni complicado.
Son cambios que vas sumando día a día y que realmente marcan diferencia.
Y acá quiero ser muy claro y realista con vos.
No hace falta que salgas a comprar todo nuevo de una.
Muchos no tienen dinero para eso ahora y está bien.
Lo más importante al principio es sacar lo más peligroso e intentar reemplazar con productos sencillos que ya tenés en tu casa.
Tomate esta semana como si estuvieras haciendo una limpieza profunda o una mudanza.
Mira qué fácil que es.
Los primeros uno a tres días revisá tus sartenes y ollas.
Fíjate si son de teflón, si están ralladas, si son de aluminio viejo y si es así, apártalos o tíralos.
Revisa bien los plásticos que usas para guardar comida o tomar agua.
Si están rallados, opacos, viejos, deja de usarlos y revisa los detergentes de plástico que tenés.
La clave es conocer realmente lo que usas todos los días y reducir la exposición cuanto antes.
Y seguido a eso, cuando puedas, vas reemplazando de a poco.
Por ejemplo, en vez de envases de plástico, usa los frascos de vidrio de mermelada, salsa, mayonesa o yogur que ya tenés en casa.
Quedan perfectos para guardar comida.
En vez del film plástico, tapa los platos con otro plato invertido o fíjate si no conseguís esos envoltorios de cera de abeja o paños de cera que te conté al comienzo.
En vez de papel aluminio para cubrir alimentos, usa tapas de ollas, platos invertidos o simplemente cocinar sin tapar.
Muchas veces no hace falta.
Y las ollas para cocinar, las que más me gustan, son realmente las de hierro fundido o las de acero inoxidable.
Esa que usaban nuestras abuelas.
Ahora, para lavar los platos, empezá con jabón de Castilla puro o directamente con la mezcla de vinagre blanco y agua o con bicarbonato.
Sale baratísimo y funciona muy bien.
Y cuando vayas al mercado, revisá bien las etiquetas y elegí los que menos ingredientes tengan.
Ahora, para el agua, si no tenés filtro, podés usar una jarra filtrante de esas más económicas.
No resuelve todo el problema, pero ya ayuda mientras te organizas con el resto de las cosas.
Esta es la semana donde más peso tóxico vas a sacar de tu casa, aunque sea de a poco y sin gastar casi nada, lo menos posible.
Aprovecha estos días también para organizarte económicamente, ir viendo las opciones más accesibles, comparar precios y planificar cuáles van a ser tus cambios definitivos en las próximas semanas.