La Guardia Civil muestra su profunda indignación interna ante la ausencia del ministro Fernando Grande-Marlaska en los funerales oficiales de los dos agentes fallecidos durante una operación contra el narcotráfico en Huelva

 

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La relación entre las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y el Ejecutivo central ha alcanzado un punto de fractura que muchos califican de irreversible.

El profundo malestar y la indignación en el seno de la Guardia Civil han estallado de manera definitiva tras la gestión política y el comportamiento institucional mostrado por el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y la vicepresidenta primera del Gobierno, María Jesús Montero, a raíz del trágico fallecimiento de dos agentes en acto de servicio durante una operación contra el narcotráfico en Huelva.

Las asociaciones profesionales del cuerpo denuncian un sentimiento de abandono absoluto y una alarmante falta de respaldo humano y material en las zonas de alto riesgo.

El descontento interno se ha canalizado a través de voces representativas del cuerpo que exigen responsabilidades inmediatas y un cambio radical en la gestión de la seguridad del Estado.

“Los guardias civiles estamos hartos”, ha sentenciado con severidad Lucas de la Villa, secretario de una de las principales asociaciones de guardias civiles, reflejando el sentir mayoritario de una plantilla que se siente desprotegida mientras ejerce sus funciones en primera línea contra el crimen organizado.

Para los agentes, la distancia física y emocional mostrada por los máximos responsables de la seguridad nacional constituye una afrenta que ha quebrado la confianza en la dirección del Ministerio del Interior.

 

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Uno de los principales detonantes de esta crisis institucional ha sido la sonada ausencia de las autoridades gubernamentales en las honras fúnebres de los funcionarios fallecidos.

El hecho de que Fernando Grande-Marlaska evitara acudir al funeral de los agentes en el territorio andaluz ha sido interpretado por los colectivos policiales como una muestra de cobardía y una falta de respeto hacia las familias y los compañeros de las víctimas.

“Si dices que estás dolido, pero no vienes al funeral, evidentemente la gente te abuchea”, ha recordado con dureza De la Villa, justificando las airadas protestas y los abucheos masivos que el ministro ha recibido en sus recientes apariciones públicas.

La tensión política se ha visto agravada de forma considerable por unas polémicas declaraciones de la número dos del Partido Socialista, María Jesús Montero.

Durante una comparecencia, la vicepresidenta equiparó la muerte de los agentes en Huelva con un percance ordinario, desatando una oleada de críticas por parte de los profesionales de la seguridad, quienes consideraron sus palabras una humillación intolerable.

“Accidente laboral no es.

Estamos hablando de guardias civiles persiguiendo narcotraficantes”, han denunciado con firmeza los portavoces de la Benemérita, rechazando cualquier intento de minimizar el riesgo extremo y la violencia inherente a las misiones de interceptación de redes criminales en el litoral sur.

Aunque Montero intentó matizar y rectificar sus afirmaciones tras el escándalo mediático, los sindicatos consideran que el daño reputacional e institucional ya es irreversible.

 

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El debate ha trascendido el ámbito declarativo para trasladarse al Congreso de los Diputados, donde las asociaciones profesionales han visto frustrada una de sus demandas históricas más urgentes.

El Partido Socialista y sus socios parlamentarios de coalición volvieron a rechazar la propuesta para declarar oficialmente a la Guardia Civil y a la Policía Nacional como profesión de riesgo, una medida que permitiría mejorar sustancialmente sus condiciones de jubilación, sus pluses salariales y la dotación de recursos de protección.

Esta decisión legislativa ha sido calificada de cínica por parte de los agentes, quienes acusan al Ejecutivo de pronunciar condolencias vacías en los medios mientras les niegan los derechos laborales básicos en las votaciones parlamentarias.

La desatención en materia de equipamiento e infraestructuras se sitúa en el centro de las reclamaciones de los funcionarios, quienes denuncian que son enviados a operativos de alta peligrosidad sin los chalecos antibalas adecuados, sin embarcaciones idóneas y sin el respaldo jurídico necesario para hacer frente a la impunidad con la que operan las mafias del narcotráfico.

La desconexión entre las promesas del Ministerio del Interior y la cruda realidad de los despliegues operativos ha terminado por dinamitar los puentes entre los trabajadores públicos y los cargos políticos.

“Los actos no acompañan, todavía les extraña que les piten”, ha concluido de forma tajante Lucas de la Villa, resumiendo los motivos de una rebelión interna que promete seguir visibilizándose en las calles si el Gobierno de la nación no ofrece soluciones tangibles frente al desamparo que padece el instituto armado.

 

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