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Los Joao: la historia de fama, éxitos y pérdidas detrás de una de las agrupaciones más queridas de México

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Durante décadas, Los Joao hicieron bailar a millones de mexicanos con una mezcla de baladas románticas, ritmos brasileños, música tropical y versiones que llevaron a las pistas de baile canciones conocidas en distintos países. Su nombre estuvo presente en fiestas, salones, programas de televisión, películas y escenarios nacionales e internacionales. Sin embargo, detrás de aquella imagen llena de luces, aplausos y alegría existieron historias de esfuerzo, cambios internos, pérdidas familiares y momentos difíciles que marcaron para siempre el camino de sus integrantes.

La historia de Los Joao comenzó a finales de la década de 1960 en Xalapa, Veracruz, cuando un grupo de jóvenes músicos decidió unir su talento mientras combinaban sus estudios con su pasión por la música. Antes de adoptar el nombre que los haría famosos, varios de sus integrantes ya tenían experiencia en otras agrupaciones juveniles, donde aprendieron a tocar, cantar y sobrevivir en un ambiente donde los recursos eran limitados y cada presentación representaba una oportunidad para avanzar.

Armando Arcos y su hermano Filemón Arcos, conocido como Monchi, fueron parte de aquella generación de músicos veracruzanos que buscaban abrirse camino. Antes de Los Joao participaron en proyectos como Los Chicos Malos, Los Siete y Los Dientes, agrupaciones que les permitieron adquirir experiencia sobre los escenarios y conocer las exigencias del mundo artístico.

Algunos de ellos incluso viajaron anteriormente a la Ciudad de México con el nombre de Los Dientes, aunque posteriormente una compañía discográfica modificó la identidad del grupo. Aquellos primeros pasos funcionaron como una escuela donde aprendieron que la música requería disciplina, sacrificio y mucha perseverancia.

Armando Arcos regresó posteriormente a Xalapa para continuar sus estudios de arquitectura en la Universidad Veracruzana. Fue ahí donde volvió a reunirse con jóvenes que compartían una doble vida: estudiantes durante el día y músicos durante los ensayos y presentaciones.

 

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De esas reuniones nació el llamado Conjunto Arquitectura, un proyecto que poco después se transformaría en Los Joao.

“De ahí me salió la idea de formar un grupo. ¿Y con quiénes? Pues con los que estaba ahí”, recordó Armando Arcos al hablar de aquellos primeros años.

La formación inicial estaba integrada por Armando Arcos en la voz y el bajo; Sergio Gutiérrez en la batería; Beto Lira Lara en las congas; Rodolfo Juárez en las percusiones y voz; y Armando Pérez Marín en el piano.

Pérez Marín tuvo un papel fundamental en el nacimiento del grupo. Había estudiado piano en conservatorio, pero también sentía una gran atracción por los sonidos modernos que llegaban a través de la radio. Su familia apoyó el proyecto desde el inicio y su padre ayudó económicamente para comprar instrumentos.

“Su papá financió la compra de los instrumentos. Entonces Armando Pérez fue alguien muy especial”, se recordó sobre aquella etapa.

Los ensayos se realizaban en la casa de la familia Pérez Marín, un espacio que se convirtió en el primer centro de operaciones de la agrupación.

El nombre de Los Joao nació gracias a la influencia de la música brasileña. Los integrantes estaban fascinados con la samba y la bossa nova, géneros que en aquellos años representaban modernidad y elegancia. Uno de sus grandes referentes era João Gilberto, considerado una figura fundamental de la bossa nova.

Fue Rosita, madre de Armando Pérez Marín, quien sugirió utilizar el nombre João como homenaje al músico brasileño.

“Se lo debemos a ella, porque en memoria de João Gilberto fue que escogimos el nombre”, explicó posteriormente el grupo.

João es la forma portuguesa de Juan, por lo que el nombre podía interpretarse como “Los Juanes”, aunque con una identidad distinta, elegante y relacionada con la música brasileña.

La primera presentación oficial de Los Joao ocurrió el 24 de febrero de 1967 durante una fiesta de quince años en el Casino Jalapeño. Aquella noche no había grandes reflectores ni medios de comunicación; solamente familiares, invitados y una pista de baile que poco a poco comenzó a llenarse.

Nadie imaginaba que aquella presentación sería el inicio de una carrera que llevaría al grupo a recorrer México entero.

Después de ese debut comenzaron a tocar en fiestas, restaurantes y salones de Veracruz. Uno de los lugares más importantes en su formación fue la Terraza Jardín, ubicada frente al parque Juárez de Xalapa.

El grupo no solamente ofrecía música; también buscaba crear una experiencia diferente para el público. Diseñaron lámparas para reducir la iluminación del lugar y generar un ambiente más íntimo.

Al principio, el dueño del establecimiento dudaba de la idea porque temía que un salón oscuro provocara problemas entre los asistentes. Finalmente aceptó hacer una prueba con la condición de volver a encender las luces si algo salía mal.

El resultado sorprendió a todos.

La gente respondió de manera positiva y Los Joao permanecieron tocando en aquel lugar durante casi un año.

“Ahí aprendimos a leer la pista, a cambiar el ritmo si la gente lo pedía y a levantar el ambiente cuando era necesario”, recordaron sobre esa época.

 

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Durante esos años también llegaron cambios internos. Armando Pérez Marín salió del grupo después de una discusión relacionada con la llegada de otro pianista que cubrió un ensayo. Tras su salida, los integrantes tuvieron que buscar nuevos espacios para reunirse.

Rodolfo Juárez consiguió que los ensayos continuaran en las oficinas de la Asociación de Periodistas Estudiantiles de Xalapa, donde siguieron trabajando entre 1970 y 1972.

Por la agrupación pasaron diferentes músicos, entre ellos Armando Caraza y Guillermo Cuevas, además de integrantes que más adelante formarían parte de la alineación más recordada, como Mayol Ortiz, Daniel Martínez, Otilia Araujo y Monchi Arcos.

La versatilidad se convirtió en una de las principales características de Los Joao. Podían interpretar música brasileña, baladas, boleros y temas tropicales en una misma presentación.

Mientras algunos integrantes continuaban con sus carreras profesionales, el grupo comenzó a darse cuenta de que Xalapa ya no era suficiente para sus aspiraciones.

En 1972, cinco integrantes viajaron a la Ciudad de México buscando una oportunidad dentro de la industria musical. No tenían grandes contratos ni una compañía esperándolos; llegaron a competir con agrupaciones que ya contaban con contactos y presencia en televisión.

Los primeros meses fueron complicados. Hubo momentos de incertidumbre, lugares prestados para vivir y presentaciones donde apenas comenzaban a ganar reconocimiento.

Sin embargo, poco a poco lograron entrar en centros nocturnos, hoteles y espacios donde pudieron demostrar su talento. Finalmente llegó una oportunidad importante con Discos Musart.

Los jóvenes que habían comenzado ensayando en una casa de Xalapa ahora estaban dentro del circuito profesional.

Sus primeras grabaciones mantuvieron una fuerte influencia brasileña. Temas como “Amada amante” y “Un pato” mostraban el estilo con el que habían construido su identidad, pero todavía faltaba una canción que los llevara al reconocimiento nacional.

Ese momento llegó con “Chiquilla”.

Grabada entre 1974 y 1975, la canción se convirtió en el primer gran éxito de Los Joao. Su melodía sencilla, su coro fácil de recordar y la interpretación de Armando Arcos hicieron que comenzara a sonar en estaciones de radio de todo México.

El impulso definitivo llegó cuando aparecieron en el programa “Siempre en Domingo”. Durante aquella presentación ocurrió una anécdota que quedó grabada en la memoria del público: una niña llamada Karina apareció en pantalla y sus imágenes fueron mezcladas con la actuación del grupo.

Después de ese momento, Los Joao comenzaron a vivir una nueva etapa. La radio los programaba, la televisión los invitaba y sus presentaciones comenzaron a reunir a miles de personas.

El grupo dejó de ser conocido únicamente por su estilo brasileño y empezó a explorar diferentes géneros. Llegaron canciones como “Quédate”, “El Credo”, “María Isabel”, “El muerto vivo” y “Quiero amanecer”, temas que mostraron su capacidad para moverse entre lo romántico y lo bailable.

Su fórmula consistía en adaptar canciones de distintos lugares y darles una identidad propia mediante nuevos arreglos, percusiones y voces.

Durante los años siguientes también realizaron trabajos en España, donde grabaron material con reconocidos músicos y arreglistas. De aquellas sesiones surgieron canciones como “Pequeño torbellino de amor”, “Se busca vivo o muerto” y “Pon esta noche una canción de amor”.

En 1978 participaron además en la eliminatoria mexicana del Festival OTI con la canción “La tierra y el mar”. Aunque no lograron representar a México en la competencia internacional, su participación confirmó que ya eran una agrupación reconocida dentro de la música nacional.

Uno de los momentos más recordados de su trayectoria llegó con “Pedro Navaja”, canción escrita por el panameño Rubén Blades.

Los Joao realizaron una versión del tema y posteriormente participaron en la película del mismo nombre, protagonizada por Andrés García, Maribel Guardia, Sasha Montenegro y Resortes.

La canción generó una situación polémica debido a la enorme popularidad que alcanzó la versión mexicana. Con el paso del tiempo circuló la anécdota de que Rubén Blades se sorprendió al encontrar que algunas personas asociaban “Pedro Navaja” principalmente con Los Joao en México.

El propio grupo explicó que su trabajo consistía en interpretar canciones existentes y darles un nuevo sonido.

“Nosotros nunca dijimos que esas canciones fueran nuestras. Nuestro trabajo estaba en los arreglos y en hacerlas llegar al público mexicano”, señalaron en distintas ocasiones.

Esa característica provocó que algunos críticos los señalaran por interpretar muchos covers, mientras que otros reconocían su habilidad para transformar canciones internacionales en éxitos populares.

Además de su éxito musical, la fama también trajo desafíos personales. Armando Arcos, como vocalista principal, recibió durante años la atención de admiradoras que se acercaban después de los conciertos.

Su esposa, María Eugenia Alvarado, reconoció que vivir con un cantante famoso no siempre fue sencillo.

“Yo sabía desde el principio que me estaba casando con un músico. Las giras, los escenarios y las admiradoras venían con todo eso”, llegó a comentar.

La pareja enfrentó momentos de celos y dificultades, pero permaneció unida durante más de cinco décadas. Incluso encontraron una manera particular de resolver algunos conflictos: cantar juntos.

La última etapa de Los Joao estuvo marcada por pérdidas importantes.

En 2020, Armando Arcos fue diagnosticado con cáncer en las vías biliares. Tras una intervención quirúrgica habló con esperanza sobre su recuperación y comenzó a compartir recuerdos del grupo a través de proyectos digitales.

A esa enfermedad se sumaba una tragedia familiar que lo había marcado profundamente: la muerte de su hija Angie y su esposo en un accidente aéreo.

En 2021 falleció Mayol Ortiz, guitarrista e integrante histórico de Los Joao, a los 76 años.

Finalmente, el 18 de septiembre de 2022, Armando Arcos murió en León, Guanajuato, después de que el cáncer regresara.

Su partida significó la desaparición de una de las voces más reconocidas de la agrupación.

Durante más de cinco décadas, Los Joao dejaron una huella profunda en la música mexicana. Sus canciones continuaron presentes en bodas, fiestas y reuniones donde generaciones completas siguen bailando sus éxitos.

Después de la muerte de Armando Arcos, el proyecto original no continuó de la misma manera, pero la familia mantuvo vivo el legado musical. Filemón “Monchi” Arcos continuó trabajando en proyectos relacionados con Los Joao originales y compartiendo recuerdos de la agrupación.

Uno de los momentos más simbólicos ocurrió cuando Armando entregó a su sobrino Giovanni el bajo que había utilizado durante más de 50 años.

El instrumento representaba más que una herramienta de trabajo: era parte de la historia del grupo y una forma de transmitir la música a nuevas generaciones.

También participaron en nuevas grabaciones familiares, como el tema “Azúcar en Veracruz”, donde participaron integrantes de la familia Arcos bajo la dirección de Víctor Arcos.

Los Joao nacieron como un grupo de estudiantes con instrumentos prestados y sueños grandes. Con el paso del tiempo se transformaron en una agrupación que llevó alegría a millones de personas.

Aunque aquella alineación histórica ya no existe, sus canciones continúan sonando y manteniendo viva la memoria de una banda que convirtió cada escenario en una celebración.

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