Arturo “El Negro” Durazo: el hombre que convirtió el poder policial en un imperio de excesos y terminó tras las rejas

Durante seis años, Arturo Durazo Moreno pasó de ser un funcionario con enorme influencia dentro de la policía capitalina a convertirse en uno de los personajes más controvertidos del México del siglo XX.
Su nombre quedó asociado con una etapa marcada por acusaciones de corrupción, abuso de poder, enriquecimiento inexplicable y una red de privilegios que parecía colocarlo por encima de la ley.
Décadas después, su figura continúa ligada a una de las historias más polémicas de la política mexicana y a los primeros años de la carrera de Luis Miguel.
El 29 de junio de 1984, en el aeropuerto de San Juan, Puerto Rico, terminó la fuga de un hombre que durante años había vivido rodeado de poder.
Arturo Durazo había llegado en un avión privado procedente de Brasil, después de permanecer fuera de México mientras era buscado por las autoridades.
Esta vez no lo esperaban funcionarios, empresarios ni antiguos aliados. Lo esperaban agentes del FBI con una orden de detención internacional.
La escena contrastaba con la imagen que había construido durante su etapa de mayor influencia. El hombre que había dirigido miles de policías en la capital mexicana ahora era detenido como fugitivo.
Según los reportes de la época, fue trasladado bajo fuertes medidas de seguridad debido al temor de que pudiera sufrir algún ataque antes de revelar información sobre sus antiguos vínculos y contactos.
Arturo Durazo Moreno, conocido popularmente como “El Negro Durazo”, había dirigido la Dirección General de Policía y Tránsito del Distrito Federal entre 1976 y 1982, durante el gobierno del presidente José López Portillo.
Desde esa posición acumuló una influencia extraordinaria sobre patrullas, agentes, oficinas de tránsito y estructuras de seguridad de una de las ciudades más grandes del mundo.

Su ascenso parecía imposible para alguien nacido lejos de los círculos tradicionales del poder. Nació en Sonora, en una familia de recursos limitados, y posteriormente se trasladó a la Ciudad de México, donde comenzó a construir relaciones que serían decisivas para su futuro.
Algunos registros ubican su nacimiento en Cumpas, Sonora, en 1918, mientras que otros señalan una fecha distinta.
Más allá de esa diferencia histórica, su trayectoria estuvo marcada por una transformación radical: pasó de una infancia humilde a ocupar uno de los cargos policiales más importantes del país.
En la capital mexicana aprendió a moverse dentro de los espacios donde las relaciones personales podían abrir puertas.
Durante su juventud estableció vínculos con figuras políticas que años después llegarían a ocupar la presidencia de México, entre ellas Luis Echeverría y José López Portillo.
En 1944 comenzó a trabajar en el Banco de México, pero poco después decidió incorporarse a actividades relacionadas con la seguridad pública.
En 1948 ingresó como inspector de tránsito, un puesto desde donde empezó a conocer el funcionamiento cotidiano de las calles y el poder que podía representar un uniforme.
Años más tarde avanzó dentro de distintas estructuras de seguridad hasta acercarse a organismos de inteligencia del Estado.
Durante la década de 1960 su nombre apareció relacionado con la llamada Brigada Blanca, un grupo señalado por organizaciones de derechos humanos y diversos investigadores por su participación en operaciones contra opositores políticos durante un periodo de fuerte represión.
En 1971 enfrentó señalamientos en Estados Unidos relacionados con una acusación por conspiración vinculada al tráfico de cocaína. Sin embargo, años después su carrera política continuó creciendo.
Cuando José López Portillo llegó a la presidencia en 1976, Durazo recibió el cargo que cambiaría para siempre su imagen pública: director general de Policía y Tránsito del Distrito Federal.
Desde entonces, su figura comenzó a rodearse de símbolos de poder.
Fue nombrado general de tres estrellas, recibió reconocimientos nacionales e internacionales y construyó una imagen pública basada en escoltas, vehículos oficiales, ceremonias y una vida de lujo que contrastaba con la realidad económica que atravesaba gran parte del país.
Durante ese periodo surgieron numerosas denuncias sobre prácticas de corrupción dentro de la estructura policial bajo su mando.
Una de las acusaciones más repetidas fue la existencia de un sistema de cuotas conocido popularmente como “mordidas”, mediante el cual agentes presuntamente debían entregar cantidades periódicas de dinero a sus superiores.

Diversos testimonios de la época describieron una estructura donde algunos policías no solo buscaban combatir delitos, sino también recaudar dinero mediante presiones a ciudadanos, conductores y comerciantes.
Las grúas de tránsito también quedaron bajo cuestionamiento. Se denunciaron operativos considerados excesivos contra vehículos estacionados, con acusaciones de que la recuperación de automóviles podía convertirse en una fuente de ingresos ilegales.
La imagen pública de Durazo alcanzó su punto máximo cuando comenzó a construir propiedades y espacios privados que simbolizaban su enorme riqueza. Entre ellos destacó una mansión en Cihuatanejo conocida como “El Partenón”, una construcción inspirada en la arquitectura griega que contaba con 57 columnas, amplios salones y grandes áreas destinadas al entretenimiento.
La propiedad se convirtió en el símbolo más visible del estilo de vida que llevaba mientras ocupaba un cargo público. Para sus críticos, representaba el exceso y la desigualdad de una época; para la historia mexicana, quedó como una de las imágenes más recordadas de aquel periodo.
Pero detrás de los lujos también surgieron acusaciones mucho más graves relacionadas con el funcionamiento de algunas unidades policiales.
En 1976 fue creada la Dirección de Investigaciones para la Prevención de la Delincuencia (DIPD), una corporación que, según múltiples señalamientos posteriores, habría operado con amplios márgenes de poder y escasa supervisión.
Al frente de esa estructura estuvo Francisco Sahagún Baca, cercano colaborador de Durazo. La institución quedó relacionada con acusaciones sobre abusos, intimidaciones y operaciones fuera del marco legal.
Uno de los episodios más recordados ocurrió en enero de 1982, cuando fueron encontrados 14 cuerpos cerca del río Tula, en Hidalgo. El caso generó una enorme controversia nacional y aumentó las críticas contra las estructuras de seguridad vinculadas al gobierno capitalino.
La investigación posterior relacionó a varios agentes con los hechos, mientras crecía la presión pública para esclarecer responsabilidades. El episodio se convirtió en uno de los momentos que marcaron el deterioro de la imagen de Durazo y de la institución que dirigía.
Mientras tanto, su nombre también comenzó a aparecer relacionado con círculos de entretenimiento y figuras famosas de la época. En esos años, la política, los negocios y el espectáculo mexicano compartían espacios privados donde se construían relaciones de influencia.
Dentro de ese ambiente apareció la familia de un joven cantante que estaba a punto de convertirse en una estrella internacional: Luis Miguel.
El niño tenía apenas 11 años cuando su voz llamó la atención en una celebración relacionada con la élite política mexicana. Su padre, Luisito Rey, buscaba impulsar su carrera artística y encontró en los contactos del poder una posible vía para acelerar su ascenso.
La relación entre Durazo y el entorno de Luis Miguel quedó rodeada durante años por diferentes versiones y testimonios. Algunos relatos mencionaron encuentros entre ambos mundos y señalaron que la influencia política de Durazo pudo haber facilitado oportunidades para el joven artista.
Sin embargo, muchos aspectos de aquella etapa permanecieron envueltos en rumores y versiones contradictorias, especialmente alrededor de Marcela Basteri, madre de Luis Miguel, cuya desaparición en 1986 se convirtió en uno de los mayores misterios asociados a la vida del cantante.
Mientras la carrera de Luis Miguel avanzaba hacia el éxito internacional, Arturo Durazo comenzaba a perder el respaldo político que había protegido su posición durante años.
