Gustavo Garzón revive el angustioso día en que perdió de vista a uno de sus hijos y la insólita estrategia que le permitió encontrarlo
En el programa de Mario Pergolini, el artista habló de la crianza de sus hijos, compartió el momento en que perdió de vista a uno por segundos y reveló la estrategia que le permitió hallarlo

Gustavo Garzón volvió a abrir una de las páginas más íntimas de su vida personal durante su participación en Otro día perdido, el programa conducido por Mario Pergolini en eltrece.
A lo largo de una conversación cargada de recuerdos, humor y emoción, el actor repasó su trayectoria, habló sobre la crianza de sus hijos y compartió una anécdota que, pese a haber ocurrido hace décadas, continúa grabada en su memoria por la angustia que sintió en aquellos minutos de incertidumbre.
Garzón, uno de los intérpretes más reconocidos de la televisión, el cine y el teatro argentino, es padre de los mellizos Juan y Mariano, ambos de 38 años y con síndrome de Down.
Durante la entrevista recordó que, cuando eran pequeños, uno de ellos tenía la costumbre de alejarse de los adultos apenas encontraba una oportunidad, una conducta que obligaba a la familia a permanecer en constante estado de alerta cada vez que visitaban espacios abiertos.
El actor relató que uno de los episodios más difíciles ocurrió un domingo en el Parque Saavedra, en la ciudad de Buenos Aires.
Mientras disfrutaban de una jornada familiar, bastaron apenas unos segundos de distracción para que Mariano desapareciera de su vista.
La preocupación aumentó inmediatamente porque el niño, debido a su condición y a su corta edad, no podía proporcionar datos que facilitaran su identificación en caso de ser encontrado por otras personas: no sabía decir dónde vivía, tampoco conocía un número telefónico de contacto ni podía mencionar el nombre de su padre.
Frente a la desesperación, Garzón encontró una solución tan inusual como efectiva.
Aprovechando que tenía junto a él a Juan, el hermano gemelo de Mariano, comenzó a recorrer el parque preguntando a los presentes si habían visto a un niño exactamente igual al que lo acompañaba.
La estrategia dio resultado casi de inmediato.
Una mujer recordó haber visto a un pequeño con las mismas características y le indicó la dirección en la que había corrido.
Gracias a esa pista, el actor logró reencontrarse con su hijo sano y salvo pocos minutos después.
Con el alivio que da el paso del tiempo, Garzón narró el episodio entre risas y hasta bromeó sobre aquella experiencia.
Comentó, con el humor que caracteriza muchas de sus intervenciones públicas, que tener gemelos puede convertirse en una ventaja inesperada en situaciones como esa, ya que el parecido físico permitió que las personas identificaran rápidamente al niño que estaba siendo buscado.
La ocurrencia provocó una inmediata reacción de Mario Pergolini, quien definió el relato como una de las historias más insólitas y divertidas que había escuchado en mucho tiempo.
Sin embargo, detrás del tono distendido quedó en evidencia el profundo impacto emocional que aquellas situaciones dejaron en el actor.
Consultado por el conductor sobre si siempre había sido un padre especialmente preocupado, Garzón respondió que esa faceta nunca desapareció.
Reconoció que continúa siendo muy protector con sus hijos e incluso confesó que todavía tiene sueños recurrentes en los que vuelve a perder a alguno de ellos, reflejo de una ansiedad que permanece pese a que todos ya son adultos.
El intérprete recordó además que no fue el único episodio de ese tipo que conoció durante los años en que compartía experiencias con otras familias de personas con síndrome de Down.
Relató que, en una oportunidad, una madre le confesó que también había perdido de vista a uno de sus hijos durante unos minutos y describió aquella vivencia como un momento en el que sintió que el corazón se detenía.
Garzón aseguró comprender perfectamente ese sentimiento, convencido de que pocos temores resultan tan intensos para un padre como no saber dónde está su hijo, aunque la incertidumbre dure apenas unos instantes.

La conversación derivó luego hacia otros recuerdos compartidos con Pergolini.
Ambos evocaron una ocasión en la que coincidieron en una pista de skate mientras acompañaban a sus hijos.
Garzón admitió, entre risas, que ni siquiera recordaba con precisión qué hacía allí, ya que ninguno de sus hijos terminó desarrollando afición por esa disciplina.
Explicó que, como muchos padres, insistía en que probaran diferentes actividades deportivas con la esperanza de que encontraran alguna que les apasionara.
Esa reflexión dio paso a otra confesión familiar.
El actor recordó que durante años intentó que una de sus hijas encontrara su lugar en algún club deportivo, tal como había sucedido con él durante su juventud.
Sin embargo, después de pasar por hockey, patín, vóley, tenis y otras disciplinas, la adolescente terminó diciéndole con total sinceridad que detestaba los clubes y que prefería dedicarse al baile.
Aquella conversación le hizo comprender que sus propias experiencias no debían convertirse necesariamente en el modelo de vida de sus hijos.
Garzón también rememoró su vínculo personal con el deporte.
Contó que jugó al baloncesto hasta los 18 años e incluso llegó a disputar un partido en la máxima categoría, una etapa que marcó profundamente su juventud y que influyó en su deseo de transmitir esa pasión a su familia.
Con el tiempo, sin embargo, reconoció que entendió que existen muchas maneras distintas de crecer, desarrollarse y disfrutar de la vida, más allá de las tradiciones con las que uno fue educado.
La entrevista mostró a un Gustavo Garzón dispuesto a revisar con honestidad algunos de los momentos más intensos de su vida como padre, alternando humor, autocrítica y sensibilidad.
La historia del día en que perdió de vista a Mariano terminó convirtiéndose en el ejemplo más claro de cómo una situación angustiante puede transformarse, con los años, en un recuerdo contado con afecto, sin olvidar el enorme susto que representó para toda la familia.