Elma Saiz acusó públicamente a Vito Quiles desde La Moncloa de “utilizar el periodismo como un disfraz para monetizar el odio” tras la polémica surgida por el incidente con Begoña Gómez en un restaurante de Las Rozas

 

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La tensión entre el Gobierno de Pedro Sánchez y el entorno mediático más crítico con La Moncloa ha vuelto a estallar con una virulencia inédita después de las declaraciones realizadas por la ministra de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones y portavoz del Ejecutivo, Elma Saiz, durante la rueda de prensa posterior al Consejo de Ministros.

Sus palabras contra Vito Quiles han provocado una tormenta política y mediática que ha terminado convirtiéndose en uno de los enfrentamientos más explosivos de las últimas semanas en España.

Todo comenzó cuando la portavoz del Gobierno fue preguntada por el reciente incidente protagonizado por Vito Quiles y Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, en un restaurante de Las Rozas.

El episodio acabó con una denuncia presentada por el entorno de Gómez tras acusar al comunicador de acoso y comportamiento intimidatorio.

Desde el Ejecutivo se condenó con dureza lo ocurrido y Elma Saiz lanzó un mensaje especialmente contundente.

“Hay quien utiliza el periodismo como un disfraz para monetizar el odio”, afirmó la ministra desde el atril institucional de La Moncloa, unas palabras que fueron interpretadas inmediatamente como un ataque directo contra Quiles.

La intervención no quedó ahí.

El ministro Óscar López también endureció el tono y distinguió entre “periodistas” y “agitadores”.

“El agitador es el que cobra por contar mentiras y sembrar el odio”, señaló durante la comparecencia gubernamental, reforzando la ofensiva verbal del Ejecutivo contra el comunicador vinculado a EDATV.

 

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La reacción de Vito Quiles fue inmediata y explosiva.

A través de su perfil en X, el periodista respondió con un mensaje cargado de indignación y acusaciones directas contra el Gobierno.

“Hoy el Gobierno ha utilizado La Moncloa para insultarme y decir que no soy periodista”, escribió.

Poco después elevó todavía más el tono acusando al Ejecutivo de practicar una “doble vara de medir”.

“Lo dicen los que pagaban a una fontanera para que, en nombre del periodismo, acosara a jueces que investigaban la corrupción de Sánchez”, lanzó Quiles en una de las publicaciones más difundidas del día.

El comunicador también intervino posteriormente en Telemadrid, donde profundizó en sus críticas y acusó al sanchismo de utilizar las instituciones públicas para desacreditar a voces incómodas.

Durante su intervención televisiva, Quiles insistió en que existe una estrategia deliberada para señalar y aislar a periodistas críticos con el Gobierno.

“Ellos hablan de odio mientras usan el poder institucional para perseguir a quienes hacen preguntas incómodas”, afirmó ante las cámaras.

El periodista puso especial énfasis en el caso de una presunta “fontanera” vinculada al PSOE, una figura que, según denunció, habría actuado para presionar a jueces y fiscales relacionados con investigaciones sensibles para el entorno gubernamental.

Quiles aseguró que dicha persona “cobraba 15.600 euros del Partido Socialista” mientras supuestamente utilizaba el periodismo como cobertura para operaciones de presión política.

 

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Según el comunicador, “amenazaba y extorsionaba con vídeos de índole sexual a fiscales que investigaban casos relacionados con el entorno familiar del presidente”.

Las acusaciones, extremadamente graves, han elevado todavía más la tensión política y mediática alrededor del caso.

Mientras tanto, desde el Ejecutivo se mantiene el discurso de que determinados comunicadores han traspasado todos los límites democráticos.

Elma Saiz ya había advertido semanas atrás sobre la necesidad de combatir los discursos de odio en redes sociales y defendió la creación de mecanismos para frenar la polarización digital.

“La lucha contra el odio es una cuestión de democracia”, declaró recientemente la ministra durante la presentación de la Primera Cumbre contra el Odio celebrada en Madrid.

En aquella intervención insistió en que “no podemos aceptar como normal la deshumanización constante desde redes y plataformas digitales”.

La figura de Vito Quiles lleva meses situada en el centro de múltiples polémicas políticas y judiciales.

El comunicador ha sido acusado en diversas ocasiones de difundir contenidos considerados injuriosos y mantiene abiertos varios frentes judiciales.

Recientemente, la acusación particular ejercida por Rubén Sánchez, secretario general de FACUA, solicitó para Quiles nueve años de prisión por presuntos delitos continuados de calumnias e injurias agravadas por odio ideológico.

 

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Además, el Congreso de los Diputados mantiene expedientes abiertos relacionados con su comportamiento dentro de las dependencias parlamentarias.

Sectores del PSOE y otros partidos han pedido incluso la retirada definitiva de su acreditación como reportero parlamentario.

Sin embargo, Quiles sostiene que todo forma parte de una campaña de persecución política impulsada desde el poder.

“Para ellos solo es periodismo el que se pliega a sus intereses”, afirmó durante su intervención televisiva.

“El resto somos enemigos a batir”.

El enfrentamiento ha provocado una enorme división política.

Mientras dirigentes del PSOE consideran que determinados comunicadores alimentan el acoso y la polarización, sectores de la derecha denuncian un intento de censura contra medios y periodistas críticos con Pedro Sánchez.

En medio de esta batalla dialéctica, el clima político español continúa deteriorándose.

Las acusaciones cruzadas, el uso cada vez más agresivo del lenguaje político y la creciente tensión entre Gobierno y determinados sectores mediáticos reflejan una polarización que no deja de intensificarse.

Por ahora, ni el Ejecutivo parece dispuesto a rebajar el tono ni Vito Quiles muestra intención alguna de dar marcha atrás.

Al contrario.

El periodista ha dejado claro que seguirá respondiendo “sin miedo” a cada ataque institucional que reciba.

Y mientras ambos bandos endurecen posiciones, España asiste a un nuevo episodio de confrontación total entre poder político y periodismo militante.

 

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