Alejandro, un ganadero de 78 años, acude a First Dates buscando una mujer joven y rubia, generando sorpresa por sus exigencias y su visión sobre las relaciones

 

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En una nueva entrega del popular programa de citas First Dates, la historia de Alejandro, un ganadero jubilado de 78 años, y Milagros, una mujer viuda con tres hijos, ha generado un intenso debate sobre las expectativas amorosas en la tercera edad, la importancia del físico y la búsqueda de compañía tras años de soledad.

Alejandro llega al restaurante con una idea muy clara, aunque contradictoria en sí misma. Natural de Fuencaliente, en Ciudad Real, y con una vida dedicada por completo al campo, se define como ganadero: “He tenido ganado toda la vida, vacas, cabras y cochinos. Me he dedicado al campo”. Con orgullo describe su finca de 200 hectáreas y su vida rodeada de animales, una existencia marcada por el trabajo constante y la rutina rural.

Sin embargo, cuando se le pregunta por lo que busca en una mujer, su respuesta despierta controversia: “La rubia me parece bien”, afirma sin rodeos. Más adelante insiste: “Sí, me gustan jóvenes, pero bueno, eso no quiere decir nada”. Una declaración que marcará el tono de toda la cita.

El programa le presenta a Milagros, una mujer de Talavera de la Reina que llega con una historia de vida completamente distinta. Es viuda, madre de tres hijos y convive con uno de ellos, que tiene autismo. Con naturalidad lo explica desde el inicio: “Yo tengo un hijo que vive conmigo y es autista, pero yo como le quiero mucho, pues nada, está conmigo”.

 

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La presentación entre ambos es cordial. “Hola, buenas noches”, dice Milagros. “Milagros. Él es Alejandro”, responde la organización. A primera vista, él no parece completamente convencido: “No está mal”, comenta mientras la observa detenidamente.

El intercambio inicial deja ver rápidamente diferencias de percepción. Alejandro analiza el físico de su cita con cierta frialdad: “Su cara me gusta y del físico bien, es un poco rellenita, pero vamos, tampoco es demasiado gorda”. Una observación que no pasa desapercibida ni para Milagros ni para la audiencia.

A pesar de ello, la conversación fluye con temas cotidianos. Hablan de su origen, de la vida en el campo y de sus experiencias previas. Milagros, con una actitud más abierta, intenta conectar: “Yo le veo bien arreglado”. Alejandro, por su parte, responde con frases cortas, manteniendo cierta distancia emocional.

Uno de los momentos más comentados llega cuando se aborda el tema de las relaciones pasadas. Milagros recuerda una experiencia dolorosa: “Mi marido me decía que si hubiera una mujer más joven iría con ella”. La revelación deja un silencio incómodo en la mesa y refleja una herida emocional que aún permanece abierta.

 

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El soltero, lejos de suavizar su postura, refuerza su visión: “A mí siempre me gusta jóvenes por eso”. Una frase que genera tensión evidente. Milagros, aunque sorprendida, mantiene la compostura.

Durante la cena, el programa muestra a un Alejandro más centrado en sus criterios personales que en la conexión emocional. Él insiste en que busca una mujer “normalita”, sin grandes exigencias: “Yo en una mujer lo importante no es el físico, el físico es lo de dentro”. Sin embargo, sus propias palabras entran en contradicción con sus comentarios previos.

La conversación también aborda el futuro. Alejandro explica: “Yo busco si viene bien una persona para convivir, pero desde luego con tiempo”. Milagros coincide en la necesidad de ir despacio: “Yo voy buscando estable, pero tampoco me quiero atar. Es mejor conocernos”.

A pesar de las diferencias, ambos continúan compartiendo momentos agradables, incluso bailando durante una actividad del programa. Milagros intenta mantener una actitud positiva, mientras Alejandro parece más reservado, aunque participa en la dinámica.

 

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En un punto clave de la cita, Milagros pregunta directamente: “¿Te he caído bien?”. Él responde sin demasiada emoción: “No está mal”. Una respuesta que deja entrever una conexión limitada, aunque no negativa del todo.

El momento decisivo llega al final, cuando ambos deben decidir si quieren una segunda cita. Contra todo pronóstico, Alejandro afirma: “Sí, me gustaría tener una cita contigo porque me has parecido una persona de buen corazón, me has parecido buena persona. Eso es lo principal para mí”.

Milagros también acepta continuar conociéndolo: “Sí, a mí no me importaría conocernos”.

La decisión sorprende incluso a quienes presencian la escena, ya que durante toda la velada se percibieron diferencias evidentes en expectativas, edad deseada y nivel de conexión emocional. Aun así, ambos optan por darse una nueva oportunidad.

El episodio deja una reflexión abierta sobre las relaciones en edades avanzadas, los prejuicios sobre el físico y la dificultad de equilibrar deseo, compañía y compatibilidad real. En palabras del propio programa, una cita “difícil de interpretar”, donde la atracción y la contradicción caminaron de la mano hasta el final.