De las tumbas a la gloria tropical: La trágica historia de Dulce Rosario y Los Sepultureros
Detrás de las luces, los trajes brillantes y el ritmo pegajoso de la cumbia mexicana que puso a bailar a millones durante las décadas de 1970 y 1980, se esconden historias marcadas por la necesidad, la ambición, las rupturas irreparables y la tragedia. Pocas agrupaciones encarnan este contraste como Dulce Rosario y Los Sepultureros, un conjunto que nació en los rincones rurales del estado de Guanajuato y logró tocar la cima de la popularidad para luego fracturarse en mil pedazos entre disputas legales, pleitos monetarios y el olvido de la industria musical.
Orígenes entre tumbas y ataúdes
La historia del grupo comenzó lejos de los reflectores, en la comunidad de San José de Otates, dentro del municipio de Manuel Doblado, Guanajuato. Allí crecieron jóvenes de familias humildes que buscaban abrirse camino en la vida.
Entre ellos destacaba Antonio Durán López, un muchacho que desde niño desarrolló una relación casi mística con el cementerio local, donde jugaba entre lápidas y ayudaba a los panteoneros adultos a realizar su labor.
A los 15 años, presionado por la situación económica de su familia, Durán López migró a la Ciudad de México en busca de empleo.
Curiosamente, el destino pareció perseguirlo: encontró trabajo como carpintero en un taller donde su principal tarea era la fabricación de ataúdes.
Fue en la capital donde se reencontró con su paisano Raúl Hernández y, posteriormente, sumó a otros conocidos de su tierra natal: Jesús Soto, Adrián Cerna y Santos Cortés.
Unidos por la pasión musical, los cinco jóvenes formaron un grupo para cantar música ranchera y polkas en camiones, restaurantes pequeños y ferias locales.
Al momento de elegir un nombre distintivo, desecharon opciones convencionales como “Brisas del Norte” o “Los Legendarios”.
Antonio Durán propuso evocar sus vivencias de infancia y su trabajo en la carpintería: Los Sepultureros. Aunque al principio sonaba lúgubre e inusual para el medio artístico, el nombre terminó convirtiéndose en un sello imborrable.

El toque femenino que levantó a “Los Sepultureros”
Pese a sus esfuerzos, la agrupación no lograba despegar comercialmente hasta que sus caminos se cruzaron con Elizabeth María Cristina Mendoza Espinoza de los Monteros, conocida artísticamente como Dulce Rosario.
Nacida con un talento natural para el canto, la joven había iniciado su carrera infantil a los seis años en la compañía “Operetas y Zarzuelas” y, a los 14 años, ya recorría el país como solista.
El encuentro definitivo ocurrió durante una gira en Zacatecas, donde Los Sepultureros trabajaban como banda de acompañamiento para diversos artistas.
Impactado por su registro vocal, carisma y presencia escénica, Antonio Durán le ofreció integrarse como la voz principal del grupo. Tras meditarlo unos días, la cantante aceptó.
La llegada de una voz femenina al frente de un grupo tropical —un elemento innovador en la época— transformó por completo la propuesta. La alineación estelar quedó conformada por:
Dulce Rosario: Voz principal y compositora.
Antonio Durán López: Teclados, acordeón, arreglos y dirección musical.
Adrián Cerna: Bajo.
Jesús Soto: Requinto.
Santos Cortés: Batería.
Raúl Hernández: Guitarra.
Del rechazo radial al estrellato masivo
En 1972, tras firmar con el sello Discos Plata bajo la condición de interpretar cumbia, lanzaron sus primeras grabaciones.
A pesar de que las estaciones de radio nacionales mostraron desinterés inicial, el movimiento sonidero de los barrios populares adoptó sus canciones y las convirtió en himnos de baile en calles y salones.
Éxitos como “El ropavejero”, “Baila mi cumbia”, “Señorita cumbia”, “La viudita”, “Dulce tormento” y “La coleccionista” impulsaron la carrera del grupo. Para 1975 ya eran reconocidos como el “conjunto sensación del momento”.
El salto definitivo a la masividad ocurrió al firmar con la disquera Discos Melody, lo que permitió internacionalizar su música hacia Estados Unidos y Centroamérica, además de consolidar su participación en películas del cine mexicano como El Federal de Caminos y El baile y el billetero.

Cuando el éxito y el dinero afinaron la discordia
Con el auge económico y la fama masiva surgieron las tensiones internas. La relación profesional entre la vocalista y el director musical trascendió al ámbito personal, convirtiéndose en pareja sentimental.
La centralización de las decisiones creativas y comerciales en la pareja provocó el descontento de los demás integrantes originarios.
A mediados de la década de 1980, los conflictos por el reparto de ganancias y las regalías terminaron por fracturar la convivencia. El ambiente tras bambalinas se volvió insostenible, derivando en la separación definitiva de la alineación histórica.
La ruptura desencadenó una prolongada disputa legal y comercial por los derechos del nombre. Por un lado, Dulce Rosario y Antonio Durán formaron la agrupación Los Tremendos Sepultureros de Antonio Durán y Dulce Rosario.
Por otro lado, los músicos restantes intentaron continuar con diversas variantes como “Adrián Cerna y sus Sepultureros”, “Santos Cortés y sus Nuevos Sepultureros” o “Raúl Hernández y sus Sepultureros”.
La multiplicación de grupos confundió al público, que al asistir a las presentaciones no encontraba a la alineación ni a la voz original que había hecho populares los temas.

El declive de la cumbia y el silencio de una leyenda
A la par de los conflictos internos, la década de 1990 trajo un cambio en las preferencias musicales del público mexicano con la irrupción del género grupero y la música norteña. Los espacios en medios de comunicación para la cumbia tradicional se redujeron drásticamente.
Dulce Rosario intentó diversificar su carrera grabando producciones de boleros y música de salón, además de mantenerse activa en eventos privados y ferias locales. Sin embargo, la agrupación no volvió a alcanzar los niveles de audiencia de su época dorada.
En 2019, la cantante tuvo un breve reencuentro con los escenarios masivos al realizar una colaboración con la agrupación Los Sonorítmicos. No obstante, el cese total de eventos debido a la crisis sanitaria de 2020 frenó sus actividades definitivas.
El 17 de diciembre de 2020, Dulce Rosario falleció a los 74 años tras una prolongada batalla contra el cáncer.
Con su partida física concluyó la trayectoria de una de las figuras pioneras de la música tropical mexicana, dejando como legado un catálogo de canciones que forma parte del repertorio clásico de la cumbia azteca.
