Los jueces de instrucción de Madrid respaldan públicamente a Juan Carlos Peinado tras las críticas del ministro Félix Bolaños por su decisión de proponer el juicio a Begoña Gómez

 

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La tensión entre el poder judicial y el Ejecutivo español ha alcanzado uno de sus puntos más delicados en los últimos años tras la reacción en bloque de los jueces de instrucción del Tribunal de Instancia de Madrid.

En una decisión poco habitual, los magistrados han salido públicamente en defensa de su compañero, el juez Juan Carlos Peinado, frente a las críticas lanzadas por el ministro de Justicia, Félix Bolaños, desatando un choque institucional de gran calado.

El origen del conflicto se encuentra en el auto judicial en el que Peinado plantea llevar a juicio a Begoña Gómez, una decisión que ha generado una fuerte reacción en el seno del Gobierno.

Las palabras de Bolaños no pasaron desapercibidas y marcaron un punto de inflexión en la escalada de tensión.

El ministro llegó a calificar la instrucción del juez como “vergonzante”, una afirmación que ha provocado indignación en amplios sectores de la judicatura.

La respuesta no se hizo esperar.

En una declaración institucional conjunta, los jueces de instrucción de Madrid denunciaron lo que consideran una descalificación impropia de un miembro del Ejecutivo.

“Estas manifestaciones socavan la confianza de los ciudadanos en la Justicia”, señalaron con firmeza, evidenciando el malestar acumulado.

El mensaje fue claro: no se trata solo de la defensa de un juez concreto, sino de la protección de la independencia judicial como pilar del Estado de derecho.

 

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Lejos de rebajar la tensión, el comunicado insistió en un principio fundamental: “La ley es igual para todos, sin privilegios”.

Esta afirmación, cargada de simbolismo, fue interpretada como una respuesta directa a las críticas políticas y como un recordatorio de que ninguna persona, independientemente de su posición o cercanía al poder, puede quedar al margen de la acción judicial.

El respaldo a Peinado fue total.

Los magistrados denunciaron tanto ataques profesionales como personales contra el juez y advirtieron que no tolerarán presiones externas.

“Seguiremos defendiendo nuestra función constitucional”, subrayaron, dejando claro que no cederán ante lo que consideran intentos de desacreditar su labor.

La polémica se amplificó con la intervención de asociaciones judiciales.

La Asociación Profesional de la Magistratura calificó de “inadmisible” que un miembro del Gobierno cuestione públicamente resoluciones judiciales.

En la misma línea, otras asociaciones recordaron que las decisiones judiciales deben ser recurridas en los tribunales y no en ruedas de prensa, reforzando la idea de que el conflicto ha traspasado los cauces institucionales habituales.

Una de las voces más contundentes fue la de la magistrada María Jesús del Barco, quien defendió con claridad el principio de igualdad ante la ley: “Nadie por estar cerca del poder puede quedar al margen de la ley”.

Sus palabras resonaron con fuerza en un contexto marcado por la creciente preocupación sobre la separación de poderes.

 

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El clima de tensión también ha sido señalado por analistas y comunicadores.

La periodista Elizabeni subrayó el carácter excepcional de la situación al afirmar: “Esto no se había tenido que hacer nunca”.

Su valoración refleja la percepción generalizada de que la reacción conjunta de los jueces constituye un hecho inédito que evidencia la gravedad del momento.

Mientras tanto, la presión sobre el ministro Bolaños continúa en aumento.

El episodio ha abierto un debate más amplio sobre los límites de la crítica política a las decisiones judiciales y el respeto institucional entre poderes del Estado.

La imagen que deja este enfrentamiento es la de un equilibrio tensionado, en el que cada declaración pública puede tener consecuencias profundas en la percepción ciudadana de la justicia.

En este contexto, el caso de Begoña Gómez se ha convertido en el epicentro de una crisis que trasciende lo estrictamente judicial.

Lo que está en juego no es solo el futuro de un procedimiento concreto, sino la confianza en las instituciones y la solidez de los principios democráticos.

El conflicto sigue abierto y sin señales claras de distensión.

La firmeza mostrada por los jueces de Madrid indica que no están dispuestos a dar un paso atrás, mientras que el Gobierno enfrenta una creciente presión para moderar su discurso.

En medio de esta confrontación, la independencia judicial se reafirma como uno de los elementos clave en el equilibrio del sistema democrático español.

 

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