Ruud Gullit es uno de los futbolistas más emblemáticos de la historia, conocido no solo por su talento excepcional sino también por su valentía para enfrentar el racismo en el fútbol europeo.

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Su historia va más allá de los títulos y récords; es un relato de lucha, resistencia y autenticidad que ha marcado un antes y un después en el deporte.

 

Nacido en Ámsterdam en 1962, Ruud Gullit creció en un barrio obrero donde desde pequeño enfrentó el racismo cotidiano.

Su madre, de origen surinamés, temía por su seguridad y bienestar debido a las historias de maltrato hacia los negros en Holanda.

Su padre trabajaba largas horas en una fábrica ganando menos que sus compañeros blancos, y su madre limpiaba casas, tratada muchas veces como invisible.

 

Desde niño, Ruud fue consciente de que era diferente.

Los niños blancos lo insultaban y las madres alejaban a sus hijos cuando él pasaba.

Sin embargo, descubrió que tenía un talento único: el fútbol.

A los 8 años ya jugaba con chicos mayores y su habilidad era innegable.

Pero incluso en el deporte, enfrentó discriminación.

Los entrenadores lo querían en posiciones de fuerza, nunca en roles que requirieran inteligencia táctica.

Fue solo cuando exigió jugar en el mediocampo que empezó a cambiar esa percepción.

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Su carrera profesional comenzó en el Haarlem, y luego en el Feyenoord, donde se convirtió en una estrella.

Pero su rebeldía y autenticidad lo pusieron en conflicto con el sistema.

En un partido contra el Ajax, los hinchas le lanzaron plátanos y le hicieron sonidos de mono.

La respuesta de Gullit fue única: recogió un plátano, le dio una mordida y se lo comió frente a la tribuna, un gesto que dividió opiniones y mostró su valentía para enfrentar el racismo.

 

Su talento lo llevó al PSV Eindhoven y luego al AC Milan, donde rompió récords de transferencia y se convirtió en uno de los jugadores mejor pagados del mundo.

Fue el primer capitán negro en ganar un trofeo internacional europeo con Holanda en la Eurocopa de 1988, un momento histórico que unió a blancos y negros en su país, aunque solo por un instante.

 

A pesar del éxito, Gullit tuvo una relación tensa con el entrenador Arrigo Sacchi.

Una pelea en el vestuario casi termina con uno de los dos fuera del club.

Berlusconi, dueño del Milan, eligió apoyar a Sacchi, dejando claro que para él, el entrenador blanco tenía prioridad sobre el jugador negro, sin importar los logros.

Esta decisión marcó el inicio de la caída de Gullit en el club.

 

Durante su última temporada en el Milan, una lesión de rodilla afectó su rendimiento, y aunque el equipo ganó títulos, Gullit no volvió a ser el mismo.

Fue vendido a la Sampdoria por una fracción de su valor inicial, un reflejo de cómo el racismo y las luchas internas afectaron su carrera.

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Después de la gloria de la Eurocopa 1988, la selección holandesa nunca volvió a ganar un torneo importante.

La razón fue una guerra civil interna entre Gullit y Marco van Basten, dos estrellas que no se soportaban.

La disputa por el capitanato y el ego rompieron la unidad del equipo, y la fractura fue tan profunda que arruinó la mejor generación de futbolistas holandeses.

 

En 1995, Gullit llegó al Chelsea como jugador-entrenador.

Introdujo la cultura regue, contrató jugadores extranjeros y promovió un estilo de juego ofensivo y técnico.

Ganó la FA Cup en 1997, convirtiéndose en el primer entrenador negro en lograr un título importante en Inglaterra.

 

Sin embargo, la prensa británica y el dueño del club, Ken Bates, no lo apoyaron.

Grabaciones filtradas revelaron un plan sistemático para destruirlo, con comentarios racistas y maniobras para limitar su presupuesto y desestabilizarlo.

Tras una pelea por su salario, fue despedido en 1998, a pesar de su éxito.

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Su siguiente oportunidad fue en el Newcastle United, donde enfrentó la resistencia de jugadores ingleses que no aceptaban a un entrenador extranjero y negro.

La falta de respeto y el rechazo de la prensa llevaron a su despido tras menos de un año, confirmando que Inglaterra no estaba lista para aceptar un líder negro en el fútbol.

 

A pesar de su currículum impresionante, Gullit nunca fue contratado por un equipo grande de Europa como entrenador.

Documentos filtrados revelaron notas racistas en listas de candidatos, como en el Real Madrid, donde se escribió que “no encajaba con la imagen del club” por su color de piel.

 

Su último intento fue en 2007 con el Feyenoord, pero la directiva no lo apoyó y fue despedido rápidamente.

Desde entonces, Gullit se ha dedicado a ser comentarista y conferencista sobre racismo en el deporte, aceptando que el fútbol europeo sigue siendo un club de blancos.

 

Ruud Gullit demostró que ser el mejor no es suficiente para vencer al racismo.

Su autenticidad, su estilo y su voz lo convirtieron en un símbolo, pero también en un objetivo.

Nunca cambió su identidad ni se silenció, aunque eso le costó su carrera como entrenador.

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Hoy, a sus 63 años, Gullit vive en Ámsterdam, respetado por su legado como jugador pero recordado también como una víctima del racismo estructural en el fútbol.

Su historia es una llamada a la reflexión sobre cuánto queda por cambiar en el deporte y en la sociedad.

 

Si te interesa conocer más sobre la lucha de Ruud Gullit y su impacto en el fútbol y la cultura, este relato muestra que la dignidad y la autenticidad son valores que trascienden cualquier trofeo.