Jesús a través de las religiones: una figura universal entre la fe, la historia y la interpretación

 

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La figura de Jesucristo trasciende fronteras culturales, geográficas y espirituales. Nacido en la región de Judea bajo dominio del Imperio Romano, su vida ha sido reconstruida a partir de testimonios escritos décadas después de su muerte, lo que ha dado lugar a múltiples interpretaciones en distintas tradiciones religiosas. En un mundo donde coexisten miles de credos, la imagen de Jesús varía profundamente según cada cosmovisión.

En el Islam, Jesús —conocido como Isa— ocupa un lugar destacado como profeta y Mesías, aunque no es considerado divino. El texto sagrado islámico reconoce su nacimiento virginal y sus milagros, pero niega su crucifixión. “Los judíos creyeron haberlo matado, pero no fue así”, sostienen las interpretaciones tradicionales, que afirman su ascenso al cielo. Además, se espera su regreso en el fin de los tiempos para derrotar al mal y restaurar la justicia.

Desde la perspectiva del Hinduismo, Jesús no tiene una interpretación única. Figuras como Mahatma Gandhi lo vieron como un maestro de la no violencia. “Jesús fue el resistente más activo conocido quizás en la historia”, escribió Gandhi, destacando su mensaje ético. Otros pensadores, como Swami Vivekananda, lo describieron como un avatar o yogui que alcanzó la unión con lo divino.

 

 

 

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En el Budismo, Jesús es interpretado desde una óptica no teísta. El actual Tenzin Gyatso expresó: “Para mí, como budista, Jesucristo era un ser plenamente iluminado”. Esta visión lo acerca a la figura de un bodhisattva, alguien que alcanza un alto grado de realización espiritual para ayudar a otros.

El Judaísmo, por su parte, no reconoce a Jesús como Mesías ni profeta. Basándose en sus escrituras, sostiene que no cumplió las profecías mesiánicas. “Oye, Israel, el Señor nuestro Dios, el Señor uno es”, proclama el Deuteronomio, rechazando cualquier noción de divinidad compartida o encarnada.

En otras corrientes, la figura de Jesús adquiere matices aún más diversos. Los Testigos de Jehová afirman que no es Dios, sino el arcángel Miguel en forma humana. El Espiritismo lo considera el espíritu más elevado que ha encarnado en la Tierra. “Jesús constituye el tipo de perfección moral a la que la humanidad puede aspirar”, señaló Allan Kardec.

La Fe bahá’í lo incluye dentro de una سلسلة de manifestaciones divinas junto a Moisés, Buda y Mahoma, en una revelación progresiva de Dios. En el Sijismo, Jesús es respetado como maestro espiritual, pero no como encarnación divina. “Dios no tiene forma ni figura”, enseñan sus textos sagrados.

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En movimientos más recientes como el Rastafari, Jesús es visto como una figura negra, y se identifica su segunda venida con Haile Selassie. Mientras tanto, en el Mormonismo se cree que, tras su resurrección, Jesús viajó al continente americano para predicar.

Incluso en tradiciones menos conocidas como el Mandeísmo, Jesús es rechazado como falso profeta, mientras se exalta a Juan el Bautista. En algunas corrientes del islam como la Ahmadía, se sostiene que sobrevivió a la crucifixión y murió en la India, una interpretación que difiere del islam tradicional.

En Asia oriental, ciertas prácticas de la religión popular china integran a Jesús como una deidad más dentro de un amplio panteón espiritual. En África, teólogos han reinterpretado su figura como un “gran ancestro”, mediador entre el mundo espiritual y la comunidad. Estas visiones reflejan la adaptación cultural del mensaje cristiano a contextos locales.

El Cristianismo, sin embargo, mantiene la interpretación más extendida: Jesús es el Hijo de Dios, encarnado para redimir a la humanidad mediante su muerte y resurrección. Su figura es central no solo como objeto de fe, sino como modelo moral. Según los evangelios, tras su resurrección, ascendió al cielo y se espera su regreso en el juicio final.

A lo largo de los siglos, la figura de Jesús ha sido reinterpretada, adaptada y resignificada por múltiples tradiciones. Lejos de una visión única, su imagen refleja la diversidad espiritual de la humanidad. Entre profeta, maestro, avatar o salvador, Jesús continúa siendo una de las figuras más influyentes y debatidas de la historia.