La hija de Héctor Lavoe relata los inicios difíciles del cantante en Nueva York y cómo su talento comenzó a destacar en pequeños clubes del Bronx

Durante décadas, la historia de la salsa ha estado marcada por relatos, mitos y versiones contrapuestas sobre la relación entre dos de sus figuras más influyentes: Héctor Lavoe y Willie Colón.
Ambos construyeron juntos algunos de los capítulos más brillantes del género, pero también protagonizaron una relación compleja que con el paso del tiempo dio lugar a rumores y controversias.
Ahora, una voz cercana a esa historia decide hablar con franqueza: la de Leslie Pérez, hija del legendario cantante.
“Yo crecí escuchando muchas historias sobre mi papá”, recuerda Leslie al evocar la figura de Héctor Juan Pérez Martínez, el nombre real del artista nacido el 30 de septiembre de 1946 en Ponce, Puerto Rico.
Con el tiempo, ese joven soñador se convertiría en una de las voces más emblemáticas de la salsa.
Su destino cambiaría radicalmente tras llegar a Nueva York, donde buscaba una oportunidad para cantar.
“Era un muchacho de Ponce con una maleta llena de sueños y casi nada de dinero”, cuenta su hija.
Allí comenzó a moverse en el circuito musical latino del Bronx, ensayando en apartamentos humildes y presentándose en pequeños clubes del barrio.
Según los recuerdos familiares, uno de los primeros apoyos que recibió fue el del músico Roberto García, quien lo invitó a participar en los ensayos de un grupo local.
“Mira, estoy tocando con un grupito… ¿por qué no vienes a ensayar con nosotros a ver qué pasa?”, habría sido la invitación que marcó el inicio de su camino en la escena neoyorquina.

Los ensayos se realizaban en la sala de un apartamento del Bronx.
No había estudios profesionales ni equipos sofisticados.
“Solo unos cuantos músicos, instrumentos prestados y muchas ganas de hacer música”, recuerda Leslie al reconstruir aquellas historias que escuchó en casa desde niña.
Uno de los momentos decisivos llegó durante una presentación en un club del barrio, cuando coincidieron con la orquesta dirigida por Carlos Ávila.
En medio de la noche, el director decidió darle una oportunidad al joven cantante.
“Voy a dar un break, que el muchacho cante algo”, dijo.
Lavoe tomó el micrófono y cantó el tema *Pasos traicioneros*.
La reacción del público fue inmediata.
“Cuando terminó la canción, el lugar explotó en aplausos”, se recuerda en la familia.
Aquella actuación le abrió la puerta para integrarse a la orquesta y grabar su primer tema importante: *Mi china me botó*, composición del legendario Arsenio Rodríguez.
Mientras Lavoe comenzaba a abrirse camino, otro joven músico también buscaba su lugar en el panorama musical del Bronx: Willie Colón, nacido el 28 de abril de 1950 en el barrio neoyorquino.
Su pasión por la música había empezado temprano gracias al apoyo de su abuela Antonia, quien le regaló su primer trombón por apenas 50 dólares.

El encuentro entre ambos se produjo en un momento clave para la música latina.
En esos años surgía una pequeña disquera que terminaría revolucionando el género: Fania Records, fundada por Johnny Pacheco y Jerry Masucci.
La historia cuenta que cuando los fundadores escucharon el proyecto musical de Colón, consideraron que la banda necesitaba un cantante con fuerza y personalidad.
Pacheco ya tenía un nombre en mente: Héctor Lavoe.
Sin embargo, el primer acercamiento entre ambos no fue especialmente entusiasta.
Según las historias transmitidas en la familia, Lavoe veía inicialmente al joven trombonista casi como competencia.
“Mi papá decía que incluso llegaron a tocar en el mismo edificio, pero en pisos diferentes”, relata Leslie.
Cuando Pacheco le propuso cantar con la orquesta de Colón, Lavoe aceptó con reservas.
“Voy a grabar solo ese disco”, habría dicho entonces, convencido de que el proyecto no tendría mayor continuidad.
El destino demostraría lo contrario.
Con el paso del tiempo, ambos comenzaron a conocerse mejor fuera de los ensayos, caminando por las calles del Bronx y compartiendo largas conversaciones sobre música.
Colón recordaría más tarde que Lavoe tenía un talento excepcional para la interpretación.
“Podías mencionarle cualquier canción y él sabía la letra completa”, contaba el trombonista.
Además, imitaba con sorprendente precisión a grandes figuras como Carlos Gardel y Daniel Santos.

Esa química artística terminó convirtiéndose en una de las alianzas más influyentes de la música latina.
En 1966 grabaron su primer álbum juntos, *El Malo*, un disco que marcó el inicio de una nueva etapa para la salsa.
“Mi papá siempre decía que no quería seguir lo que estaba de moda, sino imponer un estilo propio”, recuerda Leslie.
Para Lavoe, la música debía reflejar la vida real del barrio, sus emociones y sus historias.
Ese enfoque conectó profundamente con el público latino de Nueva York y Puerto Rico.
La combinación entre la voz inconfundible de Lavoe y el sonido innovador del trombón de Colón definió una época.
Con los años, ambos artistas se convertirían en referentes absolutos del género y en piezas clave del movimiento musical impulsado por Fania Records, que llevaría la salsa a escenarios internacionales.
Héctor Lavoe falleció en 1993, pero su legado continúa vivo en la memoria cultural de América Latina.
“La música que crearon sigue emocionando a nuevas generaciones”, afirma su hija.
Para Leslie, recordar esa historia no es solo hablar del pasado, sino comprender el origen de una leyenda musical.
“Mi papá siempre creyó que la música debía ser auténtica”, dice.
Y añade una frase que, según ella, resume la esencia del artista: “La música no era solo talento… era actitud, era identidad”.
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