El cantautor, a día de hoy, es una de las figuras más importantes de la música española, pero en su niñez en el campo no sabía lo que eran los lujos. Repasamos cómo fue su infancia en la Asturias de los años 50.

 

el cantante victor manuel

 

En Mieres del Camino, un pequeño pueblo del norte de España marcado por la minería y la siderurgia, nació el 7 de julio de 1947 Víctor Manuel San José Sánchez, un niño que no imaginaba entonces que su nombre acabaría ligado a la historia de la música española.

Hijo de Jesús, ferroviario, y Felicita, comerciante, creció en un entorno donde la vida era un continuo esfuerzo por sobrevivir y prosperar, lejos de los lujos, con el paisaje teñido de carbón y hollín.

El entorno social y económico de la Asturias de posguerra fue duro y formativo.

Las calles parecían rugir con el trabajo de las minas, tanto que, como se decía en el pueblo, “el río no llevaba agua, llevaba carbón”, una metáfora de la presencia omnipresente del carbón en la vida cotidiana.

Allí creció Víctor, entre prados, montañas, niños jugando al balón y hombres que regresaban a casa exhaustos tras jornadas interminables en la mina.

Desde muy joven mostró una inclinación especial por la música: a los nueve años aprendió a tocar la armónica y, casi de inmediato, imitaba a Joselito, prodigándose con entusiasmo en cada oportunidad.

“La música siempre fue mi refugio, mi manera de sentir que algo dentro de mí estaba llamado a ser libre”, ha contado en diversas entrevistas recordando sus primeros pasos.

 

el cantante victor manuel en una foto en su juventud, 1968

 

El regalo que marcaría su destino llegó con los Reyes: una guitarra que cambiaría su vida.

Con solo doce años compuso su primera canción, “Tendré tu amor”, y ya apuntaba maneras de una sensibilidad poética que años después se convertiría en su sello.

Sin embargo, su entorno familiar no siempre comprendió aquel sueño fuera de lo común.

“Mi padre no entendía que yo quisiera ser libre; él solo quería que yo estuviera seguro.

Con el tiempo comprendí que su falta de apoyo inicial era solo miedo disfrazado de severidad”, recordaría años más tarde, reflexionando sobre aquella contradicción afectiva que marcó su relación con la figura paterna.

La década de los 50 y principios de los 60 era una España donde las tradiciones imperaban y los roles de género estaban profundamente arraigados.

Víctor creció con una educación que hoy consideraríamos machista, “mi madre no me educó para esto que estoy haciendo ahora.

Para nada, al contrario, me educó en el más puro ‘macherío’ sin saberlo, involuntariamente”, confesó refiriéndose a cómo las responsabilidades domésticas eran exclusivas de las mujeres.

 

mieres, asturias

 

A pesar de las limitaciones y de la dureza del medio rural, su infancia tuvo momentos de alegría y libertad: corría por los prados, exploraba bosques cercanos, jugaba con amigos y sentía que la música era su idioma propio.

“La única patria que tiene uno es la infancia”, ha dicho en más de una ocasión, subrayando cuánto de lo que es hoy procede de esas primeras experiencias vitales.

A los 16 años, con la determinación que lo caracterizaría siempre, decidió trasladarse a Madrid para estudiar solfeo y piano, junto a canto, y buscar un futuro en la música lejos de los estrechos límites de su pueblo natal.

Aquella decisión fue radical: dejó atrás la seguridad de su casa por la incertidumbre de un sueño.

En la capital, su talento empezó a abrir puertas: participó en concursos, cantó cada domingo en el programa de radio La nueva ola musical en La Voz de Madrid, donde se ganó una Estrella de Oro, y firmó sus primeros contratos discográficos.

 

victor manuel en una imagen de archivo de 1970

 

Pero no todo fue un éxito inmediato.

Sus primeras grabaciones no lo consagraron de inmediato, y tuvo que enfrentarse tanto a las exigencias del mercado como a la censura de la época.

Aun así, la calidad de su composición, impregnada de sensibilidad social y poética, poco a poco comenzó a abrirse paso hasta convertirlo en una figura respetada de la música de autor.

La huella de su infancia asturiana, marcada por la explotación minera y la lucha obrera, no solo definió su carácter, sino que alimentó su compromiso con temas sociales y políticos que más tarde cristalizarían en canciones emblemáticas.

Así, aquel niño de Mieres, que contemplaba el mundo desde los prados llenos de carbón, logró transformar esos recuerdos en un canto universal que ha acompañado a varias generaciones de oyentes.

Hoy, con 78 años, Víctor Manuel sigue siendo una voz viva, reflexiva y en constante búsqueda, consciente de que aquellos primeros años, bañados de carbón y de sueños, fueron la verdadera patria de su música y de su vida.

 

victor manuel en salvados, de la sexta