Laura, una mujer de 46 años, acudió a First Dates con la esperanza de conocer a un hombre simpático, pero la falta de química con Iván apareció desde el primer momento

 

Un soltero de 'First Dates', carnicero y muy ligón,deja sin palabras a su  cita al revelarle qué es lo que más vende en su carnicería

 

La búsqueda del amor volvió a dejar momentos inesperados en *First Dates*, el conocido programa de citas donde desconocidos se encuentran por primera vez frente a una cena para descubrir si existe conexión entre ellos.

En una de las citas recientes, Laura, una mujer de 46 años con carácter alegre y seguro, acudió al restaurante con la ilusión de conocer a alguien especial.

Sin embargo, su encuentro con Iván, un carnicero de 48 años con fama de conquistador, terminó dejando una escena tan sorprendente como incómoda.

Laura llegó al restaurante definiéndose como una persona positiva y con mucho sentido del humor.

Tras su divorcio, aseguró sentirse en una etapa de su vida en la que disfruta conociendo gente nueva y viviendo experiencias diferentes.

Durante su presentación se describió como una mujer alegre y sin complejos, incluso repitiendo una frase que, según explicó, suele escuchar con frecuencia.

“Muchas veces me han dicho que soy una ‘MILF’”, comentó entre risas, añadiendo que desde que se separó ha notado un mayor interés por parte de hombres más jóvenes.

Con esa actitud abierta, Laura esperaba encontrar en el programa a un hombre simpático con quien compartir una conversación agradable.

Su cita era Iván, un carnicero de 48 años que ha logrado cierta notoriedad en redes sociales, especialmente en TikTok.

Allí comenzó realizando transmisiones en directo para promocionar su carnicería, aunque con el tiempo sus directos se convirtieron también en un espacio donde interactuaba con seguidoras y seguidores de forma muy cercana.

Esa popularidad le ha llevado a ser conocido por algunos usuarios como “el soltero de oro”.

El primer encuentro entre ambos dejó claro que la atracción inicial no era precisamente intensa.

Nada más verlo, Laura se fijó en la ropa de Iván, especialmente en sus pantalones, y no pudo evitar reaccionar con sorpresa.

“¿De qué época sale?”, comentó con cierta incredulidad.

Aunque trató de suavizar su impresión, añadió con sinceridad: “No es feo pero no es mi tipo”.

Iván tampoco ocultó su propia percepción sobre el encuentro.

Al ser preguntado por sus primeras impresiones, respondió con franqueza: “Tenía las expectativas más altas”.

A pesar de ese comienzo algo distante, ambos decidieron sentarse a la mesa y darse la oportunidad de conocerse mejor.

Durante la cena, Iván comenzó a hablar con entusiasmo sobre su trabajo en la carnicería.

Explicó que su negocio no solo le ha permitido construir una clientela fiel, sino también vivir situaciones curiosas con quienes acuden a comprar.

Según relató, el trato diario con clientes le ha proporcionado numerosas anécdotas.

“Ligas más que en la discoteca”, afirmó entre risas mientras recordaba algunas experiencias con clientas habituales.

Laura escuchaba con atención, aunque no podía evitar mostrar cierta sorpresa ante el tono de algunas historias.

Intentando mantener la conversación en un ambiente relajado, respondió: “Hay mujeres para todo”.

La conversación avanzaba entre bromas y comentarios sobre el trabajo del carnicero hasta que Iván decidió plantear una pregunta directa que cambiaría por completo el rumbo de la cita.

Mirando a Laura, lanzó una cuestión aparentemente inocente: “¿Sabes qué es lo que más se vende?”.

Antes de que ella pudiera responder, el propio Iván reveló la respuesta entre carcajadas: “El rabo es lo que más se vende”.

La declaración dejó a Laura completamente desconcertada.

Iván continuó con su explicación manteniendo el tono humorístico que había adoptado durante la velada.

“Depende quién lo pida le puede salir más barato o más caro”, comentó.

Luego añadió otra frase que terminó de sorprender a su acompañante: “El rabo lo vendo y la que quiere se lo corto a trozos o se lo lleva puesto”.

La reacción de Laura fue inmediata.

Aunque intentó mantener la compostura, su expresión reflejaba claramente su sorpresa ante el comentario.

A medida que avanzaba la conversación, la soltera comenzó a percibir que la actitud de Iván era más provocadora de lo que esperaba en una primera cita.

En sus reflexiones durante la cena, Laura dejó claro que el estilo directo del carnicero no terminaba de convencerla.

Tras escuchar varios de sus comentarios, llegó a una conclusión sobre la personalidad de su acompañante: “Demasiado libertinaje”.

La velada continuó entre conversaciones y momentos incómodos hasta que llegó el instante decisivo del programa: la elección final.

En ese momento, ambos debían decidir si estaban interesados en tener una segunda cita fuera del restaurante.

Laura fue la primera en responder.

Con sinceridad, explicó que no veía posibilidades de continuar conociéndose.

“No me gustaría tener una segunda cita porque no es mi prototipo. Se ha mostrado demasiado lanzado con eso del rabo, que si la carne… tanto showman”, afirmó.

Iván escuchó su decisión y también dejó clara su postura.

“No me gustaría. No es mi tipo”, respondió sin rodeos.

La conversación terminó con una última réplica que resumió el tono irónico de toda la cita.

Laura, recordando el comentario que más le había sorprendido durante la cena, le respondió con humor: “Pero el rabo bien que me lo querías vender”.

Así concluyó una cita que comenzó con curiosidad y terminó demostrando que la química entre dos personas puede depender de muchos factores, desde el sentido del humor hasta las expectativas que cada uno tiene al sentarse frente a frente en busca del amor.