Familiares, amigos y figuras del periodismo se reunieron en la Casa de Galicia de Madrid para despedir al periodista Fernando Ónega, fallecido a los 78 años

La capilla ardiente del periodista Fernando Ónega, fallecido a los 78 años, se ha instalado este miércoles en la Casa de Galicia de Madrid, un lugar emblemático que ha acogido a familiares, amigos y colegas para rendir homenaje a uno de los grandes cronistas de la historia reciente de España.
Desde primera hora de la mañana, los seres queridos comenzaron a llegar, visiblemente afectados por la pérdida.
Entre ellos, sus hijos Cristina, Sonsoles y Fernando, quienes no pudieron contener las lágrimas al recordar a su padre.
“Siempre estarás en nuestros corazones”, expresó Sonsoles, con la voz entrecortada, mientras sostenía la mano de su pareja, el financiero Juan Montes, quien la acompañó en este difícil momento.
La presencia de su madre, Ángela Rodrigo, también fue crucial; ella, que había compartido más de dos décadas de su vida con Fernando, se convirtió en un pilar fundamental.
“Me siento agradecida por cada instante que compartimos”, dijo Ángela, recordando el profundo vínculo que tenían, especialmente tras el trasplante de riñón que ella le donó en 2021.
Fernando Ónega, reconocido por su aguda visión política y su capacidad de narrar la realidad española, dejó una huella imborrable en el periodismo.
Su trayectoria comenzó a una edad temprana, cuando abandonó el seminario y comenzó a colaborar con el diario El Progreso de Lugo.
“La comunicación siempre fue mi pasión”, solía decir, reflejando su dedicación a una profesión que lo llevó a ser una de las voces más influyentes del análisis político en España.

Durante la jornada, numerosos rostros del mundo del periodismo y la política se acercaron para ofrecer sus condolencias.
“Fernando fue un maestro, un referente; su legado perdurará en cada uno de nosotros”, comentó un colega, mientras otros compartían anécdotas sobre su carácter amable y su profesionalismo.
La capilla ardiente se convirtió en un espacio de recuerdos, donde los asistentes compartieron historias y risas en honor a su memoria.
El hijo menor, Fernando One Rodrigo, llegó con una fotografía de su padre, que fue colocada en el altar como parte del homenaje familiar.
“Quiero que todos recuerden su risa y su pasión por la vida”, dijo, visiblemente emocionado.
La familia se unió en un abrazo colectivo, buscando consuelo en la compañía mutua mientras recordaban al hombre que había sido un pilar en sus vidas.
Fernando Ónega no solo fue un periodista destacado, sino también un hombre de familia.
Nació en 1947 en Mosteiro, una pequeña parroquia de Lugo, y a lo largo de su vida se convirtió en una figura clave en la transición democrática de España.
“Estuve allí para contar la historia de nuestro país en momentos decisivos”, solía reflexionar sobre su papel durante la dirección de prensa del gobierno de Adolfo Suárez.

Su habilidad para conectar con la audiencia lo llevó a ocupar puestos de responsabilidad en medios como la cadena SER y Onda Cero, donde su estilo pedagógico y conciliador lo hicieron destacar.
“La política no tiene que ser un campo de batalla”, repetía en entrevistas, abogando por un diálogo constructivo en tiempos de polarización.
A medida que la jornada avanzaba, el ambiente se llenó de emociones encontradas.
“Nos deja un legado de integridad y compromiso con la verdad”, dijo un amigo cercano, mientras otros asistentes asentían en señal de acuerdo.
La familia, rodeada de amor y apoyo, continuó recibiendo a quienes querían rendir homenaje a Fernando, mostrando la profunda admiración que su figura despertaba en todos.
Con su fallecimiento, se apaga una de las voces más reconocibles del periodismo español.
“Nunca olvidaré su capacidad para narrar nuestra historia y su amor por la democracia”, concluyó Sonsoles, mientras las lágrimas rodaban por su rostro.
En ese momento, quedó claro que Fernando Ónega no solo había sido un periodista excepcional, sino también un padre, esposo y amigo querido, cuyo legado perdurará en el corazón de quienes lo conocieron y amaron.

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