El presidente Pedro Sánchez protagonizó un momento tenso en el Congreso al dirigirse a Santiago Abascal creyendo que ya no estaba presente en el hemiciclo

 

 

El Congreso de los Diputados vivió ayer una de sus sesiones más intensas y polémicas de los últimos tiempos, marcada por errores, acusaciones cruzadas y una irrupción inesperada que dejó a muchos diputados atónitos.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en plena intervención parlamentaria, llegó a proferir reproches hacia el líder de Santiago Abascal —creyendo erróneamente que ya no estaba presente en el hemiciclo—, desatando una oleada de reacciones tanto dentro como fuera de la Cámara.

La escena, a medio camino entre lo tenso y lo surrealista, sorprendió incluso a quienes siguen con atención los debates parlamentarios habitualmente.

El incidente se produjo en un momento en el que la sesión ya estaba cargada de reproches relacionados con la financiación de partidos, la política migratoria y el impacto de decretos del Gobierno en sectores como la sanidad.

Sánchez, en su intervención, lanzó una serie de críticas dirigidas a Abascal creyendo que su bancada ya no estaba en sus asientos.

“El señor Abascal dice que todo esto lo hace por la patria y está muy pesimista con la situación de la patria”, dijo Sánchez, desatando risas contenidas, murmullos y reproches de los diputados de la formación de Vox.

 

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La confusión se hizo evidente instantes después, cuando Abascal reapareció en su escaño y tomó la palabra con firmeza: “Señor Sánchez, ¿por qué no quiere preguntar a los españoles si quieren que el dinero de sus impuestos sea empleado en garantizar la atención sanitaria que pagan con esfuerzo?”.

Con esta intervención, Abascal puso el foco en uno de los temas más debatidos en el pleno: la atención sanitaria y los recursos públicos, ampliando el escenario de confrontación.

El intercambio de palabras entre Sánchez y Abascal rápidamente derivó en un tenso cruce con otros grupos parlamentarios.

Voces desde la bancada socialista, encabezadas por Sánchez, insistieron en defender las políticas del Gobierno y en reprochar a Vox por lo que consideran una estrategia de confrontación permanente.

“Usted evita la pregunta de por qué quiere regalar la sanidad que pagan los españoles con sus impuestos a todo el mundo”, insistió Abascal, reafirmando su postura crítica sobre el enfoque gubernamental en materia de inmigración y servicios públicos.

Más allá del intercambio verbal, la sesión estuvo marcada por acusaciones aún más duras entre miembros de la propia derecha.

El exvicepresidente de la Junta de Castilla y León, sentado entre la bancada conservadora, llegó a afirmar que Abascal estaría desviado 2,5 millones de euros de la Fundación Disenso, una entidad vinculada a Vox, hacia fines personales.

“Ahora sabemos que el señor Abascal desvía 2,5 millones de euros de la Fundación Disenso a su bolsillo”, afirmó, encendiendo aún más el tono del debate y provocando reacciones de rechazo de sus excompañeros de partido.

 

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Estas acusaciones internas fueron recogidas y ampliadas por otros diputados que mencionaron investigaciones abiertas por parte del Tribunal de Cuentas relativas a financiación irregular y multas a Vox por donaciones y préstamos sospechosos.

El clima en el hemiciclo pasó, en cuestión de minutos, de lo institucional a lo acusatorio y personal.

El propio Abascal reaccionó con vehemencia a estas imputaciones.

“Si el asesor cobra 27,000 euros al mes, ¿cuánto cobra el asesorado?”, preguntó retóricamente, en referencia a un supuesto alto salario de uno de sus asesores, una cuestión que fue utilizada como argumento para cuestionar la transparencia de la formación política.

El debate sobre salarios y financiación, lejos de aclararse, intensificó la polémica.

Durante el desarrollo de la sesión, Sánchez retomó la palabra para recordar los logros y recursos destinados por su Gobierno a políticas sociales, incluyendo transferencias a comunidades autónomas para financiar servicios como la sanidad pública.

“Desde que soy presidente del Gobierno se han aumentado en 300,000 millones de euros las transferencias para financiar las políticas en manos de las comunidades autónomas”, explicó, defendiendo la gestión y la asignación de recursos.

 

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La confrontación verbal alcanzó su punto más alto cuando Abascal cuestionó directamente al presidente sobre la atención sanitaria universal y los efectos de la política migratoria en el sistema de salud.

“Hay millones de extranjeros que no cotizan y que se aprovechan del esfuerzo de españoles y extranjeros que sí cotizan”, afirmó, en una crítica directa a lo que él considera un colapso en la atención sanitaria generado por decisiones gubernamentales.

La sesión, que comenzó con un intercambio de palabras donde Sánchez creyó que Abascal no estaba presente, se transformó en un debate intenso y multipartidista sobre financiación pública, transparencia interna de los partidos, inmigración y sanidad.

Con acusaciones cruzadas, cifras sobre salarios, investigaciones sobre donaciones y un clima de confrontación constante, el Congreso cerró una de sus jornadas más agitadas.

Este momento parlamentario quedará en la memoria de muchos como un ejemplo de la polarización actual en la política española, donde incluso la presencia física de los diputados puede cambiar el rumbo de una intervención y transformarla en un episodio de alta tensión y repercusión mediática.