Saúl Ortiz y Rocío Flores han denunciado en el programa ‘Fiesta’ el acoso mediático sufrido por Julia Janeiro en su juventud, señalando la falta de empatía de antiguos colaboradores de ‘Sálvame’

 

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El plató de *Fiesta*, el magacín conducido por Emma García, se ha convertido en el escenario de un encendido debate sobre la gestión de la fama y la coherencia de los hijos de celebridades.

La tarde arrancó con una defensa cerrada por parte de Saúl Ortiz hacia Julia Janeiro, apoyada por un testimonio revelador de María José Campanario.

Ortiz recordó el “brutal machaque” que sufrió la joven al cumplir la mayoría de edad por parte de programas como *Sálvame*, subrayando la vulnerabilidad de una niña que, en aquel entonces, se refugiaba en sus padres entre lágrimas mientras reporteros y colaboradores la perseguían sin piedad.

El periodista puso en duda la empatía de figuras como Kiko Hernández o Carlota Corredera, señalando que el hecho de que Julia decida ahora, años después, dar un paso hacia la vida pública, no valida el acoso mediático que padeció cuando su única intención era permanecer en el anonimato.

 

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Este análisis sirvió de antesala para un duro contraste con la figura de Alejandra Rubio.

El programa rescató imágenes de archivo donde Terelu Campos presumía de que su hija estaba “a otro nivel” y que nunca viviría de la televisión, unas declaraciones que chocan frontalmente con la realidad actual de la joven.

Las críticas se centraron en lo que muchos consideran una actitud de superioridad de Rubio, quien en 2018 aseguraba con rotundidad que comería de sus propios “éxitos y esfuerzo” lejos de los focos, para terminar convirtiéndose en una colaboradora habitual que, según se comentó en el plató, suele mirar “por encima del hombro” a la prensa del corazón a pesar de formar parte de ella.

La comparación resultó inevitable al mencionar a otros perfiles como la sobrina de Terelu, hija de Carmen Borrego, quien sí ha mantenido su perfil anónimo ejerciendo la abogacía, evidenciando que el silencio mediático es una elección posible si realmente se desea.

 

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En medio de este clima de reproches, Rocío Flores hizo su entrada en el plató para ofrecer una visión mucho más pragmática y humilde de la fama.

Flores, quien recordó con amargura cómo el acoso de las cámaras en su etapa escolar le provocaba una “vergüenza profunda” ante sus compañeros, dio una lección de honestidad al asumir su posición.

A diferencia de Alejandra Rubio, Rocío reconoció abiertamente que sus apellidos le han dado grandes oportunidades, aunque también le hayan quitado mucho.

La hija de Antonio David Flores explicó que, pese a los momentos traumáticos vividos, ha aprendido a tratar a la prensa con naturalidad y respeto, llegando incluso a invitar a comer a reporteros que pasaban horas esperándola.

Al final, el debate dejó clara la división de opiniones: mientras se alabó la ubicación y honestidad de Rocío Flores y Gloria Camila al aceptar sus raíces, se sentenció la contradicción de quienes, como Alejandra Rubio, reniegan del medio que les da de comer.

 

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