Raúl del Pozo, el maestro del columnismo español, falleció a los 89 años, dejando un legado imborrable en el periodismo del país
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El mundo del periodismo español se encuentra de luto tras la triste noticia del fallecimiento de Raúl del Pozo, un ícono de la escritura y el análisis político, quien dejó este mundo a la edad de 89 años.
Su partida representa una pérdida irreparable, no solo para sus colegas, sino para una generación de lectores que durante décadas se vieron reflejados en sus incisivas reflexiones sobre la vida, la política y la sociedad española.
Nacido en 1936 en Mariana, Cuenca, del Pozo inició su carrera periodística en el Diario de Cuenca, donde comenzó a forjar su estilo único.
En una de sus memorables intervenciones, solía decir: “El periodismo es un arte que se nutre de la realidad, pero también de la imaginación”.
Esta frase encapsula su enfoque hacia el periodismo, que no solo se limitaba a informar, sino a contar historias que resonaban profundamente en el alma de sus lectores.
A lo largo de su carrera, del Pozo trabajó en redacciones emblemáticas como Pueblo, Interviú y Diario 16, convirtiéndose en una de las firmas más influyentes del país.
Sin embargo, fue a partir de los años noventa cuando su nombre se asoció indisolublemente a El Mundo, donde durante décadas escribió la columna “El ruido de la calle”.
En este espacio, entretejía crónica política y recuerdos de la Transición española, ofreciendo retratos de figuras relevantes y compartiendo sus propias reflexiones literarias.
“La calle es un espejo donde se refleja la vida de la sociedad”, afirmaba del Pozo, recordando siempre la importancia de conectar con la realidad cotidiana.

Su estilo, caracterizado por una agudeza inigualable, ironía mordaz y una profundidad que cautivaba a miles, lo convirtió en un referente del columnismo español.
Muchos de sus lectores comentaban cómo sus palabras parecían anticipar los acontecimientos, como si del Pozo tuviera un don para leer entre líneas.
“A veces, la verdad es más extraña que la ficción”, solía decir, y su habilidad para transformar la realidad en narrativas cautivadoras lo hizo destacar entre sus contemporáneos.
Además de su labor en la prensa escrita, del Pozo alcanzó gran popularidad en televisión.
Durante años, fue un tertuliano habitual en programas emblemáticos como “Día a día” en Telecinco y “Cada día” en Antena 3, donde compartía mesa con figuras del periodismo como Isabel San Sebastián y Alfonso Ussía.
Su presencia en pantalla era siempre esperada, y su voz resonaba con autoridad y sabiduría.
“La televisión es un medio poderoso, pero nunca debe olvidar su responsabilidad”, enfatizaba en cada aparición, recordando a sus colegas la importancia de la ética periodística.

A lo largo de su carrera, del Pozo recibió numerosos premios que avalan su trayectoria y su valiosa contribución al periodismo español.
En 2005, fue galardonado con el Premio González-Ruano; en 2008, recibió el Premio Mariano de Cavia; y en 2009, el Premio ABC Cultural & Ámbito Cultural.
En 2017, su legado fue reconocido con la Medalla de Oro de Castilla-La Mancha, un testimonio de su impacto en la cultura y el periodismo de la región.
Su fallecimiento deja un vacío imborrable en la historia del periodismo español.
“Cada palabra escrita es un ladrillo en la construcción de la verdad”, decía del Pozo, y su pluma incisiva y mirada perspicaz han dejado una huella indeleble en la prensa española.
Su legado perdurará en las páginas de los periódicos y en los corazones de aquellos que lo leyeron y admiraron.
En estos momentos de reflexión, muchos se preguntan cómo continuar su legado.
“La mejor forma de honrar a un periodista es seguir buscando la verdad”, afirmaba del Pozo, y es este espíritu el que debe guiarnos en el futuro.
Su vida y obra son un recordatorio de la importancia del periodismo en una sociedad democrática y libre.
Así, con su partida, el periodismo español pierde a uno de sus más grandes maestros, pero su voz seguirá resonando en cada columna que inspire a futuras generaciones de periodistas.

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