Pedro Porro: “A mi abuelo, gracias por enseñarme con el ejemplo el valor del esfuerzo, la humildad y la familia. Todo lo que soy también lleva una parte de ti”
Pedro Porro, uno de los protagonistas del Mundial 2026, ha agradecido a su abuelo todo lo que le ha enseñado para alcanzar el éxito

Pedro Porro ha firmado el mejor verano de su carrera deportiva.
Con apenas 26 años, el lateral extremeño se ha consolidado como una de las grandes figuras de la Copa Mundial de la FIFA 2026, convirtiéndose en un futbolista decisivo para la selección española y en uno de los jugadores más destacados del torneo.
Sin embargo, más allá de los goles, las asistencias y los reconocimientos individuales, la imagen que ha conmovido a todo un país ha sido la de su regreso a Don Benito, donde quiso compartir el mayor éxito de su trayectoria con la persona que más ha marcado su vida: su abuelo Antonio.
En una emotiva publicación en sus redes sociales, el internacional español expresó el profundo agradecimiento que siente hacia quien ha sido mucho más que un abuelo durante toda su infancia.
«Hay lugares que siempre serán casa, y personas que siempre serán el motivo por el que uno nunca olvida de dónde viene.
A mi gente de Don Benito, gracias por estar siempre, por el cariño, el apoyo y por hacer que cada paso que doy también lo sienta como vuestro. Llevar el nombre de mi tierra con orgullo es un privilegio».
Pero el mensaje que más emocionó fue el dedicado a Antonio.
«Y a mi abuelo, gracias por enseñarme con el ejemplo el valor del esfuerzo, la humildad y la familia. Todo lo que soy también lleva una parte de ti. Ojalá puedas sentir lo orgulloso que estoy de nuestras raíces y de todo lo que me has enseñado. Don Benito siempre será mi hogar, y mi familia, mi mayor fuerza».

Sus palabras resumen una historia de sacrificio que comenzó mucho antes de que Pedro Porro debutara en la élite del fútbol europeo.
Nacido el 13 de septiembre de 1999 en Don Benito (Badajoz), Pedro creció en el seno de una familia humilde. Sus padres, Eva y Luis, trabajaban largas jornadas para sacar adelante a la familia.
Mientras su madre comenzaba su jornada laboral de madrugada y su padre aceptaba los trabajos que iban surgiendo, fueron sus abuelos maternos, Antonio y Carmen, quienes asumieron buena parte de su crianza.
El propio futbolista ha recordado en numerosas ocasiones que su infancia estuvo marcada por las dificultades económicas.
«He tenido una infancia difícil por el tema financiero. Cuando mi madre salía a trabajar a las tres, las cuatro o las cinco de la mañana, me llevaba a casa de mis abuelos. Yo lloraba mucho por irme con ellos. Mis abuelos hicieron también esa labor de padre y madre cuando mis padres no podían estar».
Antonio se convirtió entonces en su compañero inseparable.
Lo llevaba diariamente a entrenamientos y partidos por toda Extremadura y posteriormente a Madrid cuando comenzó a dar el salto a categorías superiores. Sin importar la distancia, el frío, el calor o la lluvia, nunca faltó a un solo encuentro.
Quienes compartieron aquellos años recuerdan que Antonio llegaba incluso a transportar en su coche a varios compañeros del equipo para que ninguno se quedara sin jugar.
En más de una ocasión, los padres y los abuelos del futbolista llegaron a dormir dentro del vehículo para poder acompañarlo en competiciones lejos de casa, un esfuerzo que Pedro jamás ha olvidado.
Antes de jubilarse, Antonio trabajó como mecánico-electricista y realizó numerosos sacrificios para que a su nieto nunca le faltaran unas botas, un desplazamiento o una oportunidad de seguir creciendo como futbolista.
Existe incluso una anécdota que refleja perfectamente la relación entre ambos. Cuando Pedro era un niño, Antonio le prometía un euro y un caramelo por cada gol que marcara.
Había partidos en los que el pequeño delantero anotaba cinco, seis e incluso siete tantos, dejando prácticamente sin dinero a su abuelo.
Antonio recuerda entre risas que los fines de semana salía a recoger espárragos y otros productos del campo para venderlos y poder cumplir siempre su promesa.
Además del apoyo económico y logístico, Antonio fue quien transmitió a Pedro los valores que hoy siguen definiendo su personalidad dentro y fuera del terreno de juego.
Entre los consejos que más ha repetido el futbolista destaca una frase que su abuelo le inculcó desde pequeño y que continúa guiando su forma de afrontar la vida: «Vista larga, paso corto y mala leche», una expresión popular con la que le enseñó a mantener la ambición, la prudencia y el carácter competitivo sin perder nunca la humildad.
Todos los entrenadores que lo dirigieron durante su etapa de formación coinciden en destacar que Pedro nunca se conformaba. Competía cada entrenamiento como si fuera una final y siempre quería mejorar.
Aquella mentalidad, unida al respaldo incondicional de su familia, terminó llevándolo a abandonar muy joven Don Benito para continuar su formación en el Rayo Vallecano antes de iniciar una brillante trayectoria profesional que lo llevaría posteriormente al fútbol internacional.
Durante el Mundial de 2026, Antonio volvió a convertirse en uno de los protagonistas inesperados del torneo.
Su espontaneidad y emoción conquistaron a millones de aficionados gracias a las numerosas entrevistas concedidas desde su casa en Don Benito, donde siguió cada partido con la misma ilusión con la que décadas atrás acompañaba a su nieto por los campos de fútbol base.

Antes de las semifinales expresó un deseo que emocionó a toda España:
«El triunfo de mi nieto es la ilusión de mi vida. Es un buen hijo, un buen nieto y un buen padre. Se lo merece. Tráemela a casa, hijo».
Pedro cumplió aquel deseo con una actuación sobresaliente durante el campeonato. Después de comenzar el torneo con un papel más secundario, terminó adueñándose del lateral derecho de la selección española gracias a su extraordinario rendimiento.
Fue protagonista en las semifinales frente a Francia, donde marcó uno de los goles del triunfo y fue elegido mejor jugador del encuentro.
En la final volvió a ofrecer una actuación decisiva, consolidándose como uno de los mejores defensores del campeonato y contribuyendo de manera determinante a que España conquistara su segundo título mundial.
Tras regresar a Extremadura, el futbolista protagonizó una de las imágenes más emotivas de las celebraciones al colocar la medalla de campeón del mundo sobre el cuello de Antonio.
Un gesto cargado de simbolismo con el que quiso devolver, aunque solo fuera en una pequeña parte, todo el esfuerzo que su abuelo realizó durante tantos años para ayudarle a cumplir su sueño.
El recibimiento en Don Benito fue multitudinario. Miles de vecinos salieron a las calles para homenajear a uno de los deportistas más ilustres de la localidad.
Pedro agradeció el cariño recibido y reafirmó el fuerte vínculo que mantiene con sus raíces, recordando que representar el nombre de su pueblo sigue siendo uno de los mayores orgullos de su vida.
El reconocimiento institucional tampoco se hizo esperar. El Ayuntamiento inició el procedimiento para concederle el título de Hijo Predilecto de Don Benito, la máxima distinción honorífica de la ciudad, en reconocimiento no solo a sus éxitos deportivos, sino también a los valores de esfuerzo, humildad, compromiso y cercanía que representa para las nuevas generaciones.
La historia de Pedro Porro demuestra que detrás de cada campeón suele existir una familia que nunca dejó de creer cuando nadie más lo hacía.
En su caso, ese papel lo desempeñó Antonio, un abuelo que convirtió los sacrificios cotidianos en oportunidades, que recorrió miles de kilómetros para acompañar a su nieto y que le enseñó que el éxito solo tiene verdadero sentido cuando nunca se olvidan las raíces.
Hoy, convertido en campeón del mundo y referente del fútbol español, Pedro Porro continúa llevando consigo aquellas enseñanzas que recibió en la infancia. Porque, como él mismo reconoce, todo lo que ha conseguido también lleva una parte de su abuelo.
