El ministro de Transportes, Óscar Puente, está bajo críticas por el colapso del sistema ferroviario durante la Semana Santa que dejó a miles de viajeros sin poder llegar a Málaga

 

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El ministro de Transportes, Óscar Puente, se ha convertido en el foco de una fuerte polémica nacional tras el colapso histórico del sistema ferroviario español en plena Semana Santa, una de las fechas más concurridas del calendario festivo, que habría dejado a miles de viajeros incapaces de llegar a ciudades clave como Málaga debido a cancelaciones, retrasos y suspensión de líneas de alta velocidad que conectan con Andalucía.

Miles de pasajeros quedaron varados en estaciones, muchos sin información clara, cuando la línea de alta velocidad entre Madrid y Andalucía fue interrumpida tras las consecuencias del grave accidente ferroviario de Adamuz (Córdoba) en enero pasado que dejó decenas de muertos y heridos, y cuyas secuelas operativas siguen afectando la red AVE y otros servicios, según han denunciado usuarios e instituciones implicadas en el transporte.

 

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En medio de un escenario ya tenso por acumulación de incidencias ferroviarias en toda España —donde más de seis de cada diez trenes de AVE y larga distancia llegan tarde según datos recientes y existen limitaciones de velocidad por mantenimiento— la gestión de Puente ha sido duramente criticada por líderes políticos y ciudadanos, que han calificado de inaceptable la falta de soluciones eficaces en plena operación salida y retorno de Semana Santa.

Desde Málaga, el alcalde de Madrid, José Luis Martínez‑Almeida, ha señalado con dureza: “Es la primera vez en 10 años que no puedo venir en tren a Málaga en Semana Santa”, atribuyendo directamente al ministro la responsabilidad por la desconexión del servicio y afirmando que negar las consecuencias negativas del colapso “es tomarle el pelo a los malagueños y a los madrileños”.

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, también se sumó a las críticas desde la capital de la Costa del Sol, lamentando que la imagen del turismo español se vea dañada por la falta de trenes y problemas de movilidad, y señalando que España debería proyectar una imagen de eficiencia en plena temporada alta de viajes.

 

El ejemplo de Adamuz - Fernando Díaz Villanueva

 

El desastre ferroviario de Adamuz sigue siendo uno de los antecedentes más graves que ha impactado en la operativa del transporte en 2026: dos trenes de alta velocidad colisionaron en la línea entre Madrid y Sevilla a la altura de Córdoba, provocando 46 muertos y casi 300 heridos, uno de los accidentes más trágicos en décadas en la red española.

Además de su impacto humano, este accidente ha generado restricciones operativas y controles adicionales que han repercutido en la capacidad de trenes para llegar a destinos como Málaga, alimentando la crítica de falta de mantenimiento y visión estratégica en el sistema ferroviario español.

Fuentes del sector ferroviario subrayan que, pese a que el Gobierno está promoviendo la compra de nuevos trenes de alta velocidad por más de 1.300 millones de euros para modernizar la flota, la coexistencia entre trenes antiguos y nuevos continuará generando incidencias y dificultades operativas en los próximos meses, lo que complica aún más una respuesta ágil en periodos de alta demanda como la Semana Santa.

La tensión política también se ha intensificado con acusaciones cruzadas entre el Gobierno central y líderes regionales.

Mientras Puente culpa al cambio climático y a la falta de inversiones anteriores de los problemas en la red de cercanías y larga distancia, otros señalan que la falta de planificación y mantenimiento estructural a largo plazo ha deteriorado la fiabilidad del servicio y ha expuesto la vulnerabilidad del sistema ante picos de demanda o eventos imprevistos.

 

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Muchos viajeros afectados señalaron en redes sociales que los trenes con origen o destino en Málaga fueron cancelados o, en algunos casos, sustituidos por autobuses desde estaciones intermedias, lo que agravó la frustración de quienes planeaban desplazarse para participar en las procesiones y actos religiosos más emblemáticos de la Semana Santa, uno de los periodos más significativos para el turismo cultural y religioso en Andalucía.

Como resultado, el episodio ha dejado una factura política difícil de ignorar para Puente y su cartera de Transportes, con sectores populares calificando su gestión de “boicot” a la movilidad de los españoles justo en una de las fechas más críticas del calendario festivo, y pidiendo explicaciones claras y medidas urgentes para evitar que problemas similares se repitan en futuros periodos de alta movilidad.

En un contexto donde cada vez más ciudadanos demandan mayor inversión en infraestructura, mantenimiento y supervisión operativa —especialmente tras una serie de incidencias, accidentes y retrasos acumulados en los últimos años— el colapso ferroviario de esta Semana Santa y la respuesta oficial marcarán sin duda un antes y un después en el debate sobre la gestión del transporte público en España y sobre la responsabilidad política de quienes dirigen estos procesos críticos para la sociedad.