La Guardia Civil desarticuló una organización criminal que cometió más de 100 robos en seis provincias del sureste de España

 

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La Guardia Civil ha logrado desarticular una organización criminal itinerante que durante meses sembró el terror en gasolineras, comercios y viviendas del sureste de España, esclareciendo más de cien robos cometidos con un patrón meticuloso de actuación y arrestando a cuatro personas señaladas como integrantes de esta red, en el marco de la operación Gasfilter‑Seagas.

Todo comenzó en julio de 2025, cuando agentes especializados en la investigación de delitos contra la propiedad detectaron una serie de asaltos nocturnos en estaciones de servicio de las provincias de Murcia y Alicante que compartían un mismo modus operandi:

los delincuentes actuaban siempre en la madrugada, se desplazaban en vehículos robados y empleaban mazos y herramientas contundentes para forzar accesos y sustraer las cajas registradoras y máquinas expendedoras de tabaco en cuestión de minutos.

Según fuentes oficiales, “no era improvisación, era estrategia” explican investigadores, que describen un método ensayado y repetido en el que el grupo criminal buscaba maximizar el botín antes de desaparecer en zonas aisladas.

 

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La progresión delictiva de la banda sorprendió incluso a los propios agentes.

A medida que avanzaba la investigación, se comprobó que los robos no se limitaban a gasolineras: también actuaron en establecimientos de hostelería y en viviendas con moradores, donde no dudaban en emplear intimidación o violencia para hacerse con dinero, joyas y vehículos con salida fácil en el mercado negro.

Uno de los hechos más llamativos ocurrió en la pedanía murciana de Llano de Brujas, donde en un solo golpe los encapuchados lograron sustraer alrededor de 80.000 euros.

Las imágenes analizadas por los investigadores confirmaron no solo la participación de los sospechosos, sino también el alcance y la violencia del asalto.

Durante los meses siguientes, la actividad del grupo se intensificó y se extendió geográficamente.

En municipios de Murcia como Lorca y Mazarrón, así como en localidades de Albacete —incluidas Cancarix, Agramón y Tobarra—, los delincuentes aprovecharon fechas señaladas como Nochebuena y Nochevieja para perpetrar robos en domicilios, obteniendo dinero en efectivo, vehículos y objetos de valor.

 

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La investigación dio un giro decisivo cuando dos de los miembros fueron interceptados en su desplazamiento hacia Almería, presuntamente para reorganizar su actividad o escapar del foco policial.

En el registro de su vehículo se encontraron numerosas piezas de joyería robadas ocultas bajo los asientos, lo que permitió confirmar su implicación en múltiples delitos y estrechar el cerco sobre el resto de la banda.

Poco después, otros dos sospechosos fueron detenidos en San Javier y Cartagena, completando así la captura de los cuatro individuos que han sido imputados por robo con violencia e intimidación, robo con fuerza, sustracción de vehículos, receptación y pertenencia a organización criminal.

Los registros domiciliarios realizados en Beniel (Murcia) y Palomares (Almería) permitieron la intervención de más de 12.

000 euros en efectivo, dos vehículos, cerca de 50 piezas de joyería y la recuperación de más de una treintena de coches robados que eran utilizados por el grupo como herramienta clave para cometer sus delitos.

 

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La operación también puso de manifiesto la estrategia de seguridad adoptada por los delincuentes para dificultar su localización: utilizaban vehículos robados con matrículas tapadas, cambiaban frecuentemente de teléfonos y tarjetas, y mantenían una movilidad constante entre provincias para evitar ser detectados por las fuerzas de seguridad.

En cifras, la Guardia Civil logró esclarecer robos en seis provincias: 50 en Murcia, 20 en Alicante, 12 en Almería, 10 en Granada, 7 en Albacete y 3 en Cuenca, revelando el alcance y la eficacia con que operaba esta banda criminal en el sureste peninsular.

Tras meses de seguimiento, análisis de patrones delictivos y coordinación entre unidades de Policía Judicial, la operación Gasfilter‑Seagas culmina con la desarticulación de una de las redes más activas y violentas de los últimos tiempos, poniendo fin a un entramado delictivo que llegó a operar con total impunidad hasta ser desvelado por los agentes.

El caso no solo refleja la importancia de la investigación policial silenciosa y meticulosa, sino también plantea interrogantes sobre la presencia de grupos organizados similares que podrían estar operando en otras regiones del país sin ser detectados.

 

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