Alias Corea traicionó a Iván Mordisco, lo que desató una masacre interna en las disidencias de las FARC

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La guerra en el Guaviare, sur de Colombia, se recrudece de manera inesperada.

En un giro sorprendente, el cabecilla de las disidencias de las FARC, alias Corea, habría traicionado a su propio comandante, Iván Mordisco, lo que desató una masacre dentro de sus propias filas.

En el mes de enero, más de 30 guerrilleros fueron fusilados a sangre fría en lo que parece ser una venganza por el control de los recursos del narcotráfico.

Los informes aseguran que la traición de Corea, que tenía acceso a las rutas clave del narcotráfico, llevó a este brutal desenlace.

Steven Mora, periodista que ha seguido de cerca los hechos, detalla cómo el bloque Amazonas de Mordisco fue penetrado desde adentro.

“Alias Corea, uno de los hombres más cercanos a Iván Mordisco, habría traicionado a su líder por la ambición de controlar las rentas del narcotráfico”, explica Mora, señalando que la disputa interna no solo implicaba traiciones, sino también intereses personales y el control de territorios estratégicos.

 

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Durante una madrugada fría de enero, mientras los hombres de Corea dormían, un centenar de guerrilleros bajo el mando de Calarcá rodearon el campamento.

En un acto de crueldad imparable, los disidentes de Calarcá no mostraron piedad.

“Nos sorprendieron. La mayoría fue fusilada a sangre fría. La traición estuvo en su propio corazón”, dijo uno de los sobrevivientes de la masacre, quien logró escapar del cerco impuesto por los disidentes.

A la hora del ataque, más de una treintena de hombres y mujeres fueron asesinados, incluidos cuatro menores de edad, quienes también fueron ejecutados.

Esta masacre refleja la creciente fragmentación dentro de las disidencias de las FARC, que ya no solo luchan contra el ejército, sino entre ellos mismos por el control de las rentas del narcotráfico.

“Lo que antes era una causa guerrillera, ahora es solo un campo de batalla por el poder”, mencionó un experto en narcotráfico que prefirió mantenerse en el anonimato.

A lo largo de estos años, los grupos disidentes han mostrado una preocupante tendencia a convertir sus ideales en una fachada, mientras que los intereses por el control de territorios y rentas ilegales toman el protagonismo.

La traición de Corea a su líder, Iván Mordisco, ha dejado claro que las disidencias no solo pelean contra el Estado, sino también contra sí mismas.

 

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El Guaviare, un territorio clave en el sur de Colombia, sigue siendo el epicentro de esta lucha interna.

En medio de la violencia desatada, los pobladores rurales se sienten atrapados entre los dos bandos.

“La guerra no solo se libra en los campos de batalla, también en los pueblos, donde la gente vive con miedo. Cada día es una incertidumbre”, expresó un habitante del municipio del Retorno, en el Guaviare, zona fuertemente afectada por los enfrentamientos.

El futuro de las disidencias, tanto de Mordisco como de Calarcá, parece incierto.

Si bien la lucha por el poder dentro de las FARC sigue siendo feroz, el panorama para la región es aún más sombrío, con un incremento en las masacres y desplazamientos forzados.

La situación se complica aún más con la cercanía de las próximas elecciones, ya que la violencia genera un clima de inestabilidad que afecta a las comunidades más vulnerables.

Este conflicto dentro de las disidencias no solo revela el desgaste de las antiguas estructuras guerrilleras, sino también la creciente descomposición interna, donde la lealtad ya no tiene cabida, y la única motivación parece ser el control de las rutas del narcotráfico y las ganancias ilegales.

 

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