El Vía Crucis del Papa en La 2, el primero de León XIV desde el Coliseo de Roma, reunió a 178.000 espectadores. ‘Ben-Hur’ fue lo más visto de la tarde del sábado, con un 13,9% de cuota

 

León XIV durante el Vía Crucis en el Coliseo de Roma

 

La Semana Santa de 2026 volvió a demostrar que la televisión española sigue encontrando en la religión, la liturgia y las grandes citas cofrades un foco de atención capaz de alterar la parrilla, movilizar a la audiencia y consolidar espacios que, en otro contexto, parecerían periféricos.

Durante los días centrales de estas celebraciones, La 1 se situó como la cadena líder entre el jueves y el domingo con un 10,5% de cuota de pantalla, su mejor registro en este periodo de los últimos quince años, mientras que en el cómputo semanal alcanzó un 11,7%, el mejor dato de la cadena pública desde 2012.

La mejora no fue marginal, sino una señal clara de que la cobertura religiosa y ceremonial sigue teniendo un peso real en el consumo televisivo español cuando coincide con fechas de alta carga simbólica y emocional.

Ese impulso se apoyó en una programación especialmente volcada en los grandes actos de la Semana Santa, tanto en España como en el Vaticano.

Uno de los momentos más destacados fue el Vía Crucis presidido por León XIV en el Coliseo de Roma, el primero de su pontificado en ese escenario, retransmitido por La 2.

La ceremonia, marcada por la imagen del pontífice llevando personalmente la cruz durante las catorce estaciones, reunió a 178.000 espectadores y firmó un 2% de cuota, una cifra modesta en volumen absoluto, pero significativa para una cadena con un perfil mucho más selectivo y para una retransmisión de fuerte contenido litúrgico.

El propio desarrollo del acto reforzó su dimensión histórica: León XIV recuperó un gesto que no se veía en ese rito desde 1994, en una celebración seguida por miles de fieles en Roma y por una audiencia televisiva muy atenta a la simbología de su primer Viernes Santo como Papa.

 

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La jornada del Domingo de Resurrección también dejó cifras reveladoras.

La bendición Urbi et Orbi, emitida desde el Vaticano, registró en la televisión pública un 6,1% de cuota y 171.000 espectadores, confirmando que las grandes ceremonias papales conservan un poder de convocatoria estable, especialmente cuando se producen en un contexto de fuerte sensibilidad religiosa como el de la Pascua.

En su mensaje, León XIV volvió a situar la guerra, la violencia y la idolatría del lucro en el centro de su reflexión, y esa combinación de actualidad internacional, discurso espiritual y ceremonial solemne ayudó a proyectar el acto más allá del ámbito estrictamente confesional.

Pero la Semana Santa televisiva no se sostuvo solo sobre las retransmisiones religiosas en directo.

También se apoyó en el viejo músculo del cine bíblico y de inspiración cristiana, que conserva una sorprendente fortaleza en estas fechas.

La película Ben-Hur volvió a convertirse en uno de los grandes refugios de la programación festiva y fue lo más visto de la tarde del sábado en La 1, con 1.052.000 espectadores y un 13,9% de cuota.

 

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El dato confirma una tendencia que se repite año tras año: títulos históricos asociados a la Pasión, al cristianismo primitivo o al relato bíblico siguen encontrando una audiencia muy amplia cuando se emiten durante la Semana Santa, incluso en un entorno fragmentado por las plataformas y el consumo bajo demanda.

El fenómeno ya no responde solo a la tradición, sino también a una forma de ritual televisivo heredado que todavía conserva fuerza generacional.

La respuesta de la audiencia tampoco se limitó a RTVE.

Trece y otros operadores especializados reforzaron su programación con películas, retransmisiones y espacios ligados a la liturgia y a las procesiones más emblemáticas.

En el caso de La Madrugá, la cadena alcanzó un 2,6% de cuota y 296.000 espectadores únicos, por encima de su media mensual de marzo, que había sido del 1,9%.

También destacó la emisión dedicada a Los Salzillos, que reunió un 2% de cuota y 492.000 espectadores únicos.

En paralelo, la televisión autonómica murciana La 7 vivió un registro extraordinario con la retransmisión del Viernes Santo y la procesión de Nuestro Padre Jesús Nazareno, que alcanzó un 29,9% de cuota y 122.000 espectadores únicos, el mejor dato de su historia en esa franja para esta cita.

Es decir, la Semana Santa no solo elevó las grandes cadenas generalistas, sino que disparó también la relevancia de las emisiones territoriales profundamente conectadas con la tradición local.

 

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En ese contexto, la religión vuelve a mostrar que no ocupa un lugar residual en la oferta televisiva española, sino que funciona como un contenido de fuerte cohesión cuando se ofrece en fechas y formatos adecuados.

La experiencia de La 2 resulta especialmente elocuente.

El canal encontró en sus emisiones religiosas uno de los pocos segmentos capaces de situarse con regularidad por encima de su media habitual, algo que ya venía ocurriendo con espacios como la misa dominical y otros formatos de inspiración espiritual, y que durante la Semana Santa se intensificó de manera visible.

Lo decisivo no es solo el dato concreto, sino el patrón: cuando la televisión conecta con una vivencia colectiva profundamente arraigada, la audiencia responde de forma mucho más sólida de lo que a menudo se supone en los análisis rápidos sobre secularización y consumo audiovisual.

La conclusión que deja esta Semana Santa es clara.

Las procesiones multitudinarias en la calle tuvieron su espejo en la pantalla, y la televisión pública supo capitalizar esa corriente con una parrilla intensiva, ceremonial y emocionalmente reconocible.

La combinación de liturgia romana, tradición cofrade española y cine religioso clásico devolvió a la televisión lineal una centralidad que rara vez conserva fuera de estas grandes citas.

Y lo hizo con una evidencia difícil de ignorar: en España, la Semana Santa no solo se vive en templos, plazas y balcones, sino también frente al televisor, donde sigue activando un vínculo de memoria, identidad y costumbre que resiste mejor de lo esperado el paso del tiempo.