Un análisis realizado por una inteligencia artificial sugiere que Stonehenge fue construido con piedras seleccionadas de orígenes lejanos y no al azar, lo que implica una planificación y logística mucho más complejas de lo que se creía.

 

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Durante siglos, Stonehenge, ese enigmático círculo de piedras gigantes en Wiltshire, ha fascinado a generaciones.

Con sus orígenes que se remontan a hace aproximadamente 5,000 años, este monumento ha permanecido en silencio, como si esperara que la humanidad descifrara su propósito.

Sin embargo, un reciente análisis realizado por un sistema de inteligencia artificial ha arrojado luz sobre este antiguo misterio, revelando hallazgos que han dejado a la comunidad científica en estado de asombro.

La inteligencia artificial, alimentada con una vasta cantidad de datos arqueológicos, astronómicos y geográficos, ha presentado una lectura inquietante.

“Lo que hemos descubierto no solo desafía lo que creíamos saber sobre Stonehenge, sino que plantea preguntas perturbadoras sobre su verdadero propósito”, afirma el Dr.Anthony Clark, líder del equipo de investigación en la Universidad de Curtin.

“¿Fue realmente un monumento ritual, o hay algo más oscuro detrás de su construcción?”

Tradicionalmente, se ha creído que las piedras azules de Stonehenge provenían de Gales, pero el análisis de la IA ha revelado que la piedra del altar presenta una composición mineral que no coincide con ninguna cantera conocida de esa región.

“La coincidencia más cercana se encuentra a cientos de millas, en el noreste de Escocia”, explica el Dr.Clark.

Este hallazgo ha llevado a los investigadores a cuestionar no solo el origen de las piedras, sino también la logística de su transporte.

 

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Durante años, los especialistas han debatido si las enormes piedras fueron movidas por glaciares o si fue el resultado de un esfuerzo humano monumental.

“La IA no especuló; procesó datos y detectó conexiones que estaban ocultas en un océano de información”, continúa el Dr.Clark.

“Los patrones que emergen sugieren que las piedras no fueron elegidas por azar, sino con una intención específica, cada tipo de roca aportando propiedades únicas que, en conjunto, podrían generar interacciones extraordinarias.”

A medida que el análisis se profundizaba, los investigadores comenzaron a considerar la posibilidad de que Stonehenge no solo fuera un lugar de reunión ritual, sino un dispositivo diseñado para influir en la percepción y las emociones de quienes se congregaban allí.

“Las piedras parecen estar dispuestas de tal manera que podrían alterar cómo las personas experimentan el sonido y su propio cuerpo”, señala el Dr.Clark.

“Esto sugiere que los constructores tenían un conocimiento profundo de acústica y psicología humana.”

El estudio también reveló que las vibraciones de baja frecuencia generadas en el interior del círculo podrían provocar sensaciones de asombro o temor.

“Los visitantes han reportado experiencias extrañas, desde malestar sutil hasta una sensación abrumadora de presencia divina”, dice un arqueólogo que prefirió permanecer en el anonimato.

“Lo que antes atribuíamos a la sugestión podría ser, de hecho, un efecto diseñado.”

A medida que el equipo de investigación avanzaba, comenzaron a preguntarse sobre la naturaleza de la autoridad que pudo haber organizado tal esfuerzo.

“Este no era un proyecto que pudiera surgir de la colaboración espontánea de comunidades independientes”, argumenta el Dr.Clark.

“Las matemáticas sugieren que debió existir una jerarquía fuerte, capaz de coordinar y movilizar a miles de personas durante generaciones.”

 

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Las implicaciones son profundas.

Si Stonehenge fue concebido como un medio de control emocional, entonces su construcción podría haber sido un acto de dominio.

“No estamos hablando de un simple templo, sino de un sistema complejo que podría haber servido para influir en la conducta de grandes multitudes”, afirma el Dr.Clark.

“Esto transforma nuestra comprensión de las sociedades neolíticas, que solíamos ver como simples y primitivas.”

Los hallazgos de la IA no solo desafían la narrativa histórica de Stonehenge, sino que también plantean preguntas sobre la relación entre el poder, la religión y el control social.

“Los constructores de Stonehenge no eran solo arquitectos; eran expertos en manipular la percepción humana”, concluye el Dr.Clark.

“Lo que hemos aprendido es que este monumento es, en esencia, una máquina cultural diseñada para resonar en lo más profundo del ser humano.”

A medida que la investigación avanza, queda claro que Stonehenge es mucho más que un simple círculo de piedras.

Es un recordatorio de la complejidad de las sociedades antiguas y de la profunda conexión entre el ser humano y su entorno.

“Quizás la verdadera pregunta que nos deja Stonehenge es: ¿estamos preparados para escuchar el eco de su mensaje?”, reflexiona el Dr.

Clark, mientras el misterio de Stonehenge continúa desafiando nuestra comprensión.

 

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