Jim Caviezel relató una experiencia espiritual durante el rodaje de La Pasión de Cristo en Matera, donde afirmó haber escuchado una voz interior mientras interpretaba la crucifixión

 

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En el invierno de 2003, en las colinas de Matera, Italia, algo ocurrió en un set de cine que, según quienes estuvieron allí, trascendió los límites de la actuación.

Jim Caviezel, protagonista de La Pasión de Cristo, ha relatado durante años una experiencia que describe como “más real que cualquier escena filmada”.

En una de las secuencias más intensas, suspendido en la cruz bajo frío extremo, afirma haber escuchado una voz interior que no provenía de ningún guion ni dirección humana.

“Estoy muy cerca y necesito decirte algo”, recuerda haber escuchado.

Su respuesta fue inmediata y silenciosa: “Si estás preguntando eso, todavía no estás lo suficientemente cerca”.

Para Caviezel, ese momento no fue actuación, sino un encuentro espiritual que marcaría el resto de su vida.

Antes de aceptar el papel, Caviezel se encontraba en la cima de su carrera.

Tras destacadas actuaciones en The Thin Red Line y The Count of Monte Cristo, era considerado uno de los actores más prometedores de Hollywood.

Fue entonces cuando recibió la llamada de Mel Gibson, quien le ofreció interpretar a Jesucristo en un proyecto arriesgado y profundamente personal.

Gibson fue directo desde el inicio: “Si haces esta película, puede que no vuelvas a trabajar en esta ciudad”.

Caviezel escuchó en silencio y respondió con convicción: “Todos estamos llamados a cargar nuestra propia cruz”.

Esa decisión, tomada en el punto más alto de su carrera, cambiaría su destino de forma irreversible.

 

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La preparación del actor fue poco convencional.

Más allá de técnicas interpretativas, se centró en la dimensión espiritual del personaje.

Asistía a misa diariamente, meditaba sobre los Evangelios y se confesaba con regularidad.

“No estaba construyendo un personaje, estaba intentando abrir espacio para algo más grande”, explicaría después.

Durante el rodaje, las condiciones fueron extremas.

Uno de los episodios más comentados ocurrió durante la filmación del Sermón de la Montaña.

Según el equipo, el clima cambió repentinamente y un rayo impactó directamente a Caviezel.

Minutos después, un segundo rayo cayó en el mismo lugar, afectando también al asistente de dirección.

Ambos sobrevivieron sin heridas graves, un hecho que muchos consideraron inexplicable.

Sin embargo, los desafíos físicos no terminaron allí.

En la escena de la flagelación, un error en la coreografía provocó que un látigo con punta metálica impactara directamente en su espalda, causando una herida profunda.

El grito que aparece en la versión final del filme, según el propio actor, fue real.

“No podía respirar. El dolor fue tan intenso que mi cuerpo entró en shock”.

Durante la secuencia del camino hacia la cruz, Caviezel cargó una estructura de madera real de más de 60 kilos.

En una caída, el peso de la cruz impactó su cabeza, provocando una lesión y la dislocación de su hombro.

A pesar de ello, rechazó detener el rodaje.

“Cristo no bajó de la cruz. Yo tampoco voy a hacerlo”, afirmó.

 

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Las escenas de la crucifixión se rodaron en condiciones climáticas extremas, con temperaturas cercanas al punto de congelación.

El actor sufrió hipotermia y posteriormente desarrolló neumonía.

Años más tarde, reveló que también enfrentó problemas cardíacos derivados del esfuerzo físico, incluyendo una arritmia que requirió intervenciones quirúrgicas.

Pero más allá del sufrimiento físico, Caviezel insiste en que lo más impactante fue la dimensión espiritual de la experiencia.

Durante la crucifixión, afirma haber sentido una presencia que no puede explicar racionalmente.

“No fue algo que escuché con los oídos, fue algo más profundo”, declaró.

“Fui al set como actor y regresé como testigo”.

El impacto del rodaje no se limitó a él.

Miembros del equipo técnico comenzaron a rezar antes de las escenas.

Algunos extras solicitaron ser bautizados.

Actores que inicialmente se declaraban escépticos cambiaron su perspectiva tras la experiencia.

Uno de ellos, que interpretaba a Barrabás, describió un momento clave: “No vi a un actor. Sentí que Jesús me estaba mirando y perdonando”.

Cuando la película se estrenó en 2004, contra todas las previsiones de la industria, se convirtió en un fenómeno global.

Con más de 600 millones de dólares recaudados, desafió las expectativas de Hollywood.

Sin embargo, el éxito no se tradujo en nuevas oportunidades para Caviezel.

 

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El actor ha afirmado que, tras el estreno, fue progresivamente excluido de grandes producciones.

“Me dijeron que mi carrera había terminado. Y en cierto modo, tenían razón”, reconoció años después.

A pesar de ello, nunca expresó arrepentimiento: “Si tuviera que elegir de nuevo, haría exactamente lo mismo”.

Lejos de los grandes estudios, Caviezel reorientó su vida hacia proyectos independientes y actividades personales.

Adoptó tres hijos con discapacidades y dedicó tiempo a conferencias sobre fe y superación.

Su regreso al cine comercial llegó con Sound of Freedom, una producción independiente que logró un notable éxito internacional.

Actualmente, el legado de La Pasión de Cristo continúa.

Mel Gibson ha desarrollado durante años un nuevo proyecto centrado en la resurrección, con una ambición narrativa y espiritual aún mayor.

Aunque Caviezel no retomará el mismo papel, ha manifestado su disposición a seguir vinculado a este universo cinematográfico.

A más de dos décadas del rodaje, su testimonio sigue generando debate.

Entre quienes lo consideran una experiencia espiritual genuina y quienes lo interpretan desde una perspectiva psicológica o emocional, lo cierto es que la historia de Caviezel permanece como uno de los relatos más intensos y singulares en la historia reciente del cine.

Y para el propio actor, la conclusión no ha cambiado con el tiempo: “Aquello fue real. Más real que cualquier otra cosa que haya vivido”.

 

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