La presentadora habló por primera vez de los graves problemas económicos en exclusiva en la revista Lecturas. “Estoy arruinada y en tratamiento psiquiátrico”, revelaba

 

Ivonne Reyes

 

Ivonne Reyes aterrizó en Supervivientes 2026 con una mochila mucho más pesada que la que se ve en cámara.

La presentadora y actriz venezolana, de 58 años, ya no entra en el reality solo como un rostro conocido de la televisión española, sino como una mujer que ha decidido exponer, sin maquillaje emocional, el derrumbe económico y personal que marcó sus últimos años.

Confirmada como concursante oficial a finales de febrero y ya integrada en la aventura hondureña desde el estreno del 5 de marzo, su presencia en el programa ha quedado atravesada por una confesión que cambia por completo la lectura de su concurso: “Estoy arruinada. Empiezo de cero”.

El relato de Reyes no se construye desde un tropiezo puntual, sino desde una caída lenta, acumulativa y devastadora.

Ella misma sitúa el punto de quiebre en la pandemia, cuando una septicemia la dejó al borde de la muerte y abrió una etapa de recuperación física y mental mucho más larga de lo esperado.

En distintas intervenciones públicas ha recordado que aquella infección la llevó a la UCI y cambió por completo su relación con la vida, el trabajo y su propia energía.

“A partir de la pandemia tuve el quiebre”, explicó, al recordar que pasó cerca de tres años sin trabajar y sin fuerza para volver a la rutina profesional que durante décadas había sostenido su economía y la de su entorno.

 

Ivonne Reyes

 

La imagen de la mujer fuerte, sonriente y siempre impecable empezó entonces a resquebrajarse en privado.

Reyes ha reconocido que convivía con una depresión que tardó en identificar y que hoy sigue tratando con apoyo profesional.

“Estoy en tratamiento psiquiátrico y psicológico”, dijo al hablar de una etapa en la que, según sus propias palabras, seguía cargando con responsabilidades familiares y laborales sin concederse el derecho a detenerse.

El golpe no fue solo anímico.

También fue financiero.

Negocios fallidos, proyectos que no salieron adelante, inversiones mal asesoradas y una gestión económica deficiente terminaron por llevarse por delante un patrimonio que durante años parecía sólido.

“Me he dejado tanto dinero en tan malas gestiones”, asumió, sin repartir culpas fuera de sí misma.

La dimensión de la pérdida impresiona incluso dentro del ecosistema acostumbrado al exceso del mundo televisivo.

Reyes admitió haber llegado a perder más de diez millones de euros y, al ser preguntada por una cifra aún mayor, guardó silencio y asintió.

También confesó que tuvo tres viviendas y que ya no conserva ninguna.

La caída no fue simbólica ni parcial: fue patrimonial, total y progresiva.

En ese tránsito, lo prioritario pasó a ser una sola cosa, su hijo Alejandro, a quien quiso garantizar una formación internacional incluso mientras el dinero se deshacía.

“Mi gran responsabilidad es mi hijo”, resumió.

Ese vínculo, lejos de sonar retórico, aparece en su testimonio como una línea de supervivencia emocional.

Ha llegado a decir que, sin él, quizá no estaría aquí.

 

Ivonne Reyes

 

El retrato cotidiano que deja su confesión es todavía más duro que las cifras.

Reyes habló de meses viviendo con alrededor de mil euros, de pagos negociados al límite, de renuncias básicas y de escenas que destruyen cualquier resto de glamour.

“Teníamos 10 euros para ir al mercado y para movernos”, recordó.

También contó que dejó de comprarse ropa y que, en algunos momentos, sacrificó su propia alimentación para que a su hijo no le faltara lo necesario.

“Compro lo que le gusta a él. A mí me da igual”, dijo al explicar una lógica doméstica marcada por la escasez.

Más tarde, ya en la playa de Supervivientes, volvió a resumir aquel tiempo con una frase igual de seca: “Tenía que juntar las monedas para ir al supermercado”.

En medio de ese hundimiento, la presentadora ha optado por acogerse a la llamada ley de la segunda oportunidad, un mecanismo concursal previsto en España para personas físicas insolventes que permite solicitar la exoneración del pasivo insatisfecho si se cumplen determinadas condiciones de buena fe dentro del procedimiento judicial.

La normativa contempla precisamente esa posibilidad de cancelar deudas no satisfechas tras el concurso, siempre bajo requisitos legales concretos y control judicial.

Reyes lo explicó con palabras sencillas y directas: “Si cumples unos requisitos consigues que te cancelen las deudas”.

Añadió que un abogado la ha acompañado en un proceso que describió como largo y restrictivo, hasta el punto de no poder tener bienes a su nombre durante la tramitación.

 

Ivonne Reyes

 

Su paso por el reality, por tanto, no se lee únicamente como un regreso televisivo, sino como una tentativa pública de reconstrucción.

Desde Honduras, compartiendo playa con compañeros como Toni Elías y Alvar Seguí, ha empezado a verbalizar ante las cámaras lo que durante mucho tiempo quedó encerrado en la intimidad del dolor y de la vergüenza económica.

El programa, estrenado el 5 de marzo en Telecinco, la coloca ahora ante una paradoja poderosa: competir por resistir físicamente cuando su verdadero relato es el de una resistencia anterior, más silenciosa y mucho menos espectacular.

En torno a ella, además, empieza a instalarse otra lectura menos cruel y más humana.

Una especialista citada en el universo editorial que ha seguido su caso resumió esa nueva etapa con una frase reveladora: “Cuando las personas se van haciendo más mayores se quieren más”.

Tal vez por eso Ivonne Reyes ha dejado de narrarse como un personaje blindado y ha optado por presentarse como una mujer herida, endeudada, medicada, pero todavía en pie.

No llega a Supervivientes 2026 como quien busca una simple revancha mediática.

Llega como quien intenta convertir la intemperie en una última oportunidad para volver a existir sin fingirse invulnerable.

 

Ivonne Reyes