La infanta Elena de Borbón y su exmarido Jaime de Marichalar evidenciaron su distanciamiento absoluto al evitar saludarse y mirarse durante la tradicional corrida de San Fernando en la plaza de toros de Aranjuez

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Lo que en noviembre de 2007 se anunció institucionalmente como el «cese temporal de su convivencia matrimonial» ha terminado cristalizando, casi dos décadas después, en un divorcio marcado por la frialdad y el desencuentro absoluto.

El paso de los años no ha logrado mitigar la fractura emocional entre la infanta Elena de Borbón y Jaime de Marichalar.

Aunque sus apariciones en el mismo espacio geográfico son extremadamente inusuales, el calendario taurino y los compromisos sociales de la alta sociedad española vuelven a propiciar coincidencias donde la hostilidad silenciosa entre los padres de Victoria Federica y Felipe Juan Froilán resulta imposible de camuflar para el resto de los asistentes.

El último y más evidente episodio de esta distancia insalvable se escenificó este domingo en Aranjuez, una localidad madrileña estrechamente ligada a las tradiciones de la familia real.

La jornada comenzó en la emblemática plaza de toros del municipio, donde con motivo de la festividad de San Fernando se celebró la tradicional corrida del año.

El festejo presentaba un cartel de auténtico lujo que congregó a los diestros Morante de la Puebla, Andrés Roca Rey y Pablo Aguado.

La expectación colmó los tendidos de un público aristocrático y selecto, testigo no solo de la gloria taurina de la tarde, sino también de la estricta estrategia de evitación mutua que la primogénita de los reyes eméritos y el exduque de Lugo mantuvieron durante todo el evento, evitando cruzarse las miradas o emitir el más mínimo saludo de cortesía.

 

La infanta Elena y Jaime de Marichalar, el exmatrimonio, coinciden en la  plaza de toros: sentados a escasos metros

 

Mientras en el ruedo Pablo Aguado se coronaba como el gran triunfador de la tarde ante la mirada entusiasta de su novia, Pilar Prado, la tensión en las gradas se trasladaba al siguiente punto de encuentro de la jornada.

Al caer la tarde, el matrimonio compuesto por el empresario Pedro Trapote y Begoña García-Vaquero abrió las puertas de su residencia en los Jardines de Oñate para celebrar su tradicional cena de gala poscorrida.

La espectacular puesta en escena de la propiedad, transformada en un vergel floral cuidado al detalle por la anfitriona y sus hermanas, sirvió de escenario para un concurrido homenaje a los toreros de la jornada que atrajo a destacadas figuras de la crónica social.

Entre los invitados al evento destacaba Cayetana Rivera Martínez de Irujo, quien asistió acompañada por su tío Fernando Martínez de Irujo, marqués de San Vicente del Barco, captando la atención de los presentes por la consolidación de su noviazgo con el diestro Andrés Roca Rey, quien se sentó a su misma mesa minutos después tras llegar junto a su amigo íntimo Tomás Páramo.

La velada también contó con la presencia del empresario Luis Henríquez, quien asistió en solitario disculpando a su prometida, la presentadora Susanna Griso, por encontrarse en viaje de regreso tras celebrar su despedida de soltera en la localidad portuguesa de Comporta.

Asimismo, rostros habituales de la alta sociedad como Juan Palacios y una radiante Silvia Gómez-Cuétara, acompañada por su nueva pareja Carlos, disfrutaron del ambiente festivo que invitaba a celebrar la reconstrucción de las vidas personales tras las rupturas.

 

La infanta Elena y Jaime de Marichalar se evitan en los toros y en la  fiesta de los Trapote

 

Sin embargo, el contraste definitivo de la noche lo protagonizaron nuevamente la infanta Elena y Jaime de Marichalar.

Aunque ambos aceptaron la invitación inicial y se desplazaron hasta los idílicos jardines de los Trapote tras abandonar la plaza de toros, ninguno de los dos prolongó su estancia para participar en la cena formal.

La decisión de abandonar el recinto antes de que se sirviera el banquete fue interpretada por los círculos presentes como una maniobra coordinada para evitar la incomodidad de compartir un espacio cerrado e íntimo durante horas.

Este doble desplante protocolario confirma que, a pesar de los lazos familiares que los unirán de por vida a través de sus hijos, la relación entre la hermana del rey Felipe VI y su antiguo consorte permanece en un punto de no retorno donde la indiferencia pública es la única herramienta para mantener las formas dentro de la alta sociedad.

 

La infanta Elena coincide con Jaime de Marichalar en la plaza de toros de  Aranjuez