Juan David Calderón García, joven de 21 años, fue encontrado sin vida en Pitalito tras un encuentro con Miguel Antonio Guzmán Mosquera, un hombre de 55 años

 

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En el municipio de Pitalito, Huila, una familia vive un dolor inconmensurable desde el 13 de octubre de 2025, cuando el cuerpo sin vida de Juan David Calderón García, un joven de 21 años, fue hallado dentro de una vivienda tras un encuentro que tenía la intención de cambiar su vida, pero que terminó en tragedia y con muchas preguntas aún sin respuesta.

Juan David, conocido por su carisma, su dedicación a la danza y su sueño de convertirse en modelo, salió de su hogar como cualquier día: con planes, metas y la ilusión de crecer.

Su madre recuerda con tristeza que aquella mañana lo vio partir rumbo a Pitalito y le dijo: “Voy a estar bien, mamá, no te preocupes”.

Nunca volvió a casa.

Esa misma tarde, su cuerpo fue encontrado sin vida en una casa propiedad de Miguel Antonio Guzmán Mosquera, un hombre de 55 años con quien Juan David, según versiones de testigos, había sostenido un encuentro íntimo casual.

La investigación preliminar arroja que habría habido consumo de sustancias y prácticas que dejaron señales inquietantes en el cuerpo del joven, sin que hasta ahora exista una explicación definitiva sobre las causas de su fallecimiento.

Lo que más ha estremecido a la comunidad no es solo la muerte de Juan David, sino el relato de otro joven que asegura haber sobrevivido a un presunto intento de abuso dentro de la misma vivienda.

En un video que circula en redes un testigo anónimo señala con voz entrecortada: “Escapé porque vi que algo no estaba bien.

Yo apenas podía mantenerme en pie.

Él intentó hacerme regresar, pero supe que era peligroso”.

Este relato, difundido en redes sociales, ha generado alarma y exigencias de justicia por parte de familiares y vecinos.

 

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La familia de Juan David, conmocionada, ha denunciado que el presunto implicado actuaría con astucia y sin consentimiento, usando drogas sin que sus acompañantes lo supieran ni dieran autorización.

La madre del joven, con lágrimas en los ojos, expresó: “Él nunca me habló de droga.

Él confiaba en la gente y ese hombre abusó de esa confianza sin autorización alguna”.

Juan David era reconocido en su comunidad por su bondad y su pasión por la danza.

Enseñaba en colegios, participaba en eventos culturales y llevaba consigo el deseo de viajar y ser modelo.

Su familia recuerda cómo él les decía: “Quiero que recuerden lo bueno de mí, eso es lo que no me duele”.

Desde el hallazgo del cuerpo, la Fiscalía General de la Nación no ha emitido un pronunciamiento público que aclare los hechos o brinde detalles concretos sobre el curso de la investigación.

Esta ausencia de información oficial ha aumentado la incertidumbre de la familia, que clama por justicia y por respuestas claras.

La situación se complica aún más ante los rumores sobre la supuesta relación del presunto implicado con altos cargos y un pasado vinculado al estamento judicial.

Aunque estas versiones circulan entre allegados y en redes sociales, no han sido confirmadas oficialmente por las autoridades competentes.

 

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En medio del dolor, la familia ha tenido que lidiar con decisiones difíciles, como la elección de un ataúd para despedir a Juan David.

La madre recuerda que el presunto implicado pagó inicialmente un ataúd económico, pero ella insistió: “Quiero uno bonito, uno digno para mi hijo”.

Esta escena se ha convertido en un símbolo del conflicto entre el dolor de la familia y las acciones del sospechoso.

Mientras tanto, el joven sobreviviente que logró salir de la vivienda sin consecuencias fatales sigue sin poder hablar abiertamente por temor a represalias.

Sus escasos testimonios han despertado una alerta en la comunidad: “Este hombre puede representar un riesgo para otros jóvenes”, aseguró un familiar cercano del testigo.

El caso de Juan David Calderón García no solo ha estremecido a Pitalito y la región del Huila, sino que también ha generado movilizaciones en redes sociales con el lema “Justicia para Juan David”.

La familia permanece firme en su exigencia de que la Fiscalía avance con rapidez y transparencia para esclarecer lo ocurrido y determinar las responsabilidades correspondientes.

Este trágico episodio, que ha puesto en el centro del debate público la seguridad de los jóvenes, el uso de sustancias y las responsabilidades de quienes interactúan con ellos, continúa sin resolverse a cinco meses de los hechos.

Las preguntas siguen abiertas, y la comunidad espera que las autoridades actúen con prontitud para restituir la verdad y garantizar que no haya impunidad en un caso que ha conmovido a miles de personas.

 

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