Radio Televisión Española afronta una grave crisis de credibilidad y consumo con sus principales formatos militantes hundiéndose hasta mínimos históricos de audiencia durante el mes de mayo

 

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La corporación de Radio Televisión Española (RTVE) atraviesa una crisis de identidad y consumo de dimensiones inéditas, reflejo de un castigo implacable por parte de unos espectadores que huyen en masa de su parrilla de programación.

Dentro de los pasillos del ente público, y de forma muy señalada en los despachos de Prado del Rey, la dirección ya admite en privado que el problema ha dejado de ser una simple controversia política para transformarse en un desastre total de cuota de pantalla (*share*).

Los ciudadanos han decidido dar la espalda de manera sistemática a una línea editorial que es percibida con creciente nitidez como un mero apéndice de la estrategia de comunicación de la Moncloa.

Desde el desembarco de José Pablo López en la gestión de los contenidos de Televisión Española, una hoja de ruta impulsada de manera directa por el entorno del presidente Pedro Sánchez, la cadena estatal ha priorizado formatos militantes e ideologizados que han terminado por hundir los audímetros de forma generalizada en este mes de mayo.

 

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El descalabro en los índices de audiencia es absoluto y tiene rostros muy definidos en la programación diaria.

Comunicadores de la talla de Javier Ruiz, Jesús Cintora y Silvia Intxaurrondo han fracasado de manera estrepitosa en su intento coordinado de imponer el relato oficialista entre la ciudadanía, arrastrando a sus respectivos espacios televisivos a los peores registros de su andadura histórica.

Este desplome sin precedentes coincide de lleno con el controvertido tratamiento informativo que la cadena pública ha brindado a los escándalos judiciales de corrupción que acorralan al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero y el polémico caso Plus Ultra.

El empeño de las jefaturas de informativos por minimizar el impacto de las investigaciones del juez José Luis Calama de la Audiencia Nacional ha provocado no solo una rebelión interna y un enorme malestar entre los profesionales históricos de la casa, sino el hartazgo definitivo de los españoles, quienes han desconectado por completo de las pantallas de La 1 en busca de rigor e imparcialidad.

La sangría de datos que maneja minuciosamente la dirección de RTVE refleja una debacle sin paliativos en toda la denominada parrilla gubernamental.

El magacín matinal *Mañaneros 360*, conducido por Javier Ruiz, ha sufrido una caída libre hasta situarse en un raquítico 15,5% de *share*, firmando con ello su peor desempeño mensual desde el pasado mes de octubre y anotando un preocupante mínimo anual que compromete seriamente su continuidad en la franja matutina.

El panorama no es en absoluto más alentador para el polémico formato *Malas Lenguas*, liderado por Jesús Cintora; el espacio apenas ha logrado retener a un paupérrimo 10,7% de la audiencia, registrando formalmente su peor dato de todo el curso televisivo y descolgándose de la competencia directa de las cadenas privadas.

 

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Esta severa crisis de confianza afecta por igual a los pilares informativos de la corporación.

El tradicional espacio *La Hora de La 1*, presentado por Silvia Intxaurrondo, ha visto descender su cuota de pantalla hasta un alarmante 18,2%, lo que representa su peor registro desde diciembre del año anterior, evidenciando que el tono agresivo y la falta de pluralidad del formato ya no logran retener al espectador medio.

Por su parte, la franja vespertina ha certificado el colapso definitivo del programa *Directo al grano*, espacio que se ha quedado completamente congelado en un marginal 10% de cuota.

Sin embargo, el escenario donde las alarmas de Prado del Rey se han encendido con un rojo incandescente es en la edición nocturna de *Malas Lenguas Noche*, también bajo la batuta de Jesús Cintora, un costoso programa de debate político que se arrastra de manera agónica por la programación sin conseguir superar la barrera del 4% de audiencia media.

En la cúpula directiva ya se asume con resignación que, tras haber tomado la controvertida decisión de rechazar por motivos estrictamente ideológicos la emisión de grandes eventos alternativos y al no contar en este período con el colchón financiero y de visibilidad que otorgan las grandes competiciones deportivas internacionales, Televisión Española cerrará el mes con la mayor distancia respecto a Antena 3 de todo el año, situándose a una brecha insalvable de casi 1,8 puntos de diferencia en favor de la cadena principal de Atresmedia.

Mientras las redes sociales se inundan a diario con duras acusaciones que tachan a la corporación de ser una burda televisión gubernamental de corte autocrático, el modelo televisivo encarnado por Javier Ruiz, Jesús Cintora y Silvia Intxaurrondo ha terminado por certificar la quiebra absoluta del prestigio de una RTVE que ha destruido por completo su transversalidad y su vocación de servicio público.

 

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