Hermann Tertsch critica con dureza a Jesús Cintora por supuestamente perseguir y ridiculizar a votantes de Vox en Villar de Tordesillas

 

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El eurodiputado Hermann Tertsch no ha dejado pasar por alto lo ocurrido en el programa Malas Lenguas, que recientemente se desplazó a Villar de Tordesillas, en la provincia de Valladolid, con el objetivo de recoger testimonios de vecinos.

Lo que comenzó como un reportaje de rutina terminó convertido en un episodio cargado de tensión, conflicto y reproches que ha generado un debate nacional sobre la imparcialidad de los medios y el uso de la televisión pública.

A través de su perfil en X, Tertsch explotó contra el presentador Jesús Cintora con un mensaje demoledor: “Se van a Villar de Tordesillas a intimidar a la población.

Es la banda de miserables de la Agapito García Badel, mediático del gobierno de Sánchez”.

El enfrentamiento entre el eurodiputado y el presentador se basa en lo que Tertsch considera una estrategia repetida para señalar y caricaturizar a votantes de Vox.

Según él, no se trata de un hecho aislado: “Son la misma canalla del comisariado mediático”, subrayó, recordando precedentes similares en Andalucía donde se intentó retratar a electores con tintes negativos.

El tono del mensaje ha sido interpretado por muchos como un aviso sobre la intervención política detrás de ciertos contenidos televisivos, especialmente cuando se emiten en canales públicos financiados con dinero estatal.

 

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El equipo del programa encontró un recibimiento hostil en Villar de Tordesillas.

Varias familias mostraron su indignación ante lo que percibieron como un intento de ridiculizarlos.

Algunos vecinos no dudaron en expresar su rechazo de forma contundente, gritando incluso contra el gobierno de Pedro Sánchez.

Uno de ellos exclamó: “Hijo de [] muérete, hijo de []… Hala, ya, hijo”, evidenciando la tensión y el malestar en la España rural.

Estas escenas, captadas por las cámaras del programa, reforzaron la percepción de que la visita no solo careció de equilibrio periodístico, sino que generó un enfrentamiento directo con la ciudadanía.

Frente a estas críticas, Jesús Cintora reaccionó desde el plató con ironía, restando importancia a los hechos y defendiendo su cobertura como un ejercicio periodístico legítimo.

Sin embargo, la controversia ha escalado y los comentarios de Tertsch han avivado aún más el debate sobre el papel de la televisión pública.

Para muchos críticos, programas como este refuerzan la idea de que ciertos espacios mediáticos se encuentran alineados con el gobierno y actúan en función de intereses políticos, en lugar de reflejar la realidad de manera objetiva.

 

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El episodio también abrió un debate sobre la ética profesional en el periodismo.

El eurodiputado insistió en que este tipo de prácticas vulneran la neutralidad que debería prevalecer en medios estatales y que la repetición de este comportamiento evidencia una estrategia deliberada para desacreditar a votantes específicos: “Se van a Villar de Tordesillas a intimidar a la población… banda de miserables”, repitió, dejando claro que la denuncia no era solo sobre un programa, sino sobre una política mediática que, según él, forma parte de un patrón de acoso y manipulación.

El impacto político no se hizo esperar.

Varios sectores reclamaron explicaciones a la televisión pública, y la figura de Jesús Cintora quedó en el centro de la polémica, cuestionada por la cercanía percibida con el gobierno de Sánchez y la utilización de recursos estatales para un contenido que muchos consideran sesgado.

Tertsch, por su parte, ha reforzado su postura en redes sociales, insistiendo en que los votantes no deben ser objeto de campañas mediáticas diseñadas para desprestigiar opiniones políticas, y subrayando que la ciudadanía merece respeto y objetividad en la información.

Mientras el debate continúa, el episodio en Villar de Tordesillas se perfila como un ejemplo más de la polarización política y mediática en España.

Las imágenes de tensión, los gritos de protesta y las declaraciones públicas de Tertsch han convertido un simple reportaje en un episodio histórico de confrontación entre políticos y medios.

La controversia pone de relieve la delicada relación entre el periodismo, el poder y la confianza pública, recordando que cada cobertura puede convertirse en un foco de debate nacional cuando toca los intereses y la sensibilidad de los ciudadanos.

 

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