Guillermo Ungría y Rocío Jiménez se casaron en la iglesia de Santa Bárbara en Madrid en una ceremonia íntima marcada por la lluvia y la emoción

 

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Madrid vivió este fin de semana uno de esos enlaces que combinan discreción, elegancia y una cuidada puesta en escena.

Guillermo Ungría y Rocío Jiménez se dieron el “sí, quiero” en la iglesia de Santa Bárbara, en pleno corazón de la capital, en una ceremonia que reunió a familiares y amigos cercanos en un ambiente íntimo, pese a la expectación generada en el entorno social.

La jornada estuvo marcada por una meteorología inestable que no logró empañar el gran momento.

Minutos antes de la ceremonia, Rocío compartía su optimismo con un breve mensaje captado en vídeo por su equipo de belleza: “No me voy a mojar, soy una novia con suerte”, decía entre sonrisas, mientras se ultimaban los preparativos de su look nupcial.

A la salida del templo, ya como matrimonio, ambos aparecieron tomados de la mano, visiblemente emocionados y sonrientes bajo la lluvia ligera que caía sobre la ciudad.

Los aplausos y vítores de los asistentes acompañaron uno de los momentos más esperados del día, antes de que los recién casados se despidieran en un elegante Rolls-Royce Corniche rojo descapotable, símbolo de una estética clásica y sofisticada que definió toda la celebración.

 

 

La ceremonia religiosa dio paso a una recepción en la Hacienda del Campillo, situada en San Lorenzo de El Escorial, un enclave habitual para celebraciones exclusivas por su entorno natural y sus vistas privilegiadas a la sierra madrileña.

Allí, los invitados disfrutaron de un menú de inspiración mediterránea que combinó tradición y toques contemporáneos, en un ambiente relajado pero cuidadosamente diseñado.

El espacio, conocido por su versatilidad y su arquitectura rústica, ofreció diferentes escenarios para los asistentes: desde zonas ajardinadas hasta un mirador con vistas abiertas al campo, pasando por una pequeña ermita y espacios acondicionados para celebraciones de gran formato.

Todo ello contribuyó a reforzar la sensación de evento exclusivo y personal.

Uno de los elementos más comentados fue el vestido de la novia, firmado por Flor Fuertes, un diseño de líneas limpias y estética clásica reinterpretada.

El vestido destacaba por un drapeado asimétrico en un hombro que caía suavemente sobre la espalda y terminaba en una cola larga y elegante.

El conjunto se completaba con un recogido bajo diseñado por Sonia Marina, que dejaba al descubierto los hombros y la clavícula, aportando equilibrio entre sobriedad y sofisticación.

 

 

Rocío optó por unos pendientes en forma de lágrima con brillo sutil, que aportaban luz al rostro sin romper la armonía del estilismo.

El ramo, compuesto por rosas blancas de gran tamaño, reforzaba el carácter romántico de una boda que, pese a la lluvia, estuvo dominada por tonos suaves y una estética muy cuidada.

La organización del evento estuvo a cargo de Bodas Colorín, con Eva Iglesias al frente de la coordinación general, garantizando que cada detalle se desarrollara según lo previsto.

La planificación incluyó no solo la ceremonia y el banquete, sino también la ambientación musical de la fiesta posterior, que estuvo en manos del DJ Adrián Lozano, encargado de cerrar la noche con una selección de ritmos dinámicos y festivos.

Entre los invitados se encontraban rostros conocidos del entorno social y mediático, como los Cadaval y Beatriz Trapote, quienes acompañaron a la pareja en un ambiente distendido y festivo.

La celebración mantuvo un equilibrio entre lo privado y lo social, evitando la sobreexposición en redes, algo característico de la pareja, que ha mantenido su relación con un perfil discreto.

Guillermo Ungría, hermano de Javier Ungría, conocido por su relación pasada con Elena Tablada, pertenece a una familia con una estructura amplia y compleja, con vínculos empresariales y una trayectoria académica destacada.

Formado en instituciones de prestigio en España y Estados Unidos, lleva más de una década vinculado a la gestión de los negocios familiares, donde ejerce funciones de responsabilidad ejecutiva.

 

 

La pareja ha optado desde el inicio de su relación por mantener una presencia limitada en redes sociales, aunque en los últimos meses comenzaron a compartir algunas imágenes puntuales de su vida juntos.

A principios de 2026, Rocío dejaba entrever la importancia de esta etapa con un mensaje que reflejaba su estado emocional: “Este año será especial”, acompañando una imagen junto a Guillermo en un momento de complicidad.

Su relación también ha estado marcada por viajes discretos a destinos internacionales, como su escapada al archipiélago de Las Perlas en Panamá, donde disfrutaron de unos días de desconexión lejos del foco mediático.

Allí apenas compartieron contenido, reforzando su intención de preservar la intimidad.

Antes del enlace, Rocío celebró su despedida de soltera en Milán junto a sus amigas más cercanas, en un fin de semana que combinó gastronomía, ocio y momentos de complicidad en lugares emblemáticos como la plaza del Duomo.

Aquella escapada fue su último viaje como soltera antes de dar el paso definitivo hacia su nueva vida junto a Guillermo.

La boda de este sábado en Madrid se consolidó así como el inicio de una nueva etapa para ambos, marcada por la discreción, el cuidado por los detalles y el respaldo de su entorno más cercano.

Una celebración que, pese a la lluvia, quedó grabada como un día lleno de emoción, elegancia y promesas de futuro compartido.