Ruy y María compartieron una cita en First Dates marcada por la afinidad espiritual pero sin atracción física por ninguna de las dos partes

 

A una soltera le da grima lo que hace su cita en el reservado: «Me resulta  muy violento»

 

La última entrega de First Dates dejó uno de esos encuentros que comienzan con expectativas espirituales elevadas y terminan en una conexión exclusivamente amistosa.

Ruy, un brasileño de 45 años afincado en Barcelona, y María, una auxiliar de geriatría valenciana de 41, compartieron una velada marcada por la introspección, pero también por la falta de atracción física y un momento incómodo en el reservado del restaurante.

Ruy se presentó como un hombre polifacético: masajista, profesor de yoga, escritor y creador de su propia técnica de masaje.

Tras diez años “completamente solo”, confesó estar convencido de que sus “niveles de conciencia expandida asustan a la mayoría de las personas”.

Su discurso, centrado en el crecimiento personal y la armonía interior, parecía encontrar eco en María, quien también se define como una persona espiritual y explicó que utiliza los registros akáshicos para hallar respuestas en el presente.

Sin embargo, la conexión no surgió desde el primer momento.

Cuando se vieron cara a cara en la barra del restaurante, María experimentó una reacción inmediata que distaba de lo místico.

“Al principio me ha dado un yuyu que no veas”, confesó en privado, reconociendo que físicamente no sintió ninguna chispa.

El hecho de que él fuera más alto que ella tampoco ayudó a generar atracción.

 

La reacción de una soltera al escuchar a qué se dedica en 'First Dates'

 

Ruy, por su parte, tampoco quedó impresionado en el plano físico.

En sus declaraciones ante las cámaras, fue especialmente crítico: “No creo que ella esté armonizada físicamente y emocionalmente.

Cuando la forma corporal es grande, significa que la persona tiene mucha pereza y no se dedica a tener las disciplinas que necesitaría para estar armónica”.

Además, añadió que “la pereza es uno de los peores males que hay”, dejando clara su visión sobre la importancia del autocuidado y la disciplina.

A pesar de esa falta de química visual, la conversación fluyó en términos espirituales.

Ambos compartieron inquietudes relacionadas con la energía, la conciencia y el crecimiento personal.

En un momento de la cena, Ruy le confesó a María: “Tengo la sensación de que ya te conozco cuando miro tus ojos”, una frase que apuntaba a una conexión profunda.

Sin embargo, la valenciana fue clara en su valoración: “Pero no me gusta nada, creo que no tiene nada que ver conmigo”.

La velada transcurrió entre reflexiones y confesiones, pero sin indicios de atracción romántica.

De hecho, ambos coincidieron en que, más allá de la conversación enriquecedora, no se veían como pareja.

La conexión, si existía, era estrictamente espiritual.

El momento más incómodo llegó en el reservado del restaurante, donde Ruy había preparado una sorpresa final: ofrecerle un masaje a María como gesto de cierre de cita.

Para él, era una extensión natural de su profesión y una forma de compartir su energía.

Para ella, en cambio, supuso un límite claro.

La auxiliar de geriatría rechazó la propuesta argumentando: “Yo tengo mis procesos”.

Más tarde, ante el equipo del programa, fue todavía más sincera sobre lo que realmente sintió en ese instante: “Me daba un poco de grima.

Me resultaba muy violento que tocara mi cuerpo”.

María reconoció que, de haber existido atracción y complicidad, su reacción habría sido diferente.

Pero en ausencia de interés físico, la idea de un masaje le generó incomodidad.

Ruy aceptó la negativa con serenidad, manteniendo su discurso de respeto y entendimiento.

Ambos llegaron al momento de la decisión final con una conclusión compartida: podían ser buenos amigos, pero nada más.

La falta de química física y romántica era evidente, aunque reconocieron haber disfrutado de una conversación enriquecedora.

El encuentro reflejó cómo, incluso cuando dos personas comparten intereses espirituales y formas similares de entender la vida, la atracción sigue siendo un factor determinante.

La cita terminó sin reproches, pero con una lección clara: la conexión interior no siempre es suficiente para encender la chispa del amor.