Pau, un soltero catalán de 24 años, regresó al especial de San Valentín de ‘First Dates’ tras una primera experiencia fallida en diciembre

El especial de San Valentín de *First Dates*, el popular programa de citas de Cuatro, volvió a dejar momentos de tensión, humor incómodo y desencuentros emocionales con el regreso de uno de sus solteros más recordados: Pau, un joven catalán de 24 años que ya había pasado por el restaurante en diciembre y que decidió repetir experiencia con la esperanza de encontrar algo distinto.
Sin embargo, la segunda oportunidad terminó siguiendo el mismo camino que la primera: una cita fallida y una despedida sin continuidad.
Pau llegó al programa con la misma energía que lo caracterizó en su primera aparición, consciente de la impresión que suele generar.
Él mismo se definió sin filtros ante las cámaras: “Puedo ser un flipado, pero también todo lo educado y galán que quieras y más”.
Una mezcla de seguridad, ironía y provocación que marcaría el tono de toda la velada.
En su primera visita al programa, su cita terminó con un rechazo claro y una frase que aún resonaba entre los seguidores del formato.
Su acompañante de entonces, Lidia, había sido contundente: “Eres muy intenso, muy flipado, no congeniamos”.
Aquella experiencia no lo frenó, sino que lo impulsó a volver con la intención de ajustar su estrategia… aunque el resultado sería, de nuevo, poco favorable.

En esta ocasión, la producción lo emparejó con Marian, una joven de 22 años que llegaba con una visión bastante crítica de las relaciones sentimentales.
Desde el inicio, ella no ocultó su cansancio respecto a ciertos perfiles masculinos.
En una de sus primeras intervenciones dejó clara su postura: “Son unos infieles y mujeriegos, todos los hombres en los que me he fijado son un cero a la izquierda. A ver si este año puedo celebrar San Valentín de una forma más bonita”.
A pesar de ese discurso, la primera impresión entre ambos no fue del todo negativa.
Marian incluso reconoció cierta atracción inicial al verlo: “Es un chico muy guapo, grande y fuerte, como a mí me gusta”.
El inicio parecía abrir una puerta a la posibilidad de conexión, aunque la conversación pronto empezó a revelar diferencias importantes.
Pau no tardó en mostrarse tal como es.
Con naturalidad y sin filtros, explicó su estilo de vida: “Soy entrenador personal y gogó. También soy muy cañero y muy fiestero”.
Estas palabras, lejos de generar complicidad, encendieron las alarmas en Marian, que ya había tenido experiencias negativas con perfiles similares.
Ella expresó su desconfianza sin rodeos: “No me molesta que sea gogó, pero que sea muy juguetón y de festivales no me fio tanto por el pasado que he tenido con hombres bastante mujeriegos”.

El intercambio de opiniones fue subiendo de tono cuando apareció un término que terminaría marcando la cita.
Pau, intentando describir el panorama actual de las relaciones, lanzó una frase que generó reacción inmediata: “El mercado está muy mal, hay mucho heterobásico”.
El comentario abrió un debate inesperado en la mesa, y Marian no dudó en cuestionarlo directamente: “¿Y tú no te ves así?”.
La respuesta de Pau fue inmediata y defensiva, intentando distanciarse del concepto: “Yo soy un travieso, un diablo, pero heterobásico no”.
Sin embargo, lejos de cerrar el tema, la conversación terminó girando en su contra.
Marian fue tajante al respecto: “Para mí heterobásico es él. Es un heterobásico. No sé qué tiene en mente cuando dice que todos los chicos lo son menos él”.
El ambiente, que ya se había vuelto tenso, terminó de romperse cuando Pau intentó reconducir la cita hacia un tono más personal y directo, apelando a la atracción física y a la afinidad de estilos: “Eres una tía que estás buena, eres rubia, cañera y estamos más o menos en el mismo mundillo”.
Sin embargo, el intento no logró el efecto deseado.
Marian, ya claramente distante, no mostró interés en prolongar el encuentro más allá de esa noche.
La conexión emocional nunca llegó a consolidarse y las diferencias en su percepción de las relaciones resultaron irreconciliables.
La decisión final fue coherente con el desarrollo de la velada: no habría una segunda cita.
El paso de Pau por *First Dates* en esta edición especial de San Valentín confirma una dinámica ya conocida en el programa: la dificultad de algunos solteros para traducir su seguridad personal en una conexión real con la otra persona.
Entre etiquetas, estereotipos y percepciones cruzadas, la cita se convirtió en un espejo de prejuicios mutuos más que en una oportunidad de encuentro.
Así, el regreso de Pau terminó con el mismo desenlace que su primera experiencia televisiva: un “no” como respuesta final y una historia que, lejos de cerrarse con romanticismo, vuelve a dejar abierta la pregunta sobre qué buscan realmente los solteros cuando se sientan a la mesa de *First Dates*.
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