Fernando Clavijo obligó al Gobierno de Pedro Sánchez a modificar el operativo sanitario del crucero MV Hondius, afectado por un brote de hantavirus, para impedir su atraque directo en Canarias

 

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La crisis sanitaria provocada por el brote de hantavirus a bordo del crucero MV Hondius ha desatado uno de los mayores choques institucionales de los últimos meses entre el Gobierno de Canarias y el Ejecutivo central de Pedro Sánchez.

Tras días de tensión política, llamadas de urgencia y acusaciones de “deslealtad institucional”, el presidente canario, Fernando Clavijo, logró imponer una modificación clave en el plan diseñado por el Ministerio de Sanidad: el buque no atracará finalmente en puerto canario y permanecerá fondeado frente a la costa mientras se realiza una evacuación controlada de los pasajeros.

La decisión fue comunicada después de una reunión celebrada en Madrid entre Clavijo, la ministra de Sanidad, Mónica García, y el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres.

El encuentro se produjo en medio de una creciente preocupación social en Tenerife y de fuertes críticas por parte del Gobierno autonómico, que consideraba inaceptable que el crucero afectado por el brote llegara directamente a las islas.

A la salida de la reunión, Clavijo confirmó el cambio de estrategia con un mensaje contundente: “El crucero no atracará. Solo fondeará y la evacuación se realizará mediante una lancha o una nave nodriza”.

El dirigente regional celebró el giro adoptado por el Ejecutivo central y aseguró que la medida “reduce los vectores de posible contagio y riesgo”.

 

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El MV Hondius, un crucero de expedición de bandera neerlandesa, quedó en el centro de la emergencia después de detectarse varios casos sospechosos de hantavirus entre pasajeros y tripulantes.

La Organización Mundial de la Salud confirmó al menos cinco positivos relacionados con el brote y varios fallecimientos vinculados a la enfermedad, considerada potencialmente letal.

El virus, especialmente en su variante andina, puede transmitirse entre personas en determinadas circunstancias y presenta una elevada tasa de mortalidad.

La alarma se extendió rápidamente en Canarias, donde el recuerdo de la pandemia de COVID-19 sigue muy presente.

Trabajadores portuarios, sindicatos y parte de la población local expresaron públicamente su temor a que Tenerife se convirtiera en el epicentro de una nueva crisis sanitaria.

Incluso se llegaron a plantear movilizaciones y amenazas de bloqueo del puerto de Granadilla si el barco terminaba atracando en tierra firme.

Clavijo endureció entonces el tono contra Moncloa.

“No puedo permitir que entre en Canarias”, declaró días antes, reprochando al Gobierno central la falta de información y transparencia en la gestión del caso.

El presidente autonómico denunció que la decisión de aceptar la llegada del crucero se había tomado sin criterios técnicos suficientemente claros y sin coordinar adecuadamente con las autoridades insulares.

 

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Desde el Ministerio de Sanidad se defendió en todo momento que el operativo respondía a recomendaciones internacionales y obligaciones humanitarias derivadas de los protocolos de la OMS y de la Unión Europea.

Sin embargo, la presión política y social obligó finalmente a redefinir el plan inicial.

La nueva operación diseñada contempla que el barco permanezca fondeado frente a las costas canarias sin tocar puerto.

Desde allí, pequeñas embarcaciones especializadas trasladarán de manera aislada a los pasajeros hasta tierra, donde serán conducidos directamente al aeropuerto bajo estrictas medidas de seguridad biológica.

Según explicó Clavijo, los ciudadanos españoles serán derivados posteriormente a Madrid, mientras que el resto será repatriado a sus respectivos países.

“El objetivo es que el barco permanezca el menor tiempo posible en aguas canarias”, insistió el presidente regional.

Además, solicitó formalmente que, una vez concluido el desembarco, el crucero parta inmediatamente rumbo a los Países Bajos para evitar cualquier permanencia innecesaria cerca del archipiélago.

La tensión política ha dejado al descubierto profundas diferencias entre Canarias y el Ejecutivo de Pedro Sánchez respecto a la gestión de emergencias sanitarias.

Desde el entorno de Clavijo se considera que el Gobierno central intentó imponer una decisión sin valorar suficientemente el impacto social y sanitario sobre las islas.

En el Ejecutivo autonómico existe además malestar por la sensación de que Canarias vuelve a convertirse en un territorio receptor de crisis internacionales sin disponer de capacidad real de decisión.

 

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Mientras tanto, expertos sanitarios y organismos internacionales han intentado lanzar mensajes de calma.

La OMS sostiene que el riesgo para la población general sigue siendo bajo y que los protocolos activados reducen significativamente la posibilidad de contagio comunitario.

Aun así, las autoridades sanitarias mantienen una vigilancia permanente sobre todos los pasajeros y tripulantes que permanecen a bordo.

La crisis también ha tenido repercusiones diplomáticas y logísticas a nivel internacional.

Varias decenas de pasajeros habían abandonado previamente el barco en escalas anteriores antes de confirmarse oficialmente el brote, lo que ha obligado a activar un rastreo sanitario global en múltiples países.

Equipos epidemiológicos europeos continúan analizando el posible origen de los contagios, mientras algunas investigaciones apuntan a una excursión realizada en Sudamérica, una de las regiones donde el hantavirus presenta mayor incidencia.

En Canarias, el episodio ha reforzado la imagen de Fernando Clavijo como un dirigente dispuesto a confrontar directamente con el Gobierno central cuando considera amenazada la seguridad del archipiélago.

“La prioridad absoluta ha sido proteger a los canarios”, subrayó tras la reunión en Madrid.

La llegada del MV Hondius ya no será un atraque convencional.

Será un operativo excepcional, vigilado al milímetro y rodeado de máxima tensión política y sanitaria, en un contexto donde cualquier error podría tener consecuencias devastadoras.