El vestido azul con el que Penélope Cruz dejó su sello de elegancia en la boda veneciana de Salma Hayek – News

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El vestido azul con el que Penélope Cruz dejó su sello de elegancia en la boda veneciana de Salma Hayek

La actriz escogió un diseño de firma italiana que combinó con taconazos para asistir a la boda de su gran amiga en Venecia, en 2009

Penélope Cruz en la boda de Salma Hayek en Venecia, en 2009

 

Hay imágenes que pertenecen a una época concreta y otras que parecen escapar del calendario.

El estilismo que Penélope Cruz llevó en la boda veneciana de su gran amiga Salma Hayek pertenece a la segunda categoría.

Han pasado más de 17 años desde aquella celebración y, sin embargo, el vestido azul de líneas asimétricas, las sandalias de tacón y el discreto clutch dorado continúan ofreciendo una lección de elegancia que no depende de las tendencias del momento.

La actriz española acudió a una de las bodas más exclusivas de 2009 sin necesidad de competir con la novia ni de recurrir a un exceso de accesorios: eligió una silueta de fuerte presencia visual, dejó que el color hiciera el trabajo y consiguió uno de esos looks de invitada que terminan adquiriendo una vida propia.

La ocasión no era una boda cualquiera.

Salma Hayek y François-Henri Pinault habían contraído matrimonio civil el 14 de febrero de 2009 en París, pero dos meses después decidieron celebrar una segunda ceremonia en Venecia, ciudad estrechamente vinculada a su historia de pareja.

Los festejos se desarrollaron durante varios días y reunieron a numerosas figuras internacionales del cine, la moda, la música y la sociedad.

Penélope Cruz estuvo entre los invitados junto a Javier Bardem, en una época en la que ambos mantenían su relación con una extraordinaria discreción y evitaban convertir su vida sentimental en un espectáculo público.

La celebración veneciana tuvo lugar el 25 de abril de 2009, con la ceremonia en el Teatro La Fenice y distintos actos alrededor de espacios emblemáticos de la ciudad.

Palazzo Grassi, propiedad de la familia Pinault, fue uno de los escenarios centrales de aquel fin de semana.

La lista de invitados incluía nombres como Charlize Theron, Edward Norton, Ashley Judd, Bono, Gael García Bernal, Woody Harrelson, Stella McCartney y Anna Wintour.

La presencia de Cruz y Bardem añadía, además, un interés especial para la prensa española, que seguía con atención la relación de dos de sus mayores estrellas cinematográficas.

 

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En medio de aquel desfile de celebridades, Penélope Cruz optó por un vestido largo azul de corte asimétrico.

Y precisamente ahí reside buena parte del atractivo del conjunto.

No era una elección estridente, pero tampoco pretendía pasar inadvertida.

El vestido dejaba un hombro al descubierto y presentaba una abertura lateral que introducía movimiento en la silueta.

El tejido, de apariencia fluida y brillante, reforzaba la intensidad del azul y hacía que el vestido cambiara de aspecto con la luz de Venecia.

Existe, no obstante, una discrepancia en las referencias de moda de la época sobre la firma exacta del vestido.

Algunas publicaciones contemporáneas lo atribuyeron a Gucci, mientras que *Vogue España* y otras informaciones publicadas inmediatamente después de la boda identificaron el diseño como un modelo de Versace.

La documentación periodística contemporánea que resulta más consistente sitúa el vestido azul de la ceremonia en Versace, mientras que las referencias a Gucci parecen proceder de una identificación inicial o de una comparación con piezas similares de la colección Primavera/Verano 2009 de la firma italiana.

Por ello, no resulta riguroso presentar como un hecho incontrovertible que Cruz llevara Gucci aquella noche.

Lo que sí está ampliamente documentado es la estética del look: vestido azul Klein, silueta larga y asimétrica, clutch dorado y sandalias de tacón.

La elección del color fue especialmente acertada.

El azul intenso se convirtió durante los años siguientes en uno de los tonos asociados a algunos de los momentos más memorables del estilo de Penélope Cruz.

La actriz ya había demostrado su afinidad por esta gama cromática en los Oscar de 2000, cuando acudió a la ceremonia con un vestido azul de Ralph Lauren.

Aquella noche quedó grabada en la cultura popular española por el momento en que Cruz celebró emocionada el Oscar obtenido por Pedro Almodóvar por *Todo sobre mi madre*.

Su exclamación al director desde el patio de butacas se convirtió en una de las escenas más recordadas de aquella ceremonia.

 

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La relación entre Cruz y Hayek hacía que la elección del vestuario adquiriera, además, una dimensión personal.

Su amistad se remonta a finales de los años noventa y comenzó cuando Cruz empezaba a abrirse camino en Hollywood.

En diferentes entrevistas, la actriz española ha contado que Hayek fue una de las primeras personas que la ayudaron a sentirse acompañada cuando llegó a Estados Unidos.

En una de las historias más conocidas sobre aquella amistad, Cruz recordó que Hayek acudió personalmente a recogerla al aeropuerto y la invitó a alojarse en su casa.

Para una actriz que estaba entrando en una industria nueva y en un país en el que apenas conocía a nadie, aquel gesto tuvo un significado que trascendió la cordialidad profesional.

La amistad sobrevivió a décadas de cambios en sus carreras y a la enorme exposición pública de ambas.

Las dos trabajaron juntas en *Bandidas*, película de 2006 en la que compartieron protagonismo y que reforzó una relación que ya existía fuera de los platós.

Hayek ha hablado en distintas ocasiones de la cercanía que mantiene con Cruz, mientras que la actriz española ha descrito a su amiga como una persona fundamental en su vida desde sus primeros años en Estados Unidos.

Por eso la presencia de Cruz en Venecia no era simplemente la de otra estrella invitada.

Era la de una amiga cercana que había viajado para acompañar a Hayek en uno de los acontecimientos personales más importantes de su vida.

La discreción con la que se organizó el enlace hizo que las imágenes de algunos invitados fueran escasas, lo que contribuyó posteriormente a convertir ciertos estilismos en pequeñas piezas de archivo de la moda de celebridades.

 

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Cruz, además, no llegó a la celebración con un único vestido.

Como ocurrió con varias de las invitadas, cambió de estilismo para los distintos momentos del evento.

Durante la ceremonia lució el vestido azul, mientras que posteriormente apareció con un diseño negro de Versace.

Las fotografías de aquella noche muestran así dos registros diferentes de la actriz: el azul luminoso y sofisticado para la ceremonia y una propuesta negra, más nocturna, para la celebración posterior.

El conjunto azul destacaba también por la manera en que Cruz decidió evitar la sobrecarga.

En lugar de añadir una gran pieza de joyería o un adorno llamativo sobre el hombro, dejó que el propio vestido dominara la imagen.

El clutch dorado aportaba un contraste cálido y las sandalias de tacón contribuían a alargar visualmente la figura.

Su cabello, llevado suelto y con ondas suaves, completaba una imagen deliberadamente menos rígida que la de una alfombra roja tradicional.

Esa capacidad para controlar la proporción es precisamente lo que ha permitido que el estilismo siga resultando actual.

La moda de 2009 estaba marcada por determinados volúmenes, accesorios y códigos de alfombra roja que hoy pueden parecer propios de otra época.

Sin embargo, una silueta asimétrica bien construida, un color intenso y unos complementos cuidadosamente seleccionados no dependen de una tendencia concreta.

Son elementos que funcionan porque la imagen general está equilibrada.

También resulta significativo que Cruz no intentara competir visualmente con Salma Hayek.

La novia llevó un espectacular vestido de Balenciaga diseñado por Nicolas Ghesquière, acompañado de un elaborado ramo y un velo, mientras que la decoración y el propio escenario veneciano aportaban una teatralidad extraordinaria al acontecimiento.

Frente a semejante despliegue, Cruz eligió una estrategia mucho más sencilla: destacar mediante la silueta y el color, pero conservar la distancia visual que corresponde a una invitada.

 

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La boda, por su parte, fue uno de los grandes acontecimientos sociales de aquel año.

Hayek y Pinault habían elegido Venecia porque la ciudad estaba ligada al inicio de su relación.

La pareja se había conocido en 2006 en el entorno de Palazzo Grassi, espacio relacionado con la colección de arte de François Pinault.

La celebración de 2009 convirtió nuevamente ese vínculo con Venecia en el escenario de una reunión internacional de celebridades.

Tras la ceremonia, los invitados se trasladaron a otros espacios de la ciudad, en una celebración marcada por las máscaras venecianas, los paseos en barco y una cena organizada por el chef español José Andrés.

Para Cruz, aquella aparición también tuvo un componente sentimental que iba más allá de la moda.

Su relación con Javier Bardem había comenzado años antes de su matrimonio y ambos habían trabajado juntos en *Vicky Cristina Barcelona*, la película de Woody Allen que terminó siendo determinante en su historia personal.

En 2009 todavía no estaban casados; su boda llegaría en julio de 2010, en una ceremonia privada celebrada en las Bahamas.

Vista desde el presente, la fotografía de Penélope Cruz entrando en la boda de Salma Hayek condensa varios elementos de aquella etapa de Hollywood: dos amigas españolas y mexicanas convertidas en estrellas internacionales, una de las bodas más exclusivas de la década, Venecia como escenario y una pareja formada por dos de los actores españoles más reconocidos.

Pero, por encima de todo, permanece un vestido azul que demuestra por qué ciertos estilismos sobreviven al paso del tiempo.

No fue el vestido más llamativo de aquella boda, ni pretendía serlo.

Tampoco necesitó una cascada de joyas para hacerse notar.

Su fuerza estaba en algo mucho más difícil de conseguir: la seguridad de saber cuándo detenerse.

El azul, la asimetría, el tacón y el brillo dorado construyeron una imagen elegante sin resultar rígida, sensual sin caer en el exceso y sofisticada sin perder naturalidad.

Más de quince años después, aquella aparición de Penélope Cruz en Venecia continúa funcionando como una de esas referencias de moda que recuerdan que la verdadera elegancia no consiste necesariamente en vestir lo más espectacular, sino en elegir exactamente lo que necesita una imagen para permanecer en la memoria.

 

Disclaimer: This story is fictional and created for entertainment purposes only. Any names, characters, places, or events are fictitious or used fictitiously. No real person or organization is intended to be portrayed.

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