El enfrentamiento entre el Tren de Aragua y el grupo AK47 ha convertido a Cúcuta en un escenario clave de violencia por el control territorial y las economías ilegales en la frontera

 

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Cúcuta, epicentro de la frontera colombo-venezolana, se ha convertido en un escenario clave de disputa entre organizaciones criminales que buscan controlar rutas estratégicas, economías ilegales y territorios urbanos.

En este contexto, la ruptura entre el Tren de Aragua y el grupo conocido como AK47 ha desencadenado una confrontación violenta que mantiene en alerta permanente a las autoridades y a la población civil.

En sectores como el terminal de transportes, considerado un punto neurálgico para el comercio formal e informal, la tensión es palpable.

Allí convergen actividades legales e ilegales, lo que lo convierte en un territorio altamente codiciado.

“Estamos en una zona fronteriza donde converge una criminalidad diversa que se dinamiza constantemente”, explicó un miembro de la fuerza pública.

“Esto permite que distintas estructuras encuentren oportunidades para consolidarse y obtener rentas criminales”.

El Tren de Aragua, organización originada en Venezuela, llegó a Cúcuta con el objetivo de expandir sus operaciones, especialmente en el tráfico de migrantes.

Con el tiempo, consolidó su presencia mediante la intimidación, la violencia extrema y el control territorial.

Su accionar incluyó amenazas a comerciantes, extorsiones y asesinatos que marcaron su sello en la región.

“Usted verá si paga la multa o vamos por su familia”, se lee en uno de los mensajes atribuidos a estas redes criminales.

 

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En sus inicios, el grupo AK47 operaba como una estructura satélite del Tren de Aragua en la frontera.

Sin embargo, las tensiones internas y la disputa por el control de economías ilegales llevaron a una ruptura definitiva.

Hoy, ambas organizaciones se enfrentan abiertamente por el dominio de zonas estratégicas en Cúcuta.

“En su momento eran aliados, pero hoy los AK47 funcionan como un grupo independiente que utiliza las mismas prácticas para imponer control”, señaló un analista de seguridad.

La guerra entre estas bandas no solo ha incrementado los niveles de violencia, sino que también ha profundizado el miedo entre los ciudadanos.

Comerciantes y residentes del centro de la ciudad denuncian constantes amenazas.

“Todos los comerciantes tienen que alinearse”, advierte un panfleto firmado por los AK47.

“No nos importa que esté con la Policía o con el gobierno. El que no copie, va para el piso”.

Las autoridades han intensificado los operativos en la zona, logrando capturas clave que han afectado la estructura de ambos grupos.

Uno de los golpes más significativos fue la detención de alias “Flipper”, identificado como un operador financiero del Tren de Aragua y enlace con redes internacionales.

Su captura, realizada en noviembre de 2025, representó un avance importante en la desarticulación de la organización.

“Se trata de un eje estructural que coordinaba movimientos en varios países”, indicaron fuentes oficiales.

 

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Por su parte, los AK47 también han sufrido bajas con la captura de figuras como alias “J”, “el Cirujano” y “el Flaco”, señalados de participar en desapariciones y homicidios en la ciudad.

A pesar de estos resultados, la capacidad de adaptación de estas estructuras criminales les ha permitido mantener su presencia activa.

El terminal de transportes continúa siendo un punto crítico.

Desde allí, según las autoridades, se movilizan armas, dinero y personas hacia distintas regiones del país.

“Es un lugar estratégico porque confluyen múltiples actividades comerciales, incluidas aquellas que facilitan lo ilegal”, explicó un investigador.

“Quien controle este sector, tiene una ventaja significativa en la expansión de sus operaciones”.

La situación en Cúcuta refleja una problemática más amplia en las zonas de frontera, donde la debilidad institucional y la alta movilidad facilitan el accionar de grupos criminales transnacionales.

Mientras tanto, la población civil sigue atrapada en medio de una disputa que parece lejos de terminar.

“Lo que menos queremos es que sigan cayendo víctimas inocentes”, expresó un funcionario local.

Sin embargo, los enfrentamientos continúan y las amenazas no cesan, evidenciando que la lucha por el control territorial sigue siendo una prioridad para estas organizaciones, incluso a costa de la vida de quienes habitan la región.

 

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