La periodista Ketty Garat cuestiona la versión del “viaje en Peugeot” de Pedro Sánchez y sostiene que en realidad se utilizaban vehículos de alta gama durante su campaña interna en el Partido Socialista Obrero Español

La construcción del relato político en torno a la figura de Pedro Sánchez vuelve a situarse en el centro del debate tras nuevas revelaciones que ponen en duda uno de los episodios más emblemáticos de su carrera: el recorrido por España en un supuesto Peugeot 407 durante su regreso al liderazgo del Partido Socialista Obrero Español en 2017.
Durante años, esta imagen ha sido utilizada como símbolo de cercanía, resiliencia y contacto directo con la militancia, convirtiéndose en un elemento clave de su narrativa política.
Sin embargo, la periodista Ketty Garat ha aportado una versión que cuestiona esa construcción.
Según sus declaraciones, el relato del Peugeot no reflejaría con precisión los desplazamientos realizados por Sánchez en aquel periodo.
“Lejos de recorrer el país en un vehículo humilde, se desplazaba en coches de gama alta”, sostiene, señalando la utilización de vehículos de la marca Mercedes-Benz como parte de la logística de la campaña interna.
El contexto de aquel recorrido resulta fundamental para comprender su impacto.
Tras su dimisión como secretario general en octubre de 2016, Sánchez inició una campaña de reconexión con las bases socialistas con el objetivo de presentarse nuevamente a las primarias del partido.
Ese proceso, que culminaría en su victoria en mayo de 2017, estuvo marcado por actos en distintas agrupaciones locales y encuentros con militantes a lo largo de toda España.
El denominado “viaje en Peugeot” se consolidó como un símbolo mediático de esa etapa.
Las imágenes de Sánchez conduciendo, conversando con simpatizantes y recorriendo carreteras secundarias reforzaron una narrativa de proximidad que contrastaba con la estructura institucional del partido.
Sin embargo, las afirmaciones de Garat introducen matices relevantes sobre cómo se desarrollaban realmente esos desplazamientos.
Según su versión, los vehículos utilizados incluían modelos de alta gama que no siempre eran visibles en los actos públicos.
“Eran conscientes del impacto que podía tener la imagen de un coche de lujo, por eso se detenían antes de llegar y el último tramo se hacía a pie”, explica, describiendo una estrategia orientada a cuidar la percepción pública del candidato.
Esta práctica, de confirmarse, evidenciaría una planificación comunicativa más compleja de lo que inicialmente se percibía.
Además, se ha señalado que algunos de estos vehículos podrían haber estado vinculados a fórmulas de renting, habituales en el sector automovilístico, lo que permitiría su uso temporal sin necesidad de adquisición directa.
Este detalle, aunque técnico, añade contexto a la logística de una campaña que combinaba recursos personales, apoyo de colaboradores y organización interna.
El debate no se limita únicamente al tipo de vehículo utilizado, sino al significado político del relato construido.
Para sus defensores, el “Peugeot” representa una etapa de conexión real con la militancia y un esfuerzo personal por recuperar el liderazgo del partido frente a una estructura adversa.
Para sus críticos, en cambio, las nuevas informaciones refuerzan la idea de una narrativa cuidadosamente diseñada.

El impacto mediático de estas revelaciones ha sido inmediato, reabriendo discusiones sobre la autenticidad en la comunicación política y el uso de símbolos en la construcción de liderazgo.
La figura de Sánchez, que logró regresar al liderazgo del PSOE contra pronóstico y posteriormente alcanzar la presidencia del Gobierno, vuelve a ser analizada desde la perspectiva de cómo se construyen y proyectan las historias políticas.
En paralelo, el nombre de Ketty Garat ha adquirido relevancia en este contexto por su trayectoria en investigaciones periodísticas, lo que ha contribuido a amplificar el alcance de sus declaraciones.
Sus afirmaciones han generado reacciones diversas, desde quienes consideran necesario revisar el relato hasta quienes defienden que el símbolo del Peugeot trasciende los detalles logísticos.
El episodio refleja, en última instancia, la importancia de la narrativa en la política contemporánea.
Más allá de los hechos concretos, la manera en que se comunican y se perciben puede influir de forma decisiva en la imagen pública de un líder.
En el caso de Pedro Sánchez, el “viaje en Peugeot” sigue siendo un elemento central de su historia política, ahora sometido a un nuevo escrutinio que añade complejidad a un relato que durante años se ha presentado como ejemplo de superación y cercanía.

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