El Real Madrid cayó 4-2 ante el Benfica en Lisboa, mostró graves carencias tácticas y cerró la noche con el insólito gol del portero Trubin en el minuto 97.

 

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La derrota del Real Madrid ante el Benfica en Lisboa no fue solo un golpe deportivo, sino un episodio que dejó al descubierto tensiones profundas, dudas tácticas y un clima de crispación que se trasladó del césped a la sala de prensa y al entorno mediático.

El 4-2 encajado en Portugal, con un gol del portero Trubin en el minuto 97, se convirtió en una imagen simbólica de una noche que muchos calificaron de ridícula y vergonzosa para el conjunto blanco.

Álvaro Arbeloa compareció ante los medios con un discurso firme en la forma, pero cuestionado en el fondo.

Desde el primer momento, el técnico quiso transmitir calma y responsabilidad.

“No me arrepiento de ningún mensaje porque es lo que creo”, afirmó cuando fue preguntado por sus declaraciones previas y por la actitud de los jugadores de ataque.

Para Arbeloa, reducir el análisis a la falta de esfuerzo de los delanteros era una explicación simplista: “Si tu reflexión es que el partido de hoy es porque los dos de arriba no han corrido lo suficiente, yo no estoy en absoluto nada de acuerdo”.

El entrenador reconoció que el equipo estuvo lejos del nivel exigido durante buena parte del encuentro.

“Hoy hemos estado lejos de lo que queríamos ser, de la dificultad del partido, de la exigencia del rival”, explicó, antes de añadir una frase que se repetiría como un mantra a lo largo de la comparecencia: “No hemos sido capaces de estar 90 minutos a la altura de lo que necesitábamos”.

Esa afirmación generó incredulidad entre analistas y aficionados, que se preguntaban en qué momento concreto el Madrid fue superior al Benfica.

 

El gol con el que el arquero del Benfica derrotó 4-2 al Real Madrid en  Champions: video

 

La autocrítica de Arbeloa fue constante y directa.

“No he sabido imprimir a los jugadores lo que quería que hicieran en el campo, el nivel que yo quería que diesen”, reconoció sin rodeos.

Y fue aún más contundente al asumir toda la responsabilidad: “Cuando las cosas no salen, la responsabilidad es siempre y absolutamente mía”.

El técnico insistió en que el vestuario debía mirar hacia adelante y centrarse en los próximos compromisos, recordando que el equipo aún tenía margen en la competición: “No es que nos hayan eliminado de la Champions ni mucho menos.

Tenemos dos partidos por delante y los vamos a afrontar con el objetivo de pasar la siguiente ronda”.

Sin embargo, el desarrollo del partido dejó heridas abiertas.

El Benfica fue superior en lo táctico y en lo físico, empujado por su público y por la necesidad de ganar.

El momento más surrealista llegó en el descuento, cuando Trubin, portero del conjunto lisboeta, se sumó al ataque y marcó el gol definitivo.

 

Mourinho nach der Trubin-Ekstase: "Wir wussten, dass er es kann - wir  wussten es!" - kicker

 

Arbeloa lo explicó desde la lógica del riesgo: “Ellos tenían que asumir un riesgo, nosotros también, y al final han ganado ellos”.

Aun así, la imagen de Thibaut Courtois felicitando a Trubin tras el pitido final llamó poderosamente la atención y fue interpretada por parte del madridismo como una escena fuera de lugar en un contexto de derrota tan dolorosa.

La noche también estuvo marcada por la polémica arbitral.

Varias acciones fueron objeto de debate, desde una intervención de Mbappé sobre Trubin en un saque del guardameta hasta posibles penaltis en el área.

Arbeloa evitó entrar en exceso en ese terreno, aunque la sensación general fue que el encuentro dejó decisiones discutibles que alimentaron la indignación de la afición blanca.

En lo deportivo, las decisiones técnicas del entrenador tampoco escaparon a la crítica.

La apuesta por jugadores jóvenes en un contexto tan delicado, la ausencia de cambios en las grandes figuras y la entrada de futbolistas que no atraviesan su mejor momento fueron señaladas como síntomas de una gestión conservadora.

Preguntado por los cambios, Arbeloa se limitó a explicar que fueron “decisiones puramente técnicas”, tomadas para proteger al equipo ante el riesgo de expulsiones.

 

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Más allá del resultado inmediato, la derrota en Lisboa abrió el debate sobre el futuro del banquillo del Real Madrid.

En los pasillos y en el entorno mediático comenzó a sonar con fuerza un posible plan alternativo en caso de que la temporada termine sin títulos.

El nombre de Unai Emery apareció como una opción que algunos consideran más experimentada y con mayor carácter para gestionar un vestuario de estrellas.

La sola mención de esa posibilidad refleja el nivel de presión que rodea actualmente a Arbeloa.

El propio técnico trató de cerrar filas con un mensaje de trabajo y continuidad.

“Sabíamos antes de venir aquí que teníamos mucho que mejorar y que aún nos queda mucho por hacer”, afirmó, intentando rebajar la sensación de crisis.

Pero la realidad es que el golpe recibido en Lisboa dejó una huella profunda.

El Real Madrid no solo perdió un partido clave, sino que expuso sus fragilidades en una noche europea que será recordada por la dureza del marcador, la crudeza del análisis posterior y la certeza de que el margen de error se ha reducido al mínimo.

El Benfica celebró una victoria histórica; el madridismo, en cambio, se marchó con la sensación de haber tocado fondo.

Entre la autocrítica de Arbeloa, la polémica arbitral y los rumores sobre el futuro del banquillo, el club blanco afronta ahora un periodo decisivo en el que cada partido puede marcar el rumbo de la temporada y el destino de su entrenador.

 

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