Un alto oficial de la Marina, Fernando Guerrero Alcántar, denunció un fraude fiscal de 600,000 millones de pesos relacionado con el huachicol fiscal dentro de la institución

Un alto oficial de la Marina, contraalmirante Fernando Guerrero Alcántar, destapó uno de los fraudes más colosales que jamás haya ocurrido en México, un escándalo que se extiende hasta el corazón mismo de las fuerzas armadas.
Guerrero, con pruebas irrefutables, subió a la oficina del secretario de la Secretaría de Marina, el almirante José Rafael Ojeda Durán, y le presentó todo el entramado de corrupción que involucraba a funcionarios de alto rango y empresarios.
En una grabación de 19 minutos, Guerrero expuso cómo un grupo de altos mandos de la Marina estaba vinculado al huachicol fiscal, un fraude que desviaba miles de millones de pesos del erario mexicano.
“Todo esto es más grande de lo que imaginas, almirante.
Estoy hablando de 600,000 millones de pesos que se han robado”, dijo Guerrero, mientras explicaba los mecanismos utilizados por los responsables.
A lo largo de la conversación, se detalló cómo los cargamentos de combustible eran declarados como aceites o productos industriales para evadir impuestos.
Las ganancias de este fraude eran tan colosales que los buques cisterna que transportaban combustible a México no eran uno o dos, sino más de 30 entre 2023 y 2025.
Con cada carga, el gobierno mexicano perdía millones de pesos en impuestos que jamás llegaron al erario.

Las investigaciones de la Fiscalía General de la República confirmaron lo que Guerrero había denunciado.
En su denuncia, mencionó cómo los hermanos Farías Laguna, figuras claves dentro de la red, estaban operando desde aduanas estratégicas como las de Veracruz, Altamira y Tampico.
“Nos daban 500,000 pesos semanales”, relató Guerrero, refiriéndose a los sobornos que se repartían entre los responsables de facilitar el ingreso de estos cargamentos ilegales.
El esquema era tan grande que el huachicol fiscal llegó a ser considerado el robo más grande en la historia del país, un fraude que supera incluso el caso de la famosa “Estafa Maestra”.
Sin embargo, lo que siguió a esta denuncia fue aún más inquietante.
A pesar de la gravedad de las acusaciones, Guerrero fue rápidamente reasignado a un puerto alejado, una estrategia que se interpretó como una forma de silenciarlo.
“Lo enviaron lejos, para que no pudiera seguir con su investigación”, dijeron fuentes cercanas a la Marina.
Pero lo peor estaba por venir: apenas meses después, Guerrero fue asesinado en un atentado que la Fiscalía General de la República vinculó directamente con sus denuncias de corrupción.
Lo más aterrador de todo esto es la reacción del almirante Ojeda Durán, quien, según la grabación, no mostró sorpresa ni indignación ante las revelaciones de Guerrero.
En su lugar, respondió calculando las opciones: “Lo que estamos viendo aquí es una bomba, y hay que decidir si la destapamos o tratamos de cubrirla”, afirmó el almirante Ojeda en ese inquietante encuentro.
Esta respuesta, más que una reacción de horror, dejó entrever que el secretario ya estaba al tanto de la magnitud del fraude.

El caso de Guerrero Alcántar fue un claro aviso de la corrupción que se gestaba dentro de la propia Marina, una institución a la que se le había confiado la seguridad de los puertos y aduanas de México.
Y, sin embargo, cuando Guerrero denunció los hechos, los que debían protegerlo no solo lo ignoraron, sino que también lo silenciaron.
La grabación y la carta manuscrita de Guerrero, que fueron encontradas tras su muerte, sirven como prueba de su valiente lucha por destapar la verdad.
El asesinato de Guerrero no es un hecho aislado.
La investigación en torno a su muerte sigue sin avances significativos, y las preguntas sobre la complicidad interna en la Marina no han sido respondidas.
Mientras tanto, el caso sigue siendo opaco, y el destino de los responsables, incluido el propio almirante Ojeda, permanece incierto.
En una reciente conferencia, el fiscal general defendió al almirante, revelando que Ojeda había acudido a la FGR meses antes para denunciar irregularidades dentro de la institución, algo que solo aumentó la sospecha sobre su involucramiento en el encubrimiento del fraude.
La lucha por la justicia en este caso es más compleja que nunca.
Mientras los responsables de la red de huachicol fiscal enfrentan cargos, la sombra de la corrupción dentro de las más altas esferas de la Marina sigue pesando sobre el país.
La sociedad mexicana espera respuestas, pero el silencio institucional sigue siendo ensordecedor.
La pregunta que persiste es, ¿quién realmente está detrás de todo esto, y cuándo se hará justicia para el valiente oficial que pagó con su vida por intentar detenerlo?
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