La declaración judicial de Enríquez Negreira señala a Joan Gaspart como el primer presidente del FC Barcelona que impulsó los pagos por informes arbitrales entre 2000 y 2003.

 

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El caso Negreira ha dado un giro trascendental que marca un antes y un después en uno de los procesos judiciales más sensibles del fútbol español.

La reciente declaración de José María Enríquez Negreira ante la jueza instructora ha introducido nuevos elementos de enorme gravedad, al señalar directamente al expresidente del FC Barcelona Joan Gaspart como el dirigente que, según su testimonio, mostró el primer “interés extremo” en establecer pagos continuados a cambio de informes arbitrales durante su mandato entre los años 2000 y 2003.

Hasta ahora, el procedimiento judicial se había caracterizado por una sucesión de negaciones, silencios coordinados y estrategias dilatorias por parte de los implicados, mientras el club azulgrana sostenía públicamente que no existió ninguna irregularidad y que los pagos respondían a supuestos servicios de asesoría.

Sin embargo, la comparecencia de Negreira ante la magistrada ha alterado de forma sustancial ese escenario.

Según lo expuesto en sede judicial, su declaración no fue ambigua ni parcial, sino detallada y directa, describiendo el funcionamiento de un sistema de pagos prolongado en el tiempo y conocido, siempre según su versión, por la cúpula del club.

El elemento más delicado de esta declaración es la identificación expresa de Joan Gaspart como el primer presidente que habría impulsado este tipo de relación.

El propio Gaspart había comparecido días antes como testigo, asegurando bajo juramento no tener conocimiento alguno de los pagos realizados a Negreira durante su etapa al frente del Barcelona.

 

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A la salida del juzgado, el exdirigente lanzó duras declaraciones contra el presidente del Real Madrid, afirmando textualmente que “el Real Madrid y Florentino Pérez no le hacen daño al Barça, se lo hacen al fútbol”, presentándose como víctima de una supuesta campaña de desprestigio.

La contradicción entre ambas versiones sitúa ahora el foco judicial sobre Gaspart.

En términos legales, la situación es especialmente delicada, ya que el testimonio de Negreira contradice de forma frontal lo declarado previamente por el expresidente azulgrana.

La jueza deberá determinar cuál de las dos versiones resulta más verosímil a la luz de las pruebas documentales y bancarias incorporadas al procedimiento.

Una de las dos declaraciones, inevitablemente, no se ajusta a la verdad.

Negreira, por su parte, habría explicado ante la magistrada que los pagos no eran puntuales ni improvisados, sino parte de un sistema organizado de adquisición de información relacionada con el estamento arbitral.

Siempre según su testimonio, Gaspart conocía perfectamente el alcance y la finalidad de dichos pagos, y no existía ninguna ambigüedad sobre el servicio que se estaba contratando.

La defensa basada en “asesorías verbales”, utilizada durante años por el club para justificar las transferencias económicas, “no se sostiene bajo ninguna circunstancia”, habría afirmado Negreira durante su declaración.

 

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Este relato adquiere especial relevancia porque, de confirmarse, desmontaría la tesis de que los pagos fueron decisiones aisladas de directivos concretos sin conocimiento presidencial.

La declaración apunta, en cambio, a una estrategia conocida y aceptada desde la presidencia del club, que posteriormente habría continuado bajo mandatos sucesivos.

En ese contexto, el caso dejaría de centrarse exclusivamente en la figura de Negreira para extender sus implicaciones a la estructura directiva del FC Barcelona durante casi dos décadas.

Desde el punto de vista jurídico, las consecuencias para Joan Gaspart podrían ser severas.

Además de una eventual responsabilidad económica, se estudia la posible apertura de una causa por presunto falso testimonio, dado que su declaración como testigo quedó registrada en acta judicial con pleno valor legal.

Declarar de forma inexacta ante un juez constituye un delito grave en el ordenamiento penal español, con penas que pueden incluir multas significativas e incluso prisión.

El impacto de esta nueva fase del proceso trasciende lo personal.

Afecta directamente a la credibilidad institucional del FC Barcelona y a la narrativa sostenida durante años por el club, que ha defendido su inocencia y ha denunciado una supuesta persecución externa.

Esa línea argumental se debilita cuando la acusación no procede de un rival deportivo, sino del propio exvicepresidente del Comité Técnico de Árbitros que recibió los pagos investigados.

 

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En el entorno del Real Madrid, la reacción ha sido de prudencia y silencio.

Florentino Pérez no ha realizado declaraciones, y desde el club blanco se insiste en que “los hechos hablan por sí solos”.

Durante años, el presidente madridista fue señalado como impulsor de una campaña contra el Barcelona; ahora, la evolución del caso refuerza la idea de que sus denuncias públicas respondían a la necesidad de esclarecer una situación que consideraba perjudicial para la integridad de la competición.

La jueza instructora deberá ahora valorar la credibilidad de la confesión de Negreira, contrastar sus afirmaciones con la documentación bancaria y decidir si existen indicios suficientes para ampliar las imputaciones.

Las próximas semanas serán determinantes.

De confirmarse la veracidad del testimonio, el caso Negreira entraría en una dimensión completamente distinta, con posibles consecuencias penales, económicas y deportivas de gran alcance.

Más allá de las responsabilidades individuales, el proceso plantea un serio debate sobre la transparencia y la gobernanza en el fútbol español.

La declaración de Negreira ha reabierto preguntas que parecían enquistadas: quién sabía qué, quién autorizó los pagos y con qué finalidad real.

La justicia tendrá la última palabra, pero el impacto reputacional ya es profundo y difícilmente reversible.

El caso ha dejado de ser una controversia latente para convertirse en un asunto central que amenaza con marcar una época en la historia reciente del deporte español.

 

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