La audiencia censura en redes sociales la estrategia de El Gran Wyoming de recurrir al exjuez inhabilitado por prevaricación para desacreditar el control del CGPJ sobre el Ejecutivo.

 

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MADRID

El panorama mediático nacional ha vuelto a registrar un episodio de fuerte controversia política y social.

Las redes sociales han escenificado una oleada de indignación y duras críticas dirigidas contra el presentador de La Sexta, José Miguel Monzón, conocido artísticamente como «El Gran Wyoming», tras el desarrollo de la última emisión de El Intermedio.

Los espectadores han censurado con severidad lo que consideran un intento de atenuar la repercusión de los presuntos escándalos de corrupción que afectan al Partido Socialista a través del uso de la televisión pública y sus satélites concesionarios.

Para encauzar el debate sobre la crisis institucional, el espacio televisivo optó por invitar al exmagistrado Baltasar Garzón, presentándolo como una presunta autoridad moral en la materia.

La elección del perfil fue recibida con un profundo rechazo por parte de un sector significativo de la audiencia, que no tardó en recordar los antecedentes del interlocutor, calificando la maniobra de servicio al relato oficial de La Moncloa.

 

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La polémica sobre la idoneidad de Garzón como prescriptor de la neutralidad judicial radica en su propio historial.

Cabe recordar que el Tribunal Supremo inhabilitó por unanimidad a Garzón en el año 2012 por un delito de prevaricación, al haber ordenado escuchas ilegales durante la investigación del «caso Gürtel», convirtiéndose desde entonces en el paradigma del denominado activismo judicial.

A pesar de este antecedente, el programa de La Sexta no dudó en utilizar su testimonio para arremeter contra los posicionamientos del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) y restar credibilidad a las investigaciones en curso que cercan al entorno del presidente Pedro Sánchez, tales como las diligencias previas dirigidas por el juez Juan Carlos Peinado.

El cuestionamiento al Poder Judicial

Durante el transcurso de la entrevista, el presentador introdujo la cuestión mediante una formulación que fue interpretada como una provocación directa hacia la judicatura: «El Consejo vuelve a regañar al Gobierno por las críticas.

¿Tienen razón? ¿O es que a los jueces les irrita más una crítica que una toga de esparto?», planteó Monzón, asumiendo la línea argumental del Ejecutivo de presentar el control judicial como una anomalía democrática.

 

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Como era de esperar, Garzón aprovechó el altavoz que le brindaba la cadena privada para respaldar la campaña de presión que el Ejecutivo mantiene sobre los tribunales de justicia.

El exjuez inhabilitado lamentó que se pretenda establecer lo que denominó un «manto de protección» sobre los instructores de las causas políticas, asegurando que las severas descalificaciones emanadas desde los ministerios son, a su juicio, un ejercicio democrático saludable.

«Las críticas que se han hecho van en esa dirección, no en la descalificación ni del juez ni de la justicia», argumentó Garzón en el plató.

Esta postura ha terminado por encender el ánimo de una audiencia que acusa al programa de instrumentalizar el periodismo y la sátira con el único fin de blindar las estructuras del poder político frente a la acción legítima de los tribunales.

 

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