La venta de material militar a la Venezuela de Hugo Chávez cuando José Bono era ministro de Defensa derivó en un contrato reducido a 1.207 millones de euros tras la presión de Estados Unidos

 

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Las dudas en torno a José Bono han vuelto al primer plano tras reactivarse el debate sobre la venta de material militar a la Venezuela de Hugo Chávez y la existencia de una comisión millonaria que terminó en cuentas suizas.

La operación se remonta a 2004, cuando Bono ocupaba el Ministerio de Defensa y mantuvo una relación especialmente estrecha con el mandatario venezolano durante su visita oficial a España.

Aquel acercamiento político cristalizó poco después en un contrato de gran envergadura para la venta de armamento.

El acuerdo inicial ascendía a 1.700 millones de euros e incluía doce aviones militares y ocho fragatas construidas por Navantia.

La firma del convenio situó a España en el centro del foco internacional, especialmente por las implicaciones geopolíticas de reforzar militarmente al régimen chavista.

El plan, sin embargo, sufrió un duro revés tras las protestas de Estados Unidos, que bloqueó la transferencia de tecnología estadounidense incorporada en las aeronaves.

La presión obligó a una rectificación.

El contrato se redujo finalmente a 1.207 millones de euros y quedó limitado a los buques.

Desde el entorno del Ministerio se restó importancia a las críticas, defendiendo la legalidad de la operación y su carácter estratégico para la industria española.

 

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Lejos de disiparse, las sospechas crecieron con el paso de los años.

El escándalo tomó un nuevo impulso en 2017, cuando la exfiscal general venezolana Luisa Ortega Díaz entregó documentación a la CIA y a Interpol.

En esos documentos se sostenía que Venezuela no pagó 1.207 millones de euros, sino 1.249 millones.

La diferencia, aproximadamente 42 millones, habría sido canalizada a través de la empresa intermediaria Reb Holding hacia una cuenta en Suiza.

Según esa documentación, el dinero fue distribuido entre distintas personas y estructuras societarias.

Al menos 12 millones habrían acabado en manos de empresarios españoles vinculados a organismos públicos, mientras que el destino final del resto no quedó plenamente esclarecido.

La existencia de esa comisión millonaria fue objeto de investigación judicial en España durante años.

La justicia española confirmó como hecho probado la existencia de la comisión, así como la circulación del dinero por cuentas opacas en Suiza y su paso por diferentes países.

No obstante, el caso fue archivado en 2021 al concluirse que los fondos no salieron directamente de las arcas públicas españolas, un argumento que generó controversia y dejó abiertas incógnitas sobre los beneficiarios últimos de esos millones.

 

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El episodio ha cobrado nueva relevancia tras recientes revelaciones sobre el patrimonio de Bono y sus presuntas redes societarias y activos en el extranjero.

Aunque no se han presentado pruebas concluyentes que lo incriminen directamente en el cobro de comisiones, su nombre ha vuelto a aparecer en declaraciones clave dentro de la investigación sobre las relaciones entre España y el régimen chavista.

Uno de los testimonios más sensibles fue el del exjefe de la inteligencia militar venezolana, Hugo Carvajal, conocido como “El Pollo” Carvajal.

Ante la Audiencia Nacional, aseguró que conocía detalles de la operación y señaló a José Bono como una figura relevante en el entramado de relaciones bilaterales.

Sus palabras reavivaron la polémica y reforzaron la percepción de que la operación fue algo más que un simple contrato comercial.

Desde el entorno del exministro siempre se ha defendido la legalidad de su actuación.

En anteriores intervenciones públicas, Bono ha rechazado cualquier insinuación de enriquecimiento irregular y ha insistido en que las decisiones adoptadas respondían al interés estratégico y económico de España.

“Todo se hizo conforme a la ley”, ha sostenido en distintas ocasiones, negando cualquier implicación en cobros ilícitos.

 

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El caso se convirtió en una de las operaciones de exportación de armamento más controvertidas de la historia reciente española.

La combinación de un contrato multimillonario, un régimen cuestionado internacionalmente y la aparición de fondos en cuentas suizas configuró un escenario de alta tensión política y mediática.

A pesar del archivo judicial, la sombra de la sospecha persiste en el debate público.

La existencia de una comisión de 42 millones de euros, la utilización de estructuras opacas y la falta de claridad sobre el destino final de parte del dinero han alimentado una narrativa que sigue generando controversia más de dos décadas después del inicio de la operación.

En un contexto de creciente escrutinio sobre la transparencia en las relaciones internacionales y el comercio de armamento, el nombre de José Bono vuelve a situarse en el centro de la discusión.

Sin condenas firmes ni pruebas concluyentes en su contra, pero con una investigación que acreditó la existencia de una comisión millonaria, el episodio continúa siendo un capítulo incómodo en la historia política reciente de España y un símbolo de las complejas conexiones entre poder, negocios y diplomacia.