Así fue la infancia que marcó la creatividad y la vocación musical del líder de Hombres G

 

David Summers

 

Mucho antes de llenar estadios y convertirse en un ícono del pop español, David Summers (61 años) vivió una infancia marcada por la creatividad, la música y el arte.

Rodeado de cámaras, lienzos y un ambiente cultural único, su personalidad inquieta y curiosa se fue moldeando bajo la guía de un padre apasionado y poco convencional, cuyo impacto sería decisivo para su vocación musical.

“Mi padre nos decía que si cuando él llegara por la noche habíamos hecho algo propio y original, nos lo cambiaba por cinco duros o por un cochecito de juguete”, recuerda Summers, evocando los juegos que fomentaban la imaginación y la iniciativa.

Esos momentos no solo eran entretenimiento; eran lecciones de creatividad que moldearon su talento y su manera de entender la vida.

“Conmigo, en concreto, me vio una vena creativa desde muy niño y fue a saco: me ayudó muchísimo, me dio los mejores consejos… Lo que yo soy ahora se lo debo totalmente a él”, añade con emoción.

 

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El hogar de los Summers estaba lejos de ser convencional.

El padre de David, aunque ausente por largas jornadas laborales, aprovechaba su tiempo con sus hijos para enseñarles, motivarlos y compartir su mundo lleno de pasión.

“Era un tipo muy loco. Hacía lo que quería en cada momento. Era una virtud y también un defecto porque hacía lo que quería cayera quien cayera. Se le metía algo en la cabeza y lo ponía en pie y luchaba por ello con toda su ilusión”, relata Summers, destacando la influencia de esa libertad y audacia en su formación personal.

El boxeo también jugó un papel fundamental en su infancia.

Acompañar a su padre a entrenamientos y encuentros con boxeadores como Dum Dum Pacheco o Pedro Carrasco le permitió familiarizarse con un ambiente competitivo y disciplinado desde muy joven.

“Ya desde pequeño me acostumbré a ese ambiente y por eso creo que nunca le he dado tanta importancia a eso de ‘ser famoso’, porque para mí ha sido siempre una cosa muy natural”, explica.

Incluso hoy, el boxeo sigue siendo una afición que combina con la música, manteniendo vivo ese vínculo con su padre y con sus raíces.

 

David Summers

 

La música, sin embargo, se convirtió en la pasión que definiría su vida.

Summers recuerda cómo su interés se despertó tras un viaje a Torremolinos durante unas vacaciones familiares.

“Había ido a ver a mi abuelo y justo en esos días estaban poniendo la película de los Sex Pistols en un cine de verano.

Mi primo Curro me dijo: ‘Oye, vamos a ver la película de los Sex Pistols’, y fuimos esa noche”, rememora.

La experiencia fue reveladora: “Vi la película y a mí me cambió la vida… Yo salí del cine y dije: ‘Yo quiero ser un pistol’. Tenía 15 años, era un chavalín, año 79”.

Ese momento marcó el inicio de Hombres G.

“Volví a Madrid en septiembre y empecé a buscar gente para montar un grupo. Cogí a Javi, que era mi amigo, no tenía ni idea de tocar la batería, pero era mi amigo y yo lo quería tener conmigo en el grupo. Buscamos a otros dos más y conseguimos que nos prestaran instrumentos, y ahí empezamos a ensayar en un garaje”, recuerda Summers.

Aquellas primeras sesiones, improvisadas y llenas de entusiasmo, fueron la semilla de una de las bandas más influyentes del pop español.

 

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La influencia de su padre no se limitó a la creatividad.

También le transmitió valores como la pasión, la valentía y la independencia, que Summers ha aplicado a lo largo de toda su carrera.

“En todas las entrevistas, decía que era como un niño, que quería ser un niño toda la vida, y esa inconsciencia, ese atreverse a hacer cosas sin pensar en los riesgos… esa era su manera de ser, su filosofía de vida.

Era un tío absolutamente increíble y genial”, afirma el músico, evocando con cariño la impronta que marcó su niñez y su camino artístico.

Hoy, al mirar atrás, David Summers reconoce que su infancia rodeada de arte, música y libertad fue determinante.

Cada juego creativo, cada lección improvisada y cada experiencia compartida con su padre fueron piezas fundamentales para construir no solo a un músico, sino a un referente cultural capaz de conectar con varias generaciones.

La historia de Summers demuestra que detrás de cada estrella del pop hay raíces profundas de curiosidad, amor familiar y pasión por crear.