La vida de Clara Lago fuera de la pantalla: Crecer bajo los focos sin perder la infancia

Clara Lago (36 años) vuelve la vista atrás para recordar cómo fue crecer en Torrelodones mientras empezaba su carrera como actriz siendo apenas una niña. Pese al éxito temprano, la protagonista de Ocho apellidos vascos asegura que su entorno siempre la trató con normalidad: “En mi grupo de amigas nunca he sido Clara Lago, siempre he sido Clari”. Así fue la infancia de la actriz antes de convertirse en uno de los rostros más conocidos del cine español.
Torrelodones, el refugio de normalidad en la infancia de Clara Lago
El nombre de Clara Lago está ligado a algunos de los mayores éxitos recientes del cine español, pero la actriz guarda un recuerdo muy distinto de sus años de infancia. Antes de convertirse en un rostro popular, creció en Torrelodones, un entorno que, según explica para ‘El Imparcial’, le permitió mantener una vida completamente normal pese a empezar a trabajar en la interpretación siendo una niña. Este municipio de la sierra madrileña, tranquilo y alejado del ritmo de la capital, acompañado de su entorno familiar y profesional se encargó de que el éxito no cambiara demasiado su rutina cotidiana.

Para Lago, esa normalidad fue clave en su desarrollo personal: “Mis padres siempre han sido súper cuidadosos, me han apoyado mucho, pero intentando guiarme para que no perdiera de vista que era una niña y que tenía que seguir haciendo mis cosas de niña con mis amigas de toda la vida”, comentaba para el diario.
Una infancia marcada por la normalidad
Aunque la actriz comenzó a trabajar en televisión siendo muy joven, su familia intentó mantenerla alejada de la presión mediática. Según cuenta, el objetivo siempre fue que pudiera seguir creciendo como cualquier otra niña. “Creo que todo para mí han sido pros”, afirma al analizar aquella etapa con perspectiva.
En su caso, la clave fue que el proceso se desarrolló de forma progresiva. Su representante, Antonio Rubial, la acompañó desde el inicio de su carrera procurando que no se produjera una exposición excesiva que pudiera alterar su vida cotidiana.
Ese equilibrio permitió que Clara Lago siguiera actuando como cualquier niña de su edad, yendo al colegio, estudiando y compartiendo su tiempo con sus amigas, sin sentir que el trabajo como actriz la apartaba de su vida personal.

El miedo a perder la vida de niña
Aun así, la actriz reconoce que siendo muy joven era consciente de que la fama podía alterar su entorno. Cuando fue nominada al Goya a mejor actriz revelación con solo 12 años por El viaje de Carol, llegó incluso a temer que la exposición pública invadiera su vida diaria. “Me aterrorizaba que los periodistas aparecieran cuando estuviera en clase de baile con mis amigas”, recuerda.
Ese temor tenía que ver con lo que había visto en otros compañeros. Clara Lago menciona el caso de Juan José Ballesta, con quien trabajó en la misma película y que vivió una exposición mediática mucho más intensa tras el éxito de El Bola.
Según explica, en situaciones así es fácil que se pierda el equilibrio entre la vida personal y la carrera profesional cuando se trata de niños.
Su personaje fuera de la gran pantalla
Clara Lago saltó definitivamente a la popularidad muy joven, pero asegura que nunca dejó de sentirse parte de su entorno habitual. Crecer en Torrelodones, alejado del ruido mediático de las grandes ciudades contribuyó a que esa etapa fuera más llevadera.
El apoyo de sus padres fue fundamental para que no perdiera de vista quién era fuera del trabajo. De hecho, la actriz insiste en que su identidad personal siempre estuvo separada del personaje público.

Por eso recuerda con cariño cómo la llamaban en su círculo más cercano: “En mi grupo de amigas siempre he sido Clari”. Aunque para el resto del mundo su nombre empezaba a aparecer en los créditos del cine español, en Torrelodones podía seguir siendo simplemente Clari, una chica más del grupo, con una vida normal y un círculo cercano que la recuerda de dónde viene y quién es cuando se apaga la cámara.
La misma de siempre
Con el paso del tiempo, Clara Lago ha consolidado su carrera en cine, televisión y teatro. Películas como Ocho apellidos vascos la convirtieron en una de las actrices más populares de su generación, pero su relación con la profesión sigue marcada por la misma naturalidad con la que empezó.
Hoy, cuando mira atrás, reconoce que haber comenzado tan joven tuvo más ventajas que inconvenientes. Aprendió el oficio desde pequeña y, gracias a su entorno, pudo hacerlo sin renunciar a una infancia normal.
Una experiencia que, según ella misma explica, fue posible gracias al cuidado de quienes la rodeaban y al hecho de crecer en un lugar donde la fama nunca fue lo más importante.

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