Jóvenes en China pagan por ocupar oficinas y simular un empleo real
La presión social y familiar impulsa a muchos recién graduados a participar en esta práctica

 

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En varias ciudades de China como Shenzhen, Beijing, Shanghai y Chengdu, ha surgido un fenómeno poco convencional: jóvenes adultos, muchos de ellos recién graduados o desempleados, están pagando por día para ocupar espacios de oficina donde pueden sentarse en un escritorio, usar Wi‑Fi, tomar café e incluso almorzar, mientras simulan tener un empleo profesional como si trabajaran de 9 h a 18 h.

La razón detrás de esta curiosa práctica va más allá de lo anecdótico.

Con una tasa de desempleo juvenil que ha superado el 14 % en años recientes, muchos jóvenes se enfrentan a una realidad laboral complicada y a una fuerte presión social y familiar para demostrar que “tienen trabajo”.

El mercado laboral real es competitivo y, para algunos, la solución ha sido acudir a estas oficinas ficticias, donde por unos pocos dólares al día pueden crear la apariencia de estar empleados.

Chen Yingjian, uno de los emprendedores que lidera este tipo de negocio en Hangzhou, comenta que la idea se basa en proporcionar “no sólo un espacio, sino un entorno donde los asistentes puedan sentirse parte de una rutina profesional”, incluyendo entrevistas simuladas y normas como “no fumar en la oficina”.

 

Jóvenes en China pagan para ir a una oficina y simular que trabajan: “La  dignidad de no sentirte inútil" | LRTMAE | Mundo | La República

 

Para muchas personas, estas oficinas funcionan como algo más que un simple escenario: ofrecen estructura, disciplina y compañía, elementos que pueden motivar a quienes han perdido la rutina diaria tras quedarse sin empleo.

Shui Zhou, un asistente de 30 años, relata que desde que paga por ir a una oficina cada día ha mejorado su estado de ánimo: “Se siente como trabajar juntos con un grupo”, compartió, destacando el valor de la interacción social en un entorno que de otra forma estaría vacío.

Aunque algunos críticos señalan que este tipo de espacios podrían convertirse en una forma de evitar enfrentar la búsqueda de empleo real, muchos de los asistentes también los utilizan para buscar oportunidades laborales verdaderas, trabajar en proyectos personales o prepararse para exámenes competitivos.

La tendencia refleja un fenómeno social complejo en China: la relación entre empleo, identidad y expectativas familiares.

Aquí, tener un trabajo no solo implica un salario, sino también una demostración de estabilidad y éxito ante padres, parientes y la comunidad.

Frente a esta presión, el concepto de pagar por “simular” un empleo se ha convertido en una respuesta creativa —aunque inusual— a desafíos económicos que enfrentan millones de jóvenes chinos.

 

Por qué jóvenes en China pagan para ir a oficinas y fingir que trabajan

 

Estas oficinas suelen ofrecer extras como computadoras con internet, espacios de reunión y servicios adicionales, lo que ha llevado a algunos asistentes a dedicar tiempo allí para desarrollar ideas propias o avanzar en emprendimientos digitales, aprovechando la infraestructura disponible mientras buscan su lugar en el mercado laboral real.

El fenómeno ha generado amplio debate, tanto en redes sociales como entre expertos, sobre si esta práctica es simplemente una forma de escapar de la vergüenza del desempleo o si representa una etapa intermedia de transición para muchos jóvenes ante un mercado laboral difícil y un futuro profesional incierto.

En medio de estas oficinas donde se finge trabajar, algunos jóvenes han encontrado una comunidad y una rutina diaria que de otra manera les sería difícil mantener, destacando tanto el valor psicológico de sentirse activos como los retos que enfrentan los nuevos graduados en el entorno económico actual.

Este curioso desarrollo social en China refleja cómo, frente a la falta de oportunidades laborales convencionales, las nuevas generaciones buscan alternativas para mantener una sensación de propósito, estructura y pertenencia, incluso si eso implica pagar por un empleo que, en realidad, solo existe como apariencia.

 

La razón por la que muchos jóvenes en China pagan para ir a una oficina y  fingir que trabajan