Carmen Maura, nacida en 1945 en Madrid, perdió la custodia de sus dos hijos durante más de 12 años tras separarse en una España sin ley de divorcio, enfrentándose a un sistema que cuestionaba su profesión como actriz

 

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En un ático del madrileño barrio de Chamberí, donde nació en 1945, Carmen Maura vive hoy a sus 80 años con una serenidad conquistada a base de golpes.

“Mi casa es sagrada”, ha dicho con firmeza, una frase que resume no solo su presente, sino el largo camino de dolor y resistencia que ha definido su vida.

Lejos de cualquier imagen superficial, su historia revela a una mujer que sobrevivió a pérdidas personales devastadoras mientras construía una de las carreras más sólidas del cine europeo.

Nacida como María del Carmen García y Maura, creció en el seno de una familia aristocrática y conservadora, vinculada a figuras influyentes de la política y la cultura española.

Su destino parecía trazado: matrimonio, hijos y discreción. Y así comenzó.

Muy joven se casó con el abogado Francisco Forteza Pujol, con quien tuvo dos hijos, Carmen y Pablo.

Pero el guion de su vida dio un giro cuando decidió seguir una vocación que ardía en su interior: la interpretación.

 

Carmen Maura: el marido que le quitó sus hijos el que la arruinó

 

Aquella decisión tuvo un costo altísimo.

En la España de los años 70, sin ley de divorcio y bajo un contexto social profundamente restrictivo, separarse era ya un escándalo.

Pero querer ser actriz fue considerado casi un acto de rebeldía imperdonable.

Su entonces marido utilizó su influencia para arrebatarle la custodia de sus hijos.

“Sufrí muchísimo cuando me los quitaron”, recordaría años después.

Durante más de una década, Maura luchó en tribunales por recuperarlos, enfrentándose a un sistema que la juzgaba por su profesión y no por su capacidad como madre.

“Eran míos y les quería mucho… o te mueres o sigues”, confesó, describiendo el momento en que decidió sobrevivir pese al dolor.

Durante 12 años vivió separada de ellos, viendo apenas a su hijo en ocasiones contadas y pasando años sin contacto con su hija.

La distancia no fue solo emocional: sus hijos fueron llevados lejos, y su relación con ellos estuvo vigilada y condicionada.

Mientras su vida personal se desmoronaba, su carrera despegaba con una fuerza imparable.

El encuentro con Pedro Almodóvar a finales de los años 70 marcó un antes y un después.

Juntos crearon algunas de las películas más emblemáticas del cine español.

“Tenía una imaginación increíble”, recordaba ella sobre aquellos primeros años.

Películas como ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o Mujeres al borde de un ataque de nervios la consagraron como una actriz de enorme versatilidad y magnetismo.

 

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Sin embargo, el éxito no estuvo exento de conflictos.

Durante el rodaje de Mujeres al borde de un ataque de nervios, Maura vivió una de las experiencias más duras de su carrera.

“Es la única vez que pensé en dejar de ser actriz”, confesó.

Tras el estreno, la relación con Almodóvar se rompió abruptamente, marcando un distanciamiento de casi dos décadas.

A esa fractura profesional se sumó otro golpe devastador en su vida personal.

Durante años, confió la gestión de sus finanzas a su pareja, Antonio Moreno Rubio.

La traición fue total.

“Después de 13 años, me entero de que lo tenía todo hipotecado”, relató.

La dejó con una deuda millonaria y sus propiedades embargadas.

“Uno me quitó los niños y el otro todo el dinero”, resumió con crudeza.

Lejos de hundirse, Carmen Maura encontró en su profesión su tabla de salvación.

“Mis funciones eran la única cosa del mundo que me hacía feliz”, afirmó.

Nunca dejó de trabajar.

Su talento la llevó a colaborar con directores de renombre internacional y a construir una sólida carrera en Francia, donde incluso ganó un premio César.

También consolidó una nueva etapa creativa junto a Álex de la Iglesia, con quien encontró complicidad y respeto.

El reencuentro con Almodóvar llegó en 2006 con la película Volver, pero no significó una reconciliación duradera.

“Nos tomamos un café para volver, rodé y ya está”, dijo con claridad, dejando entrever que algunas heridas no se cierran del todo.

 

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Con el tiempo, sus hijos regresaron a su vida.

El reencuentro con su hija, tras años de separación, fue uno de los momentos más intensos de su historia.

“Un día se presentó en el teatro… y nos fuimos a cenar”, recordó.

Hoy mantiene relación con ambos, aunque con la discreción que siempre ha querido preservar.

A sus 80 años, Carmen Maura sigue activa, trabajando con una energía que desafía cualquier estereotipo.

Ha participado en más de 150 producciones y ha recibido algunos de los premios más importantes del cine europeo.

Pero más allá de los galardones, su legado es el de una mujer que se reconstruyó a sí misma una y otra vez.

“Nadie me manda y nadie me va a obligar a nada”, declaró recientemente.

Vive sola, por elección, y sin intención de cambiarlo.

“Novio, ni loca”, ha dicho sin rodeos.

Su visión de la vida es clara: libertad, autenticidad y aceptación del paso del tiempo.

“Es genial lo de hacerte mayor, si lo aceptas”.

Carmen Maura no es solo una actriz icónica; es el reflejo de una vida atravesada por el dolor, la lucha y la resiliencia.

Una mujer que lo perdió todo y, aun así, decidió seguir adelante hasta convertir su historia en una lección de fuerza imposible de ignorar.

 

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