La bajada del nivel del río Tigris en 2018 permitió el redescubrimiento de Sakiko, una ciudad de la Edad de Bronce perteneciente al imperio mitani que había permanecido sumergida durante décadas.

 

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Los veranos en el Medio Oriente son tan intensos que transforman drásticamente el paisaje, revelando secretos que han permanecido ocultos durante siglos.

Esto fue exactamente lo que ocurrió en 2018, cuando el agua del río Tigris retrocedió, desenterrando una ciudad construida por un imperio misterioso.

Arqueólogos de todo el mundo se apresuraron a excavar el sitio, ansiosos por descubrir la historia que yacía bajo la superficie.

“¡No podemos dejar pasar esta oportunidad!” exclamó uno de los arqueólogos al llegar al lugar.

Creían haber encontrado la antigua ciudad de Sakiko, un asentamiento que data de la Edad de Bronce y que había estado completamente sumergido desde los años 80, cuando se construyó una presa en la región.

Sakiko había sido un bullicioso centro comercial del imperio mitani, famoso por su acceso a agua, un recurso raro en la zona.

Los investigadores estaban emocionados.

“Nunca habíamos tenido la oportunidad de estudiar un sitio tan bien conservado,” dijo un arqueólogo mientras inspeccionaba las estructuras que emergían del barro.

Los hallazgos incluían un palacio destinado al gobernante, fortificaciones defensivas y un enorme almacén público que contenía bienes de comercio y cosechas.

“Montones de trigo y cebada han sido encontrados aquí.

Esto nos da una idea de la dieta de la población,” añadió un experto en nutrición histórica.

Cada hogar en Sakiko criaba ovejas, cabras, vacas y cerdos, lo que aseguraba una fuente constante de leche y carne.

“El pan era el alimento básico, y también disfrutaban de grandes ollas de sopas y guisos de vegetales,” comentó un arqueólogo, mientras examinaba utensilios de cocina antiguos.

 

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Las construcciones, hechas de ladrillos de barro moldeados, estaban tan bien conservadas que parecían haber sido sumergidas ayer.

El palacio real se destacaba por su tamaño y sus gruesas paredes, que incluían pavimentos tratados para ser impermeables.

“El rey debió haber tenido buenas relaciones con el emperador del que dependía Sakiko,” reflexionó un historiador.

Los comerciantes de la ciudad recolectaban madera de los bosques en las montañas cercanas, transportándola por el Tigris.

“Era un centro de comercio próspero durante seis siglos,” explicó un arqueólogo, “hasta que un potente terremoto en 1350 cambió todo.”

En el transcurso de la excavación, se encontraron cinco vasijas de cerámica que contenían centenares de tablillas de arcilla.

“Es casi un milagro que hayan sobrevivido bajo el agua durante tanto tiempo,” dijo un especialista en escritura cuneiforme.

Las tablillas, que contenían notas sobre cosechas y comunicaciones con otros reinos, ofrecen una visión única de la vida cotidiana en Sakiko.

“Los escribas debían aprender un idioma diferente para que todos pudieran leer sus mensajes,” añadió el arqueólogo.

“Esperamos descifrar estas notas para comprender mejor la historia de Sakiko y el imperio mitani.”

 

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Sin embargo, el daño causado por el terremoto fue devastador.

“Fue imposible restaurar Sakiko a su antigua gloria,” lamentó un investigador.

Los asirios, que también habitaban Mesopotamia, se asentaron en la región, construyendo sus casas sobre las ruinas de la ciudad abandonada.

“Usaron las estructuras que encontraron como paredes exteriores, pero solo permanecieron aquí durante 50 años,” explicó un arqueólogo local.

A medida que el agua volvió a cubrir la ciudad, los arqueólogos tuvieron que sellar las ruinas con láminas de plástico y piedras.

“Esperamos que esto proteja el sitio de la erosión,” afirmó un miembro del equipo.

“Si el agua vuelve a retroceder, continuaremos nuestras excavaciones.”

La historia de Sakiko no es única.

A lo largo de la historia, otras civilizaciones han sido descubiertas en condiciones similares.

“Este es un recordatorio de que la naturaleza puede revelar secretos del pasado,” concluyó un arqueólogo, mientras observaba el horizonte del desierto que una vez albergó una próspera comunidad.

Así, el río Tigris, con su flujo incesante, sigue siendo un testigo silencioso de las historias de aquellos que vivieron a sus orillas.

Cada descubrimiento es una ventana al pasado, un puente entre las civilizaciones que han dejado su huella en la historia.

 

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